Donald Trump está echándose atrás en Mineápolis, de forma gradual y sin pompa, tras las protestas contra las redadas de control de inmigración. En la represión de las manifestaciones, los agentes federales mataron en dos incidentes diferentes a una mujer y un hombre estadounidenses. El zar fronterizo del presidente, Tom Homan, acaba de anunciar que 700 agentes federales del ICE y de la CBP se retiran de Mineápolis.
Tom Homan ha dicho que las operaciones federales de control se centrarían ahora en deportar a los inmigrantes indocumentados con antecedentes penales que se encuentran en prisión. Saldrán tanto antes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y de la Patrulla Fronteriza y Aduanas (CBP).
La retirada supone la reducción de menos de un tercio de los aproximadamente 3.000 agentes que fueron enviados a la ciudad como parte de la campaña de la Administración Trump contra la inmigración ilegal. Sin embargo, es una clara señal de que hay una presión creciente para que la Casa Blanca cambie de táctica. Una mayoría de estadounidenses, no solo los que están en contra de Trump, desaprueban las redadas frente a los colegios o en los lugares de trabajo. El riesgo de que se repitan asesinatos indiscriminados es alto, dado que los agentes están poco preparados a trabajar en un ambiente hostil.
"El presidente Trump me envió aquí para ayudar a calmar los ánimos", ha dicho Homan a los periodistas en Mineápolis. "No estamos renunciando a nuestra misión. No estamos abandonando nuestra misión. Solo estamos haciéndola más eficaz y más inteligente".
Las encuestas públicas recientes han mostrado que las políticas de inmigración de línea dura de Trump, defendidas internamente por el subjefe de gabinete Stephen Miller, han pasado de contar con el apoyo público a convertirse en una carga política para el presidente y los republicanos del Congreso antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre. El domingo hubo protestas en todo el país, sobre todo en Minnesota, contra el ICE y la CBP, y contra Trump.
La ejecución de Pretti, punto de inflexión
A principios de enero Renee Good, una mujer de 37 años, fue abatida a tiros en su coche por agentes del ICE. El 24 de enero, la víctima fue Alex Pretti, un enfermero de 37 años, cuyo delito fue salir a defender a una mujer, y rodar la escena. Agentes de la CBP le dieron caza y le abatieron en plena calle. La ejecución de Pretti indignó a la población de Mineápolis que salió a las calles a rendirle homenaje. El gobernador de Minnesota, el demócrata Tim Waltz, que fue candidato a la vicepresidencia con Kamala Harris, y el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, pidieron a Trump que parara a los agentes.
La primera medida fue enviar a Greg Bovino, el comandante general a cargo de la operación, a California. Bovino se conducía por Mineápolis como un auténtico matón. En su lugar asumió el mando Tom Homan, un duro leal a Trump pero conocedor de los límites de su poder. A los dos agentes implicados en la muerte de Pretti se les apartó del cargo. Los agentes llevarán cámaras corporales para aumentar la transparencia de sus acciones, según ha dicho la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Aún se mantiene en el cargo, pero está muy cuestionada por los críticos en el Capitolio.
Mineápolis está siendo otro ejemplo de cómo suele cumplirse la teoría TACO (Trump always chickens out). Es decir, Trump siempre se acaba echado atrás.
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