La tregua judicial entre Blake Lively y Justin Baldoni ha evitado un juicio mediático en Nueva York, pero no ha cerrado otro problema de fondo: qué queda de sus carreras después de dos años de acusaciones cruzadas, campañas de desprestigio y filtraciones convertidas en espectáculo.
El acuerdo, anunciado esta semana en un comunicado conjunto, ha puesto fin a la batalla legal derivada del rodaje de Romper el círculo, la película de 2024 basada en la novela de Colleen Hoover. Lively había acusado a Baldoni de acoso sexual y de impulsar una campaña coordinada para destruir su reputación en internet. Él negó las acusaciones y sostuvo que contrató expertos en comunicación de crisis para protegerse de denuncias falsas. No han trascendido los términos del pacto.
El caso llegó a convertirse en uno de los conflictos más tóxicos de Hollywood desde el juicio entre Johnny Depp y Amber Heard: mensajes privados filtrados, publicistas expertos en gestión de crisis, menciones a Taylor Swift, acusaciones de manipulación algorítmica y un desfile constante de documentos judiciales convertidos en contenido viral. Todo alrededor de una película sobre violencia doméstica cuya promoción terminó devorada por el enfrentamiento entre sus protagonistas.
El 'aliado' Baldoni, desenmascarado
Ahora la conversación debería haberse zanjado, pero lo que ha hecho ha sido cambiar de registro. Según un reportaje publicado este fin de semana por The Hollywood Reporter, agentes, directivos de estudios y responsables de casting coinciden en que tanto Lively como Baldoni salen dañados. “¿Quién quiere trabajar con gente capaz de llegar tan lejos?”, resumió un ejecutivo citado por la publicación. Otro fue más directo: “Están en la cárcel. Los dos”.
La percepción en la industria parece especialmente delicada para Baldoni. Su imagen pública estaba construida alrededor de un discurso feminista y de sensibilidad masculina alternativa, reforzado por su pódcast Man Enough y por la propia adquisición de los derechos de Romper el círculo. Las acusaciones sobre un entorno de rodaje “inseguro” han destruido esa identidad pública. “Es difícil imaginar que pueda levantar un reparto ahora mismo”, apuntó uno de los ejecutivos consultados por THR.
Varios profesionales de casting creen que podría volver antes a la televisión que a la dirección cinematográfica. Otros recuerdan que todavía conserva un salvavidas financiero: Wayfarer Studios, su productora, respaldada por el multimillonario Steve Sarowitz. “Puede financiar sus propias películas, pero ahora mismo nadie quiere contratarlo”, resumió un ejecutivo.
Lively, devaluada
Lively conserva una posición más sólida dentro del sistema de estudios, aunque el desgaste reputacional también ha tenido coste. En documentos judiciales, la actriz aseguró que la campaña de desprestigio había puesto en riesgo más de cien millones de dólares en contratos potenciales. Un ejecutivo citado por THR calculó que, tras el éxito comercial de Romper el círculo –351 millones de dólares recaudados con un presupuesto de 25 millones–, la actriz podía haber aspirado a salarios de entre 10 y 15 millones por película. “Hoy vale tres”, afirmó dicho ejecutivo.
La industria, además, sigue aplicando reglas distintas según el género. Un agente citado por la revista recordó que Johnny Depp ya ha regresado al cine de estudio mientras Amber Heard permanece prácticamente fuera del circuito. “Es más fácil para los hombres”, resumió.
El conflicto también ha erosionado la imagen de Ryan Reynolds, marido de Lively y uno de los actores mejor pagados de Hollywood. Baldoni lo incluyó en una contrademanda posteriormente desestimada y su nombre quedó asociado al litigio durante meses. Según varias fuentes consultadas por The Hollywood Reporter, Apple retrasó durante un tiempo la fecha de estreno de Mayday, su nueva comedia de acción, antes de fijarla finalmente para septiembre. En Hollywood ya circula para él otra recomendación clásica para las estrellas en crisis: un proyecto de bajo presupuesto para bajar la inflamación, los egos y recuperar frescura.
Historia de una crisis
A finales de 2024, Lively denunció que durante el rodaje Baldoni improvisó besos no previstos y realizó comentarios sexuales inapropiados. También acusó a miembros de la producción de entrar en su camerino mientras se cambiaba. La actriz sostuvo además que el equipo del director recurrió a especialistas en gestión de crisis para amplificar el rechazo hacia ella en redes sociales durante la promoción de la película.
Aquella denuncia incluía mensajes internos. En uno de ellos, un publicista escribía que Baldoni quería sentir que Lively “podía ser enterrada”. Melissa Nathan, especialista en comunicación de crisis vinculada anteriormente a Johnny Depp, respondió: “Sabes que podemos enterrar a cualquiera”.
La frase sobrevivió a meses de litigio, demandas cruzadas y estrategias jurídicas. También al propio acuerdo. Porque aunque el juicio no haya llegado a celebrarse, Hollywood ya emitió su veredicto provisional: nadie sale indemne de una guerra pública convertida en contenido diario.
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