La reconstrucción de los juguetes rotos de Hollywood suele dar lugar a historias desoladoras, pero pocas tan dramáticas como el final de Daveigh Chase. La actriz estadounidense, que dio voz a primeros de los 2000 a la entrañable niña hawaiana Lilo en Lilo & Stitch y al interpretar a la terrorífica Samara Morgan en The Ring, falleció el 16 de junio en un hospital de Los Ángeles a los 35 años. Aunque inicialmente su entorno apuntó a una infección bacteriana, el Departamento Forense del Condado de Los Ángeles ha revelado que la causa oficial de su muerte fue el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (sida). El informe forense califica el fallecimiento de muerte natural y añade como un factor condicionante significativo el consumo crónico de múltiples sustancias.

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Antes de que trascendieran los datos oficiales de la autopsia, las primeras informaciones sobre el deceso de Chase –cuyo nombre real era Daveigh Schwallier– resultaban confusas. Su novio, Roy Hernandez, había afirmado inicialmente a medios como TMZ que la actriz batallaba contra una meningitis bacteriana y una infección en la sangre que derivó en una sepsis. Su padre, John David Schwallier, repitió esta misma causa al confirmar el fallecimiento a The New York Times. Sin embargo, el posterior dictamen de las autoridades forenses esclareció que la patología base era el sida, provocado por el VIH, agravado por su largo historial de drogodependencia.

Superada por la fama

Detrás del éxito de taquilla, la vida de Daveigh Chase estuvo sumida en el caos desde muy temprano. Según confesó su padre, la joven comenzó a tener serios problemas con las adicciones a los 13 años, apenas un año después de saborear la fama con Disney. A este testimonio se sumó el de su novio, Roy Hernandez, quien relató en una campaña de GoFundMe que la actriz arrastraba una infancia difícil y un doloroso distanciamiento familiar. Según su pareja, Chase también sufrió acoso antes de terminar viviendo desamparada en el centro de Los Ángeles.

La brecha con su familia era total, hasta el punto de que su progenitor admitió que llevaba más de 15 años sin hablar con ella, aunque logró llegar al hospital poco antes de que su hija muriera gracias a que Hernandez se puso en contacto con él. En sus últimos meses de vida, Chase vivía en la calle, sin hogar, en las zonas más deprimidas del downtown de Los Ángeles, pernoctando junto a su pareja en los alrededores del centro médico donde finalmente ingresó. Su declive profesional se había acelerado a partir de 2016, fecha de su último trabajo registrado en el videojuego Let It Die. Tras alejarse por completo de la actuación, sus problemas legales se multiplicaron, acumulando detenciones y antecedentes por posesión de sustancias controladas y por viajar en un coche robado.

El trágico desenlace de Chase contrasta con el brillante futuro que la industria cinematográfica le auguraba en su niñez. Con solo 11 años, prestó una inconfundible madurez y vulnerabilidad a Lilo Pelekai en la cinta de animación de 2002, un papel que repetiría en diversas secuelas y series de televisión de la franquicia Disney. Poco después traumatizó a Naomi Watts y a toda una generación en la gran pantalla al encarnar a Samara Morgan, la icónica niña de la melena negra calada que salía de las pantallas de televisión en el remake estadounidense de la película japonesa de terror The Ring. Además de estos hitos, la actriz dejó su impronta en el cine de culto interpretando a Samantha Darko, la hermana pequeña del personaje de Jake Gyllenhaal, en Donnie Darko y su secuela, y encarnó durante años a la adolescente Rhonda Volmer en la aclamada serie de HBO Big Love, además de registrar apariciones en producciones como Sabrina, cosas de brujas, Urgencias o Beethoven 5. Un legado artístico fulgurante que, lamentablemente, acabó devorado por los márgenes más oscuros de Los Ángeles.