La televisión estatal iraní IRIB (Organización de Radio y Televisión de Irán) ha confirmado este lunes que fue objeto de un hackeo de origen “desconocido” que afectó la señal de transmisión de sus diferentes canales en varias regiones del país. Según el propio ente público, la transmisión de programas en el satélite Intelsat se vio interrumpida “durante unos momentos” el domingo por la tarde, aunque aseguró que el fallo fue “resuelto de inmediato”.
Sin embargo, distintos medios y plataformas opositoras sostienen que se trató de una acción coordinada con mayor alcance. De acuerdo con reportes difundidos por canales anti-régimen, activistas contrarios a la República Islámica habrían hackeado el satélite Badr el domingo, lo que les permitió acceder a canales de la televisión estatal y emitir un vídeo con un mensaje del príncipe heredero en el exilio Reza Pahlavi llamando a los iraníes a mantener las protestas contra la teocracia iraní. El material fue compartido también por el departamento de medios del propio Pahlavi.
Según una actualización de la oficina de Pahlavi, el domingo 18 de enero, alrededor de las 21:30 (hora de Teherán), las transmisiones programadas fueron sustituidas durante aproximadamente diez minutos por un mensaje del heredero del último Sha de Irán, a quien el comunicado presenta como “líder de la oposición democrática iraní”. En la emisión, se habrían incluido mensajes en farsi exhortando a continuar las movilizaciones, imágenes de protestas de solidaridad en el extranjero y mensajes de respaldo de líderes internacionales.
La televisión pirateada mostró posteriormente un pronunciamiento del propio Pahlavi, en el que reiteró su llamamiento a intensificar las protestas y además se dirigió directamente a las fuerzas de seguridad. Según el comunicado de su oficina e informes posteriores, el líder opositor instó al Ejército y a las fuerzas de seguridad a ponerse del lado de los manifestantes y desobedecer órdenes del régimen: “Se supone que son el ejército del pueblo, no el ejército de Jamenei”, afirmó.
El sabotaje se produjo en un contexto de alta tensión por el auge de las protestas en Irán. Las movilizaciones, que comenzaron el 28 de diciembre por el deterioro económico y la depreciación del rial, se expandieron rápidamente con consignas contra el sistema político. Alcanzaron, según reportes, su fase más intensa el 8 y 9 de enero, con manifestaciones extendidas por múltiples ciudades del país.
Más de 3.400 muertos
En respuesta, las autoridades iraníes impusieron un apagón de comunicaciones, incluyendo el internet global, y desplegaron fuerzas de seguridad para sofocar las manifestaciones. Según datos citados por la ONG opositora Iran Human Rights, con sede en Oslo, la represión habría dejado más de 3.400 muertos y 19.000 detenidos.
Pahlavi había intensificado sus llamamientos en los días previos. De acuerdo con su oficina, tras una rueda de prensa celebrada el 16 de enero en Washington (D.C.), el líder opositor convocó a los iraníes a manifestarse cada noche a las 20:00 entre el 17 y el 19 de enero, denunciando que la República Islámica intenta “engañar al mundo y comprar tiempo” presentando la situación como una vuelta a la normalidad.
En paralelo, el país sigue bajo un apagón de internet impuesto por las autoridades, que según el mismo reporte se prolonga ya durante once días, con interrupciones casi totales y solo breves incrementos de conectividad. La portavoz del gobierno Fatemeh Mohajerani habría señalado que no debe esperarse la restauración del acceso al “internet internacional” hasta el final del periodo oficial de duelo de 40 días o incluso hasta el Nowruz (Año Nuevo persa), el 20 de marzo.
El comunicado añade además que el régimen estaría considerando permitir reconexiones únicamente a quienes reciban “garantías de seguridad”, y que ha anunciado planes para confiscar antenas parabólicas para impedir el acceso a canales extranjeros.
Irán ha sofocado las protestas que comenzaron hace tres semanas por la caída del rial y que pronto se tornaron en clamor pidiendo el fin de la República Islámica, pero las causas de esas movilizaciones continúan vivas con subidas de precios de productos básicos, personas que no llegan a fin de mes y unas políticas económicas que no convencen a la población.
Una represión estatal que ha causado “varios miles de muertos” ha sacado a los manifestantes de las calles, pero el descontento no ha amainado en un país donde muchos consideran que con las segundas reservas de gas y petróleo mundiales y un alto nivel educativo se debería vivir mejor.
Teherán, por su parte, ha atribuido los disturbios a Estados Unidos e Israel, calificándolos de “disturbios” y “actos terroristas” y responsabilizando al presidente estadounidense Donald Trump de la muerte de “varios miles” de personas.
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