Tras romper la primavera pasada con el popular y controvertido presentador de la televisión francesa Cyril Hanouna, muy conocido al otro lado de los Pirineos por sus programas de entretenimiento y con quien mantiene una buena amistad, Tiphaine Auzière, la hija menor de la primera dama, Brigitte Macron, vuelve a ocupar las páginas de la crónica social francesa. Este mes de agosto, Auzière ha hecho oficial su nueva relación con Antoine Lecomte durante un viaje a Ámsterdam, haciendo un guiño inevitables a la propia biografía de su madre al repetir su patrón sentimental con un hombre bastante más joven que ella.
El nuevo acompañante de la abogada, de 42 años, es un joven de 22 años natural de Lille que compagina sus estudios de Comercio en la Neoma Business School con el deporte de alto rendimiento. Lecomte es instructor y deportista de kite surf, además de emprendedor tras haber fundado Mission Kiteboarding, una marca propia de equipamiento náutico.
El flechazo tuvo lugar a comienzos del verano en las playas de Le Touquet, la exclusiva localidad costera del norte de Francia, en el departamento de Calais, donde la familia Macron pasa parte de sus vacaciones –allí poseen la Villa Monéjan, una casa heredada por Brigitte Macron de sus padres y completamente reformada–. Lecomte, que imparte clases de e-foil (las tablas de surf eléctricas de moda), se convirtió en el instructor de Auzière sin saber en un primer momento que su alumna era la hijastra del presidente francés, Emmanuel Macron. La complicidad entre ambos fue inmediata, unidos por su afición a los deportes de aventura y su faceta como empresarios.
La maestra y el alumno
La historia evoca de forma inevitable el romance prohibido entre Brigitte y Emmanuel Macron. La primera dama y el jefe del Estado francés se conocieron en 1993 cuando él era un estudiante de 15 años y ella su profesora de teatro, de 39, en un instituto de Amiens. Pese al revuelo mediático y a la diferencia de 24 años de edad que los separa, la pareja consolidó una historia de amor que dura ya más de tres décadas. Ahora es su hija menor quien vive un reflejo de esa misma experiencia, con una brecha generacional de 20 años que la prensa gala ya ha empezado a analizar.
La relación entre Auzière y el deportista avanza a paso firme. La pareja acaba de realizar un viaje en furgoneta hacia los Países Bajos, donde se han hospedado en el Faralda Hotel de Ámsterdam, un exclusivo establecimiento alojado en una antigua grúa portuaria a 50 metros de altura, tal y como han publicado en un vídeo compartido por ambos en Instagram. Además, según la revista Gala, Auzière ya ha presentado a su nuevo novio a sus dos hijos, Élise y Aurèle, nacidos de su primer matrimonio. Por su parte, Brigitte Macron ya conoce los detalles del noviazgo y, según su entorno, apoya totalmente a su hija priorizando su felicidad frente a cualquier juicio externo, exactamente igual que hizo ella en su día.
¿El efecto Brigitte se hereda?
La coincidencia entre madre e hija plantea de inmediato una pregunta: ¿existe alguna evidencia de que la atracción por parejas significativamente más jóvenes pueda ser un rasgo que se transmita de padres a hijos –en este caso de madre a hija–? Atribuir esta decisión sentimental a un patrón hereditario es tentador, pero no está sostenido por la ciencia. Los estudios en genética de la conducta señalan que los criterios de atracción no están codificados en la secuencia del ADN. La genética puede influir en rasgos de personalidad transversales, como una mayor apertura a la experiencia o una baja vulnerabilidad al qué dirán, pero no fija la edad del compañero sentimental.
Donde la psicología sí encuentra una explicación clara es en la Teoría del Aprendizaje Social formulada por el psicólogo Albert Bandura. Crecer observando a una figura de referencia como una madre desafiar con éxito los tabúes sociales, ignorando el juicio público para construir una relación sólida junto a un hombre 24 años menor, actúa inevitablemente como un potente modelo vicario. Este marco tiene el potencial de eliminar en la hija las barreras psicológicas y los estigmas culturales que suelen condicionar a la mayoría de las personas.
Por tanto, más que una herencia en la sangre, la ciencia apuntaria a un condicionamiento del entorno familiar: la audaz apuesta amorosa que hizo Brigitte Auziére, de soltera Trogneux, madre de tres hijos, introdujo una normalización de la diferencia de edad en su entorno que a buen seguro redujo la percepción de riesgo de ciertas decisiones, otorgando una mayor libertad psicológica para dejarse llevar por los sentimientos independientemente de la fecha de nacimiento de la pareja. Así que, en definitiva, es más que probable que el amor de verano de Tiphaine Auzière tenga algo que ver con lo que hizo su madre hace más de treinta años. Bien por ella (por ellas).
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