La ola de incendios forestales que azota la península en pleno mes de agosto tiene en Andalucía su punto más crítico. El fuego declarado el pasado jueves en Niebla, en la provincia de Huelva, continúa fuera de control y sin capacidad de ser extinguido tras cumplir su cuarta jornada activo. La masa forestal afectada supera ya las 20.000 hectáreas de eucaliptal, dehesa y pinar, impulsada por un comportamiento impredecible del viento del suroeste y por violentos fenómenos convectivos. Esta complejidad meteorológica genera focos secundarios a varios kilómetros de distancia que terminan uniéndose a la cabeza del incendio, provocando un avance a velocidad desorbitada y sin dar tregua a los brigadistas.
El consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, ha advertido desde el Puesto de Mando Avanzado de que el dispositivo se enfrenta a una carrera de fondo con obstáculos cada vez más difíciles y sin ventanas de oportunidad en el plano meteorológico. Ante la virulencia de las llamas, la prioridad absoluta sigue siendo la seguridad de los vecinos. Tras ordenarse el alejamiento preventivo de las aldeas onubenses de Las Delgadas y Monte Sorromero, así como del núcleo principal de El Madroño en Sevilla y sus cuatro pedanías, la cifra global de personas evacuadas de sus viviendas supera ya las 700. Las autoridades insisten en que estas medidas son instrucciones de obligado cumplimiento para evitar pérdidas humanas.
Clamor por un cambio en la gestión forestal
Sobre el terreno operan más de 600 efectivos por tierra, apoyados por 169 medios terrestres, 26 medios aéreos y 12 buldóceres. El operativo, que engloba a personal del Infoca, la Unidad Militar de Emergencias, el Consorcio Provincial de Bomberos y la BRIF de La Iglesuela, concentra sus mayores esfuerzos en el flanco norte, el sureste y la cabeza del fuego, intentando confinar el sector entre El Pozuelo, Marigenta y El Berrocal mediante quemas de ensanche y maquinaria pesada, además de mantener líneas de contingencia en carreteras comarcales.
La dimensión de la tragedia ha reactivado el debate político y ecologista. Organizaciones como WWF y Ecologistas en Acción reclaman un cambio urgente en la gestión forestal para eliminar las grandes masas abandonadas de eucalipto y sustituirlas por monte mediterráneo autóctono, mientras que sindicatos como UGT piden planes extraordinarios para aliviar el impacto económico rural.
Mientras Huelva vive sus horas más oscuras, el resto de la geografía española presenta un panorama desigual. En la Comunidad Valenciana, el incendio de Tírig, en Castellón, ha podido ser estabilizado tras calcinar 810 hectáreas y permitir el regreso de los vecinos a Catí, aunque la vigilancia se mantendrá estricta ante la previsión de fuertes rachas de viento. Por el contrario, en Aragón la situación se complica con el fuego de Peñas de Riglos, en Huesca, que roza las 1.100 hectáreas y ha forzado el desalojo preventivo de cuatro localidades. En Castilla y León persisten las evacuaciones en Los Ángeles de San Rafael y Vegas de Matute por el incendio de Navas de San Antonio en Segovia, al tiempo que se ha declarado el nivel uno de gravedad en Cifuentes de Rueda, en la provincia de León. Finalmente, en Extremadura, Murcia y Castilla-La Mancha, diversos focos en Navalmoral de la Mata, Moratalla y Malpica de Tajo han sido ya estabilizados o extinguidos por los medios de emergencia.
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