La Unión Europea ha dado luz verde a un nuevo reglamento sobre perros y gatos que marca un cambio en la regulación del bienestar animal. La norma, que aún debe completar su tramitación final y se aplicará de forma progresiva, establece por primera vez un marco común para todos los Estados miembros en materia de cría, identificación, venta e importación de animales de compañía. Aunque el impacto inmediato en la vida diaria de los propietarios en España será limitado, la regulación sí introduce cambios relevantes a medio y largo plazo.
Un marco común en la UE para perros y gatos
El nuevo reglamento europeo sobre bienestar animal establece por primera vez normas homogéneas para la protección de perros y gatos en todos los Estados miembro. Hasta ahora, cada país aplicaba su propia legislación, lo que generaba diferencias importantes en aspectos como la cría, la venta o el control de animales.
La principal novedad es la creación de un sistema de trazabilidad obligatorio. Todos los perros y gatos deberán estar identificados mediante microchip y registrados en bases de datos nacionales conectadas entre sí a nivel europeo. Esto permitirá seguir el recorrido de cada animal desde su nacimiento hasta su venta o adopción, dificultando el fraude y el abandono sin control.
Qué cambia en España respecto a la ley vigente
España ya cuenta con un marco normativo avanzado en esta materia a través de la Ley 7/2023 de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales. Esta ley regula la identificación obligatoria, las condiciones de cuidado, la tenencia responsable y diversas prohibiciones de maltrato. El reglamento europeo no la sustituye, pero introduce una armonización común que en algunos casos refuerza y concreta las exigencias existentes.
Uno de los cambios más relevantes afecta a la cría de animales. La UE prohíbe los cruces entre animales con parentesco cercano, con el objetivo de reducir enfermedades hereditarias y mejorar el bienestar genético. Además, establece criterios más estrictos sobre la edad de reproducción y los periodos de descanso de las hembras.
También se endurecen las normas sobre la separación de las crías. Los cachorros no podrán separarse de la madre antes de las ocho semanas, mientras que en el caso de los gatos el mínimo se fija en doce semanas en criaderos. Esto supone una regulación más estricta en comparación con prácticas aún presentes en algunos países de la Unión Europea, alineando así los estándares de bienestar animal a nivel comunitario.
Otras medidas: control de ventas, bienestar y comercio exterior
Uno de los ejes principales del reglamento es el refuerzo del control sobre la venta de perros y gatos, especialmente en internet. A partir de su aplicación, los anuncios deberán incluir sistemas de verificación que acrediten la identificación y el registro del animal. El objetivo es frenar el comercio ilegal de cachorros a través de plataformas digitales.
La norma también refuerza la trazabilidad mediante la futura interconexión de bases de datos europeas. Se permitirá así a las autoridades rastrear el origen de los animales y detectar irregularidades con mayor facilidad. Se endurecen también las condiciones de bienestar animal con la prohibición de mutilaciones con fines estéticos -como el corte de orejas o cola- salvo justificación veterinaria, así como restricciones más claras sobre el uso de collares de castigo o dispositivos que puedan provocar sufrimiento. El reglamento amplía además la protección a todos los perros, incluidos aquellos utilizados en actividades de caza, trabajo o rescate, reduciendo las excepciones que existían en algunas legislaciones nacionales.
Por último, se refuerza el control sobre la importación de animales desde países terceros. Los perros y gatos deberán llegar correctamente identificados y registrados antes de su entrada en la Unión Europea, con el objetivo de evitar fraudes y mejorar la seguridad sanitaria y legal.
Impacto real con pocos cambios inmediatos
En el ámbito doméstico, el impacto del reglamento será limitado en España. La mayoría de las obligaciones básicas ya están contempladas en la normativa nacional vigente, especialmente en lo relativo al cuidado, la alimentación, la atención veterinaria y las condiciones mínimas de convivencia.
Por tanto, para quienes ya conviven con perros o gatos, no se esperan cambios inmediatos en su día a día. Las modificaciones más relevantes se concentran en la organización del mercado de animales y en el control de su origen.
Una aplicación progresiva a largo plazo
Uno de los aspectos clave de la nueva normativa es su calendario de implantación. Lejos de tratarse de un cambio inmediato, el reglamento se aplicará de forma progresiva y escalonada. Habrá plazos que en algunos casos puedan extenderse entre 10 y 15 años. Esto permitirá una adaptación gradual tanto de los Estados miembro como de criadores, plataformas de venta y administraciones públicas.
Por tanto, el nuevo reglamento europeo sobre perros y gatos supone un paso importante en la armonización del bienestar animal en la Unión Europea, pero no implica una transformación inmediata en la vida de los propietarios en España. Más que una reforma disruptiva, se trata de un proceso gradual de refuerzo regulatorio que busca mejorar el control sobre la cría, la venta y la trazabilidad de los animales, elevando los estándares comunes de protección en toda Europa.
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