La Puerta del Sol parace que ha viajado al pasado; tiendas de campaña, toldos sobre la plaza, cartelería por todas partes, talleres, yoga y mucha “autogestión” y “poder popular”. La acampada que desde el sábado se ha instalado en la céntrica plaza madrileña se parece al 15-M; una movilización social que termina en el mismo sitio, tras una manifestación, pero no son iguales. De la misma forma que el 15-M no era igual que el campamento de Sintel que se instaló en 2001 en la castellana durante 187 días.
Tampoco son iguales los momentos políticos, aunque se parecen. Un gobierno de Zapatero al final de la legislatura con todas las encuestas disparando al PP, como ocurrió. Lo mismo hacen ahora las encuestas, alzan al PP y a Vox. La diferencia radica en que Zapatero en 2011 no podía atender las peticiones del 15-M de “una democracia real” tras sus recortes y un país hundido en la recesión. Pero Pedro Sánchez tiene unas demandas concretas de los manifestantes, el Decreto Maricarmen, que -igualmente- tiene un difícil concreción por parte del Ejecutivo.
El sindicato tiene claras su líneas rojas: “Los alquileres indefinidos y la congelación de subidas. Todas las demás acciones o leyes no limitan el hecho de que mañana reciba un burofax y me desahucien de mi casa, aunque pague religiosamente, o que me quieran hacer una subida muy superior a mis posibilidades y no pueda cubrirla”, afirma Rufina Parra, una de las portavoces del Sindicato de inquilinas.
Esta precisión en las reclamaciones no existía en el 15-M de 2011. Así que si el Consejo de Ministros no sale con soluciones para sus demandas es posible que la acampada se alargue, si bien nadie lo asegura.
Para Parra hay dos diferencias importantes respecto a la acampada del 15-M. “Por un lado, todo esto parte de una organización central, el sindicato, y luego se han sumado un montón de plataformas, más sindicatos de vivienda y organizaciones que defienden cosas como la educación. Otra diferencia respecto al 15M es que nosotros tenemos las cosas claras y sabemos cuál es nuestro foco: la vivienda como eje central de nuestra vida, de nuestra salud y de la educación de nuestros hijos. Esto no es el 15M, pero la gente se tiene que movilizar”, asegura la portavoz.
sabemos cuál es nuestro foco: la vivienda como eje central de nuestra vida, de nuestra salud y de la educación de nuestros hijos
En el campamento hay poca confianza en que el Gobierno sea capaz de satisfacer sus demandas. “La gente tiende a ser positiva y pensar que luchando se saldrá adelante, pero la verdad es que es complicado porque cada grupo político tiene su parecer. Espero que lleguen a un acuerdo con la izquierda de este país y se vean soluciones reales que nos ayuden a todos”, asegura Adela Bértolo. Esta gallega de 41 años vino a Madrid a pasar el finde y se topó con el movimiento y se ha quedado acampada en la Puerta del Sol.
Para Bértolo la mayoría de la gente que conoce en la acampada está muy sensibilizada políticamente, otra diferencia con el 15-M. “Por la gente que yo conozco, mucha gente que está aquí milita en algún que otro partido y van a ir a votar. No puedo hablar por todos, porque obviamente aquí somos muchos, y cada uno de su padre y su madre, pero por lo general por lo que se vio en las asambleas, la gente que está aquí es gente muy concienciada políticamente”, asevera la gallega.
El movimiento 15-M predicaba la apolítica y el anti bipartidismo, hasta entonces la alternancia PP y PSOE se había mantenido sólida. El sindicato no es una organización política, pero no es un movimiento improvisado, lleva años haciendo presión en la opinión pública y ha establecido relaciones con los partidos políticos.
Los mensajes en el campamentos se reparte entre el Gobierno y el PP de Madrid. Se refieren con retintín al "gobierno progresista" que incluye a formaciones que en teoría han secundado sus demandas. Si bien no hay gritos de "Pedro Sánchez hijo de puta" sí hay un cartel de “ciao japuta” contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a la que le acompaña José Luís Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, en los cánticos que le dedican a la presidenta y a "su ático".
La transversalidad que reclamaba el 15-M y explotó la nueva política de Podemos y Ciudadanos aquí está en las medidas concretas de las reclamaciones, pero hay posicionamiento en los guiños a partidos de izquierda y los mensajes antifascistas. Aquí ni se habla tanto de “los de arriba y los de abajo”, como se predicaba hace 15 años, ahora hay un nítida “lucha de clases”, como rezan los carteles.
Tiendas, talleres y asambleas
Con todas estas diferencias, quien se fije solo en las apariencias y se de un paseo por la Puerta del Sol verá que la estampa es idéntica. Las tiendas de Quechua, talleres de carteles, ejercicios de yoga y avisos para acampados “esto no es un botellón, recoge tu basura”.
Al color de la protesta se suman acaloradas discusiones de paseantes y curiosos que van deseando entablar discusiones. No se tarda ver en la plaza discusiones de vecinos, señores mayores principalmente, que ven necesario explicar a los acampados cómo se vivía con Franco, unas dicen que muy bien y otros que muy mal. También hay señores que necesitan compartir sus experiencias vitales con los jóvenes acampados.
Señores que aseguran que se desplomaron “a trabajar para hacerse con un piso” o que se hicieron hombres en la mili que “es lo que os falta a vosotros”. O que hablan a los acampados de las joyas de Zapatero. Pero las discusiones se calientan tan pronto como se disuelven, los alquileres abusivos, la necesidad de vivienda, toman el control de la conversación. Y todas las esperanzas apuntan a un decreto. “La vivienda está por las nubes, incluso alquilar habitaciones enanas, zulos es carísimo y y los requisitos que piden para hacerte con una habitación con dos meses por adelantado, nómina… muy complicado”, reflexiona la gallega acampada en Sol. “Creo que el decreto servirá algo, pero no mucho”, concluye.
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