En plena hegemonía de los algoritmos y la conectividad permanente, los motores que mueven las grandes falacias sociales siguen respondiendo a impulsos ancestrales. El miedo a quedar desplazado y la necesidad de encajar en el grupo continúan articulando las mentiras compartidas. Bajo esta premisa, la compañía Els Joglars levanta el telón de la nueva temporada del Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa de Madrid con una adaptación de El retablo de las maravillas de Miguel de Cervantes.

PUBLICIDAD

Estrenado conceptualmente en 2004, este retablo revisitado bajo el subtítulo Variaciones contemporáneas sobre un tema de Cervantes regresa a las tablas con un texto renovado, nuevo diseño escénico y la colaboración del Teatro Cervantes de Málaga. El montaje, que permanecerá en la Sala Guirau desde este viernes hasta el 27 de septiembre, coincide con una efeméride de calado para la escena europea: los 65 años de trayectoria ininterrumpida de Els Joglars. Convertida en la formación privada en activo más longeva del continente, la agrupación suma ya 42 espectáculos a sus espaldas. Para conmemorar esta cifra, el proyecto vuelve a contar con la firma escénica de su fundador, Albert Boadella, quien firma la dramaturgia junto a Ramon Fontserè. Aunque el dramaturgo cedió la dirección oficial a Fontserè en 2012, la alianza entre ambos mantiene una continuidad ininterrumpida que ya quedó patente en producciones recientes como El rey que fue.

Para acompañar el paso del espectáculo por la capital dentro de una gira que contempla grandes estrenos en las 19 comunidades y ciudades autónomas, el pasaje del teatro acoge una exposición itinerante y gratuita. La muestra está compuesta por 36 plafones expositivos con material gráfico, textos y recursos audiovisuales que repasan la memoria de la compañía desde sus orígenes en 1961 hasta la actualidad, ofreciendo al público un recorrido detallado por las más de seis décadas de teatro impertinente.

La sátira de la verdad simulada

El punto de partida del nuevo espectáculo, interpretado por un elenco de siete actores encabezado por el propio Fontserè, Pilar Sáenz y Dolors Tuneu, se apoya en una convicción rotunda de Boadella: mientras la técnica evoluciona a un ritmo frenético, la naturaleza humana permanece prácticamente inalterada. El director advierte contra la "ilusoria sensación de superioridad sobre el pasado" que padece la sociedad actual, recordando que un ciudadano de la Roma de Augusto apenas tardaría unos minutos en asimilar el uso de un ordenador o un dispositivo digital. Desde ese prisma, el entremés cervantino de 1615 mantiene una vigencia demoledora.

La pieza original narra las artimañas de dos embaucadores que ofrecen un espectáculo donde las figuras representadas solo pueden ser contempladas por quienes sean de sangre limpia –los llamados "cristianos viejos"– e hijos legítimos. Ante la amenaza de ser señalados por su comunidad o perder su estatus, las autoridades locales simulan ver lo inexistente para proteger su imagen pública. La mentira colectiva se sostiene hasta la irrupción de un soldado que, al constatar la nada con ingenuidad, es tachado de hereje por el propio pueblo con tal de no desarmar la ficción compartida.

La inquisición contemporánea

En la relectura propuesta por Els Joglars, la anécdota trasciende la picaresca para señalar el terror a la exclusión como herramienta de dominación social. Boadella subraya que para imponer una mentira las sociedades "no necesitan inquisidores visibles", ya que a menudo "basta la vigilancia horizontal del grupo" ejercida por el propio entorno para consolidar el engaño. A través de un espacio escénico conceptual ideado por Joana Martí que evapora los límites entre un museo de arte moderno, una cocina de alta gastronomía y una comunidad de almas perdidas, la obra demuestra que el engaño encuentra hoy nuevos canales de expansión.

El director artístico del Fernán Gómez, Juan Carlos Pérez de la Fuente (en el centro), rodeado de Dolors Tuneu, Albert Boadella, Ramon Fontserè y Bruno López-Linares, este jueves durante la presentación de 'El retablo de las maravillas' de Els Joglars. | Borja Sanchez-Trillo / EFE

La función traza así un paralelismo directo con la proliferación de "pillos, farsantes y estafadores" que campan "a sus anchas disfrazados de gurús" desde puestos clave de la política, las finanzas o la cultura. El regreso de Els Joglars a un escenario de gestión pública madrileño como el Fernán Gómez se produce tras haber tenido que recurrir a la red privada o afrontar cancelaciones en diversos circuitos autonómicos. A pesar de los vaivenes políticos e institucionales que han marcado su historia reciente, la compañía afronta sus 65 años reivindicando el oficio de cómico y la poesía del teatro artesanal frente a cualquier forma de sofisma contemporáneo.