El análisis de la flora intestinal y sus posibles aplicaciones terapéuticas constituyen uno de los sectores más prometedores de la investigación médica. Los transplantes fecales ya se utilizan para tratar enfermedades como la diarrea asociada a la bacteria Clostridium difficile, pero su potencial es mayor. En las últimas semanas, de hecho, el futuro de esta técnica se ha asociado a su posible utilización como estimulante del rendimiento deportivo. La pregunta ha adquirido relevancia tras la publicación en varios medios especializados de las investigaciones de la microbióloga americana Lauren Petersen: más allá de la sangre y la orina, ¿está el futuro del dopaje y su detección en las heces?

Petersen defiende que sí, y pone su caso como ejemplo. Ciclista de mountain bike desde los 14 años, durante su adolescencia también tuvo que combatir contra el estadio crónico de la enfermedad de Lyme, una de las principales afecciones transmitidas por las garrapatas. Su tratamiento se realiza a base de antibióticos y sus síntomas, diversos, corresponden principalmente a los de cualquier infección vírica: cansancio, malestar, dolor de cabeza, fiebres…

El cuadro clínico le impedía entrenar con normalidad, pero años más tarde, cuando mandó una muestra de sus heces para su análisis en el American Gut Project (AGT), que trata de dibujar el perfil microbiótico de los norteamericanos, descubrió el motivo. El uso continuado de antibióticos contra la enfermedad de Lyme había mermado la prevalencia de bacterias malas en su organismo, pero también de las buenas. “No tenía ni idea, durante los años de tratamiento, de que básicamente estaba destruyendo toda mi flora intestinal”, explicó Lauren a la revista The Scientist.

Petersen se autoadministró un transplante fecal de un ciclista de élite: ‘En dos meses era una persona nueva, no me cansaba’

Petersen decidió entonces, por su cuenta, que un transplante fecal sería la única manera de recuperar una flora intestinal sana. Eligió donante, pero tuvo que proceder con el transplante en su propia casa porque la legislación norteamericana sólo permite utilizar esta técnica para tratar la diarrea asociada a la c.difficile. “No es divertido, pero es bastante básico”, admite, recordando que el único coste fueron los seis euros del kit para enemas. “En dos meses era una persona nueva. No me cansaba. Podía entrenar intensamente tres días seguidos, sin problemas”, recuerda.

La bacteria ‘milagro’

Que su donante fuera un ciclista profesional le llevó a iniciar un estudio propio para poner datos a la sospecha. Tras analizar unas 35 muestras, afirma haber comprobado que un cierto tipo de bacteria (Prevotella) está presente casi en la totalidad de los ciclistas de élite analizados, mientras que en la población corriente, no deportista, su presencia está por debajo del 10%. La prevotella se asocia a la facilitación de la recuperación muscular, exactamente el mismo efecto que la mayoría de los productos dopantes conocidos actualmente. La pregunta, por tanto, surge ahí: ¿Será posible en un futuro próximo utilizar las heces y su transplante en la siempre en evolución industria del dopaje deportivo?

Borja Sánchez, científico del CSIC, cree que la utilización del transplante como potenciador del rendimiento es una posibilidad lejana

“Sí, claro”, responde Borja Sánchez García, uno de los mayores expertos en transplantes de flora intestinal en España, que aclara que está “relativamente bien documentado que la composición de la microbiota intestinal está directamente relacionada con parámetros que afectan a nuestro metabolismo, como son la eficiencia a la hora de asimilar los nutrientes de la dieta, la resistencia a la insulina o directamente con el hecho de ser obesos o delgados o de padecer síndrome metabólico”.

