La secretaria de Seguridad Nacional de EE.UU., Kristi Noem, afirmó este jueves que el país ha "arrestado, detenido y deportado a sus países de origen" a más de 650.000 inmigrantes irregulares "gracias" a la Administración de Donald Trump. La responsable de la persecución de los inmigrantes ha comparecido hoy tras el asesinato ayer de una ciudadana estadounidense por parte de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

PUBLICIDAD

La responsable ha querido dejar atrás ese episodio y se ha centrado en las supuestas bondades de la política migratoria del país. "Gracias al presidente Trump, tenemos a 2,6 millones de personas que han abandonado nuestro país y que, para empezar, no deberían haber estado aquí. Estaban aquí ilegalmente, y más de 650.000 de ellas fueron arrestadas, detenidas y deportadas a sus países de origen", aseguró Noem en una conferencia de prensa en Nueva York.

PUBLICIDAD

La titular de Seguridad Nacional agregó que "los dos millones que se marcharon voluntariamente" tienen la "posibilidad de regresar a casa y volver (a Estados Unidos) algún día por la vía legal, para así tener la oportunidad de disfrutar del sueño americano".

Noem recordó, además, que mañana en Estados Unidos se celebra el Día de las Fuerzas del Orden y animó a los ciudadanos a "darles las gracias. "Cuando vean a un agente de Aduanas y Protección Fronteriza... denles las gracias. Hagan algo amable por ellos. Invítenlos a almorzar", señaló.

Organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes han expresado su preocupación por las deportaciones masivas y las limitaciones prácticas al derecho de asilo en la frontera, señalando que estas políticas pueden poner en riesgo los derechos humanos de las personas afectadas.

EE.UU. creó en 2003 el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), agencia encargada de la identificar, detener y deportar inmigrantes irregulares, así como de investigar delitos como trata de personas o contrabando trasnacional.

Desde su creación, ICE ha acumulado numerosas críticas y denuncias por discriminación y racismo que se han disparado desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, que ha convertido a la agencia en la herramienta fundamental de su política de deportaciones masivas.

Además del aumento de efectivos para las redadas en comercios, asociaciones y centros de trabajo, el ICE se beneficia de una interpretación más restrictiva de los derechos de los inmigrantes que permite a los agentes detenciones y deportaciones sin control judicial