Saif al Islam Gadafi, el hijo más conocido del exlíder libio Muamar Gadafi, ha muerto este martes tras un ataque armado en la ciudad de Zintan, en el oeste de Libia, según confirmaron uentes cercanas a su entorno político y su abogado en Francia.
El jurista francés Marcel Ceccaldi, que representaba a Saif al-Islam, declaró a la agencia AFP que su cliente fue asesinado alrededor de las 14.00 hora local en su domicilio por un comando de cuatro hombres armados. De acuerdo con el testimonio de su asesor político, Abdullah Othman Abdurrahim, los atacantes desactivaron previamente las cámaras de seguridad de la vivienda antes de perpetrar el asesinato.
Ceccaldi añadió que Saif al Islam había recibido advertencias en los últimos días sobre problemas en su dispositivo de seguridad. Hasta el momento, ninguna autoridad libia ha emitido un comunicado oficial confirmando el ataque ni detallando las circunstancias del crimen.
Saif al Islam Gaddafi, de 53 años, residía en Zintan desde hacía una década, tras ser liberado en 2017 gracias a una amnistía después de pasar años detenido por una milicia local. Había sido capturado en 2011 durante el levantamiento que acabó con el régimen de su padre, muerto ese mismo año tras la intervención internacional y la guerra civil.
Durante los años finales del régimen, Saif al Islam fue visto como el heredero político de Muamar Gaddafi y trató de proyectar una imagen de reformista. Participó en contactos con gobiernos occidentales y estuvo implicado en las negociaciones que llevaron a Libia a abandonar su programa nuclear. Doctorado por la London School of Economics, se convirtió en una de las caras más visibles del régimen en los primeros compases de la revuelta de 2011.
Ese mismo año, la Corte Penal Internacional emitió una orden de detención contra él por presuntos crímenes contra la humanidad, relacionados con la represión de las protestas. En 2015, las autoridades judiciales libias acordaron juzgarlo en el país y fue condenado en ausencia. Saif al Islam siempre rechazó las acusaciones y, en una entrevista con Reuters en 2011, afirmó que permanecería en Libia para combatir la insurrección.
Su muerte se produce en un momento de profunda fragmentación política del país. Libia sigue dividida entre el Gobierno reconocido por la comunidad internacional en Trípoli, encabezado por el primer ministro Abdul Hamid Dbeibeh, y la administración rival en el este, respaldada por el mariscal Jalifa Haftar. El proceso político y electoral permanece bloqueado desde hace años, en medio de la competencia por el control de las instituciones y de los ingresos petroleros.
Según Reuters, no hay por ahora indicios claros sobre la autoría del ataque ni sobre posibles motivaciones políticas, aunque el asesinato de Saif al Islam elimina a una figura que, pese a su pasado judicial, seguía siendo un símbolo para algunos sectores nostálgicos del antiguo régimen. Las autoridades locales han abierto una investigación, mientras crece la incertidumbre sobre el impacto que el crimen pueda tener en el ya frágil equilibrio de poder en Libia.
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