El verano pasado, un delfín apodado Mimmo apareció en la laguna de Venecia. Pronto se convirtió en una atracción turística: es uno de los animales más famosos y simpáticos para los humanos en uno de los lugares más emblemáticos del mundo. 

Pero además de a los curiosos, el animal despertó el interés de los biólogos que se pusieron manos a la obra para monitorizar sus movimientos y tratar de comprender su comportamiento. El resultado de su investigación -que duró meses- ha sido publicada en la revista Frontiers in Ethology.

Los investigadores constataron que Mimmo es un delfín mular que habita normalmente en grupos en aguas costeras y marinas, pero a veces uno se separa de la manada y se acerca a zonas urbanas. Aunque infrecuente, estos casos están bien documentados. Mimmo quiso hacerlo junto a uno de los núcleos urbanos más emblemáticos del Adriático.

“Es uno de los animales más carismáticos en la ciudad más icónica: un delfín solitario en Venecia”, resume el autor principal,  Guido Pietroluongo, patólogo veterinario de la Universidad de Padua. Antaño abundantes en el Adriático -incluida la laguna veneciana-, los delfines comunes desaparecieron en los 70 por impacto humano. Los mulares, más resistentes, persisten, pero evitaban la laguna veneciana desde hacía décadas.

Avistado en junio de 2025 en el sur de la laguna, Mimmo remontó hacia el norte, instalándose frente a la plaza San Marco, epicentro turístico. Semanalmente fue observado desde barcos con apoyo ciudadano y oficial, se alimenta de lisas y muestra conductas normales. “Son mamíferos ultraadaptables”, explica Pietroluongo.

La lección que los biólogos han aprendido es que en Venecia, el mayor peligro que enfrenta el delfín proviene de las acciones inapropiadas de los humanos hacia un animal salvaje, en particular mediante la conducción irresponsable de embarcaciones. 

“Esta situación se centra principalmente en la gestión del comportamiento humano, no en la gestión del delfín", señaló Giovanni Bearzi, primer autor del estudio, quien ha estudiado los delfines del Adriático durante cuatro décadas. "Reconocer la prioridad de salvaguardar una especie protegida, tratarla como un animal salvaje y comportarse de manera informada, consciente y responsable es clave en la gestión de la vida silvestre", señala Bearzi.

El experto apunta a la necesidad de que en situaciones similares se deben tomar medidas como el control de la velocidad de las embarcaciones y su aproximación al animal. Los biólogos demandan que las acciones de conservación deben ser guiadas por expertos, no por narrativas sensacionalistas.

Las medidas eficaces para proteger tanto al delfín como a las personas incluyen la prohibición de interacciones perjudiciales y la aplicación estricta de la normativa vigente, que prohíbe legalmente cualquier perturbación de un animal salvaje protegido. Esto incluye los intentos de tocarlo o alimentarlo. 

Los biólogos denuncian estas medidas porque los intentos de sacar al delfín del gran canal de Venecia fueron infructuosos y desaconsejan capturar al espécimen ya que es una solución que conlleva más riesgos que oportunidades.

“Lo verdaderamente inusual no es la presencia del delfín, sino la persistente dificultad que los humanos tienen hoy en día para respetar a estos animales”, asegura Bearzi. “Debemos valorar las oportunidades de coexistir con la vida silvestre y disfrutarla. La documentación histórica y contemporánea demuestra claramente que los delfines han acompañado las actividades marítimas humanas durante milenios; sin embargo, aún nos cuesta convivir con ellos adecuadamente”.