Hay una segunda vida para algunos grandes narcotraficantes. Después de años dedicados a introducir cocaína en Europa, algunos de los actores más relevantes del crimen organizado están cambiando de negocio: dejan en un segundo plano el transporte de la droga y pasan a prestar a otros delincuentes los servicios que necesitan para mantenerlo en marcha. Financian cargamentos, mueven dinero, convierten criptomonedas en efectivo, crean sociedades, facilitan cuentas y blanquean beneficios.

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El salto es del narcotraficante al "banquero" del narcotráfico. Un negocio que, según explican fuentes policiales a El Independiente, permite asumir menos riesgos y obtener mayores beneficios que participar directamente en el traslado de la droga.

Ese es precisamente el corazón de la macrooperación desarrollada por la Policía Nacional contra la estructura financiera de grandes organizaciones dedicadas al tráfico internacional de cocaína. La investigación ha permitido golpear una red clandestina conocida como "Banca de Dubái", una suerte de sistema financiero paralelo al servicio de organizaciones criminales de distintos países.

3,5 toneladas de cocaína que llevan a la banca de Dubái

La operación, coordinada por la Fiscalía Especial Antidroga y desarrollada en colaboración con cuerpos policiales internacionales, se inició en 2021 a raíz de la intervención del buque Nehir, interceptado con 1.835 kilos de cocaína. El barco terminó hundiéndose frente a Gijón y, posteriormente, los investigadores recuperaron otros 1.650 kilos que habían permanecido ocultos en la embarcación y que fueron recuperados por miembros de la organización criminal. En total, alrededor de 3,5 toneladas de cocaína habían sido cargadas originalmente en Sudamérica.

Pero la investigación del Nehir permitió llegar mucho más lejos que hasta los responsables del transporte. Tirando del hilo del dinero, los agentes llegaron a quienes financiaban las operaciones de otros narcotraficantes. Y ahí apareció la "Banca de Dubái".

El "crimen al servicio del crimen"

El cambio es sustancial. El traficante tradicional necesita organizar el transporte, asumir el riesgo de que el cargamento sea interceptado y enfrentarse a las consecuencias de una operación fallida. El financiador puede permanecer varios escalones por encima. Su mercancía ya no es necesariamente la cocaína. Es el dinero que permite comprarla, transportarla y colocarla en el mercado.

Los investigadores explican que estas estructuras funcionan bajo una lógica de "crimen como servicio del crimen". Las organizaciones que necesitan financiación acuden a intermediarios especializados dependiendo del lugar en el que necesitan disponer de fondos. El dinero puede entrar en un país y ser compensado en otro, sin que sea necesario trasladar físicamente grandes cantidades de efectivo a través de las fronteras.

Es una infraestructura financiera construida para que el narcotráfico pueda funcionar. "Sin esta financiación, estos cargamentos no podrían ser movidos de un país a otro", explican los investigadores. Los intermediarios cobran por el servicio. Las comisiones pueden oscilar aproximadamente entre el 1,5% y el 10%-15%, dependiendo de factores como el país, las garantías o el nivel de confianza entre las partes. No existe una tarifa fija ya que el precio depende de la operación y del riesgo.

A cambio, la organización criminal puede acceder a efectivo, criptomonedas, sociedades, cuentas bancarias, cheques de empresa o inversiones inmobiliarias. La banca clandestina no solo mueve dinero, ofrece las herramientas necesarias para hacerlo desaparecer y volver a introducirlo en el circuito económico.

Más de 1.000 bitcoins para financiar el Nehir

Una de las claves de la investigación fue precisamente seguir el rastro de las criptomonedas. Los agentes identificaron más de 1.000 bitcoins, valorados entonces en alrededor de 15 millones de euros, vinculados al pago de la financiación del cargamento del Nehir. El análisis de la cadena de bloques y de las comunicaciones cifradas permitió reconstruir el recorrido de ese dinero y conectar la operación de narcotráfico con la estructura financiera que estaba detrás.

Para ello fue fundamental la cooperación internacional y el trabajo de expertos especializados en criptomonedas. Europol y otros organismos internacionales participaron en las pesquisas, junto a policías de Países Bajos, Bélgica, Estados Unidos, Reino Unido y Escocia.

