Ceuta ha vuelto a convertirse en un termómetro de la tensión política y social que rodea a la inmigración y el uso partidista del conflicto en redes. La ciudad autónoma, marcada estos días por una crisis migratoria muy sensible, recibió este fin de semana la visita de Alvise Pérez y el agitador Vito Quiles, en paralelo a una convocatoria de Núcleo Nacional que acabó topándose con una fuerte respuesta vecinal, especialmente de ciudadanos ceutíes de origen marroquí.
El episodio, más allá del ruido, deja una escena muy reconocible de la política contemporánea. En ella, activistas y dirigentes que se mueven bien en la lógica de la confrontación digital, buscan la imagen de choque, mientras a su alrededor se acumulan cámaras, redes sociales, contramanifestaciones y una ciudad cansada de ser convertida en escenario. Ceuta no fue una excepción. De hecho, fue el ejemplo más claro de cómo la calle puede dejar de ser un debate político para convertirse en un escaparate.
Qué pasó exactamente
Los hechos se desarrollaron en torno a una concentración convocada en la plaza de los Reyes. A la presencia de Alvise Pérez y Vito Quiles se sumó la de Núcleo Nacional, que también había llamado a movilizarse en el mismo entorno. La Policía Nacional intervino para evitar incidentes, escoltó a varios participantes y terminó evacuando a Alvise en un furgón policial.
Además, el bar donde estaba Alvise antes del acto ya había recibido increpaciones, y que la tensión fue en aumento conforme crecían las contramanifestaciones. En paralelo, ceutíes de origen marroquí salieron a defender la convivencia. Y con ello, a rechazar lo que consideraban un intento de importar a la ciudad un conflicto ideológico ajeno a su vida diaria.
Rubén Gisbert, por su parte, publicó mensajes y un vídeo convocando a acudir a Ceuta el 2 de agosto bajo el lema "Toda España es Ceuta", con un discurso muy duro sobre la crisis y llamamientos explícitos a desplazarse a la ciudad. Además, en sus redes sociales publicó un vídeo en el que se le veía aterrizando allí con un mensaje alentando a acudir a la ciudad autónoma para "evaluar la situación antes de la concentración"
Ceuta, de nuevo en el centro
La jornada del sábado terminó con Alvise Pérez evacuado por la Policía Nacional desde la zona de la plaza de los Reyes. Desde allí fue escoltado hasta el puerto ante la presión de los contramanifestantes. Vito Quiles estuvo con él en distintos momentos de la visita. Mientras, Núcleo Nacional también veía cómo su convocatoria era contestada por vecinos y colectivos que defendían la convivencia en la ciudad.
La protesta no fue solo una reacción espontánea de rechazo a una presencia incómoda. También fue una respuesta política y social a un relato que muchos ceutíes perciben como ajeno a su realidad cotidiana. En la calle se escucharon consignas como "Ceuta unida, no dividida" y también mensajes dirigidos contra los convocantes, en un clima que obligó a despliegue policial y a evacuaciones preventivas.
La estrategia del choque
Alvise Pérez ha construido buena parte de su presencia pública sobre la confrontación permanente, la hiperexposición en redes y la explotación de temas que generan indignación inmediata. Vito Quiles se mueve en una lógica similar, más cercana al activismo audiovisual y a la provocación mediática que al periodismo convencional. Y Núcleo Nacional representa directamente el extremo ideológico de esa misma escena, con un discurso duro sobre migración, fronteras y orden público.
En Ceuta, esa suma explotó. La ciudad estaba ya bajo una enorme presión por la situación fronteriza y por el debate sobre la llegada de migrantes desde Marruecos. En ese contexto, la visita de estos actores políticos y pseudo mediáticos fue percibida por buena parte de la población como una provocación diseñada para obtener imágenes, alimentar discursos y ganar visibilidad en redes a costa de una situación ya delicada.
El poder de los 'likes'
Lo que ocurrió en Ceuta ilustra una tendencia cada vez más visible, el incentivo político ya no es solo convencer, sino provocar. En el ecosistema digital, una confrontación filmada, una bronca, un "fuera" coreado o una escolta policial pueden funcionar como combustible para vídeos, clips y titulares. El problema es que, cuando la acción política se diseña para el algoritmo, la realidad local queda reducida a decorado.
Ahí está el fondo del asunto, la "rentabilidad" de una visita no se mide por su utilidad pública, sino por su rendimiento en forma de atención. Por eso escenas como la de Ceuta acaban pareciendo más una batalla por la monetización emocional que un debate serio sobre inmigración, seguridad o convivencia. Y por eso también la reacción de los vecinos fue tan contundente. Muchos entendieron que no se estaba debatiendo sobre la ciudad, sino utilizando la ciudad.
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