Sánchez, científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), adscrito al Instituto de Productos Lácteos de Asturias, cuestiona sin embargo la inmediatez de estos avances. “Existen estudios en ratones donde se ve claramente que cuando se trasplanta la microbiota intestinal de ratones obesos a delgados, también se transfiere la obesidad. Existe incluso el caso de una mujer que presentó una denuncia tras el incremento en su peso corporal asociado a un trasplante de microbiota”, glosa como ejemplo de las posibilidades de esta técnica, pero también como aviso: “Esto nos habla muy claramente de lo poco que conocemos los efectos a largo plazo del trasplante de microbiota, así como de las aportaciones individuales de cada uno de sus componentes”.

Dudas

Y en ese sentido, Sánchez arroja dudas sobre la identificación de la bacteria prevotella como predictor, o generador, del éxito deportivo. “No se trata sólo de que una mayor abundancia esté asociada a una mejor recuperación”, explica, “sino también de considerar todos los microorganismos que suben o bajan sus abundancias con ella… y sus interacciones”. “Hay que tener en cuenta que justamente la abundancia de microorganismos como prevotella está asociada a patologías autoinmunes e inflamatorias, lo cual complica un poco más la historia”, continúa.

El investigador del CSIC se expresa en la misma línea que el microbiólogo Jonathan Eisen, profesor en la Universidad de California Davis y citado la pasada semana por el Washington Post: “El hecho de que la flora sea distinta en atletas de élite y en la gente normal es interesante, pero no significa que sea eso lo que cause los beneficios en el rendimiento deportivo”. E iba más allá: “No hay manera de demostrar, sin un estudio clínico, que el transplante fecal mejoró su rendimiento. Cuando realizas un estudio médico, la mejor manera de hacerlo es si el paciente no sabe el tratamiento que está recibiendo: sin ello, no es apropiado llegar a ninguna conclusión”.

Borja Sánchez asume igualmente que la elección personalizada de donantes de élite para mejorar el rendimiento propio es “muy lejana”, y defiende el avance en otra línea: “Antes veremos posiblemente aplicaciones de la técnica a la enfermedad inflamatoria intestinal o a las personas con propensión al cáncer colorrectal”.

Transplantes y autotransplantes

Actualmente, la utilización del transplante fecal no está regulada en España y su aplicación se permite vía tratamiento compasivo y con autorización del comité de bioética del hospital correspondiente. “De todas formas, que el trasplante de microbiota haya funcionado en el marco de la infección por C. difficile, no quiere decir que hoy por hoy sea la cura a todos los males intestinales (y extraintestinales) que puedan aquejarnos”, recuerda Sánchez, que subraya que el transplante no es la única forma de regular la flora intestinal: “Si los autores del estudio tienen evidencias de que una mayor abundancia de Prevotella está asociada a una mejor recuperación muscular, ¿por qué recurrir al trasplante cuando revisando la bibliografía científica pueden identificarse nutrientes específicos para subir sus niveles?”.

En cualquier caso, la investigación microbiótica y las aplicaciones del transplante fecal son un sector en continuo avance. El propio Borja Sánchez es socio fundador de la empresa Microviable Therapeutics, pionera en Europa en el desarrollo de los autotransplantes de este tipo. “Una persona sana almacenaría su microbiota intestinal a partir de una muestra de heces, y en el caso de que se le presente una eventualidad en la que se observe una variación importante de su microbiota, por antibióticos o una enfermedad inflamatoria, restituirla”, explica el investigador del CSIC, a través del cual se ha licenciado la tecnología que sostiene el proyecto.

Actualmente, los transplantes de este tipo se realizan tras resuspender y homogeneizar las muestras en una solución salina y filtrarlas para eliminar partículas difícilmente disgregables. Posteriormente, se administran por sonda nasoduodenal, enema o colonoscopia, siendo ésta última la técnica más habitual. En el caso de los autotransplantes, para realizarlo con garantías “es necesaria una tecnología que limite el efecto tóxico del oxígeno sobre la microbiota intestinal desde la toma de la muestra hasta su almacenamiento”, explica Sánchez, que planea lanzar esta tecnología a partir del mes de septiembre, aunque sigue en busca de financiación.