El resultado es la radiografía de un negocio criminal que ha evolucionado al mismo ritmo que las herramientas financieras legales: efectivo, transferencias, sociedades, inmuebles y criptomonedas conviven en una misma estructura diseñada para financiar el narcotráfico y blanquear sus beneficios.

Europol ha situado esta operación precisamente dentro del fenómeno denominado "crime as a service": delincuentes especializados que ponen sus conocimientos y sus infraestructuras a disposición de otras organizaciones criminales. Es decir, un narcotraficante puede convertirse en proveedor de otros narcotraficantes. Y cuanto más sofisticada es la estructura, más se distancia quien obtiene el beneficio de quien termina con la droga en una embarcación.

Los «ases» del narcotráfico

La investigación no se ha limitado a seguir cuentas y criptomonedas. También ha permitido identificar a algunos de los principales actores que se movían alrededor de esta estructura. Entre ellos figura Carlos Humberto Arango Castaño, conocido como "Poker Face" o "Burger King", señalado como enlace con proveedores y organizaciones de narcotráfico de origen colombiano.

También aparece Alejandro Salgado Vega, "El Tigre", considerado por los investigadores uno de los principales objetivos del narcotráfico en España y actualmente fugado. Su nombre aparece relacionado con distintas investigaciones y operaciones contra el tráfico de estupefacientes. Otro de los implicados es Jonas Falk, conocido en Suecia como el "Pablo Escobar de Suecia", actualmente en prisión en ese país y relacionado con anteriores investigaciones por narcotráfico y otros delitos.

Y aparece también Perikles, alias "Peri", vinculado a operaciones de tráfico de drogas y blanqueo y a una estructura patrimonial con inversiones inmobiliarias en Dubái. La Policía ha detenido a 21 personas, 14 de ellas en España. Además, se han emitido órdenes internacionales de detención, de las que siete ya han sido ejecutadas en Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Países Bajos y Suecia.

Entre los arrestados hay dos de los intermediarios financieros de la estructura: uno fue localizado en Marbella y otro en Dubái. Otros cuatro brokers permanecen pendientes de detención. El principal responsable de esta estructura figura además entre los delincuentes más buscados en Europa.

Dubái, la «jaula de oro»

Y es precisamente Dubái uno de los elementos que explican la dimensión internacional de la red. La ciudad se había convertido en uno de los puntos de refugio y actividad para estos delincuentes. Allí podían vivir, invertir, mover patrimonio y mantener relaciones con otras organizaciones criminales mientras permanecían alejados de los países donde se desarrollaban las operaciones de narcotráfico. "Dubái ha sido una jaula de oro para toda esa estructura criminal", señalan fuentes cercanas a la investigación.

La cooperación de Emiratos Árabes Unidos, admiten, "no ha sido todo lo activa que nos gustaría", aunque consideran que está mejorando y confían en que ese engranaje internacional permita reducir progresivamente la capacidad de estos delincuentes para utilizar el país como refugio. Porque el dinero constituye precisamente el punto débil y, al mismo tiempo, el motor del sistema.

Más de 20 millones de euros bloqueados

La operación ha permitido identificar o bloquear bienes por un valor superior a 20 millones de euros. Los investigadores han localizado 48 propiedades, valoradas en más de 14 millones; 76 vehículos, por encima de 1,6 millones; y 121 cuentas bancarias, que acumulaban en el momento de la intervención unos 2,3 millones de euros. A ello se suman más de 39.000 euros en efectivo, relojes y joyas valorados en unos 250.000 euros y bolsos de lujo por otros 260.000.

El patrimonio permite visualizar la otra cara del negocio. El narcotráfico necesita cocaína para generar beneficios, pero necesita después una infraestructura financiera capaz de hacer circular esos beneficios sin levantar sospechas. Y ahí aparece la segunda vida de los grandes traficantes. Ya no tienen necesariamente que estar en un puerto esperando un contenedor. Pueden estar detrás de una sociedad, de una operación inmobiliaria o de una transferencia en criptomonedas. Pueden financiar un cargamento sin tocar un solo kilo de cocaína. La Policía sostiene que esta evolución responde a una lógica sencilla: asumir menos riesgos y ganar más dinero.

El antiguo traficante se convierte así en intermediario, financiador y proveedor de servicios para otros grupos. Su negocio deja de ser transportar la droga y pasa a ser hacer posible que otros puedan transportarla.