Faltan apenas 53 días para las decisivas elecciones legislativas en Hungría. Tras 16 años en el poder, Viktor Orbán aspira a su quinto mandato consecutivo. Apenas dos días después del arranque de campaña electoral, aterrizó en Budapest el secretario de Estado de Trump, Marco Rubio. "Vuestro éxito es nuestro éxito", lanzó Rubio a los seguidores de Orbán. Para Trump es crucial que su alumno aventajado en Europa gane en primavera. También para la Unión Europea es trascendental que Hungría deje la senda del iliberalismo, o más claramente, de la degeneración democrática.
Resultó curioso ver cómo Rubio elogiaba al primer ministro húngaro, ya que hace apenas siete años era un acérrimo crítico de Orbán. En 2019, como senador por Florida, firmó una carta dirigida a Trump en la que decía: "En los últimos años, la democracia en Hungría se ha deteriorado considerablemente".
Apuntaba que Hungría se había convertido en el primer país de la Unión Europea y el primer país poscomunista en perder su estatus de país libre por parcialmente libre, según Freedom House. Y añadía: "Mientras Estados Unidos se ha esforzado por contrarrestar la agresión del Kremlin en Europa, seguimos profundamente preocupados por la estrecha colaboración de este socio de la OTAN con Moscú". Qué lejano queda ahora ese senador por Florida, ahora totalmente entregado a los postulados trumpistas.
Trump o Vance en Budapest
Orbán, que el jueves viaja a Estados Unidos para la inauguración de la Junta de Paz de Trump, esperaba que Donald Trump visitara Budapest en la recta final de la campaña electoral. De momento no está previsto este viaje del presidente de Estados Unidos. Sin embargo, parece que tras el pistoletazo de salida con Rubio en algún momento irá a Budapest el vicepresidente, J.D. Vance, orgulloso defensor de la agenda autoritaria de Orbán.
En la Conferencia de Múnich del año pasado Vance se lanzó a criticar ferozmente a los europeos por no ver la amenaza interna en forma de "inmigración masiva" o falta de libertad de expresión, y por establecer cordones sanitarios a partidos como Alternativa para Alemania, de extrema derecha. Vance, y también Rubio, abogan por una Europa con más Orbán.
En la recta final de las elecciones presidenciales en Polonia, en la primavera de 2025, Trump se implicó a favor del ultranacionalista Karol Nawrocki, contra los intereses del primer ministro, el liberal Donald Tusk. El presidente de Estados Unidos se dejó fotografiar con él en el Despacho Oval en plena campaña electoral. También envió a la secretaria de Seguridad Interna, Kristi Noem, para que instara directamente a los polacos a votar por el candidato de Ley y Justicia (PiS).
El opositor Magyar mira a Europa
Desde entonces, el estado de ánimo en Europa, también en Hungría, está cambiando. Hungría está en declive, tanto que Rumanía. El PIB per cápita con paridad de poder adquisitivo (48.600 dólares) es inferior al de Rumanía (49.200 dólares). A los húngaros les preocupa, sobre todo, la carestía de la vida y la corrupción. Por eso Peter Magyar, líder del opositor Tisza, promete luchar contra la corrupción y reorientar el país hacia Europa.
Peter Magyar estuvo en la Conferencia de Seguridad de Múnich y se mostró cercano al liberal Donald Tusk, a quien ha asegurado que extraditará al ex ministro de Justicia polaco, Zbigniew Ziobro, acogido por Orbán. "El lugar de Hungría está en Europa. No solo porque Hungría necesita a Europa sino también porque Europa necesita a Hungría".
En junio de 2024, Tisza (abreviatura de tisztelet, respeto, y szabadsag, libertad) obtuvo el 30% de los votos en las elecciones europeas. En la mayor parte de los sondeos, Tisza aventaja al Fidesz de Orbán por unos diez puntos. A pesar de que esta distancia se mantiene desde hace tiempo, nadie se aventura a predecir si Orbán finalmente perderá.
Incluso algunos dudan si aceptaría la derrota. A un periodista estadounidense le contestó el lunes que lo haría, porque unas veces se gana y otras no. Pero mucha gente de su alrededor perderá algo más que puestos influyentes. Muchos tendrán que pagar por haber cometido delitos.
Acuerdos económicos con EEUU
Orbán confía en que el apoyo de Trump le dé impulso. Y también la ayuda que promete a Hungría. En noviembre, Orbán se reunió con Trump en la Casa Blanca. El presidente estadounidense concedió a Hungría una exención de un año de las sanciones que Estados Unidos ha impuesto a los países que compran petróleo ruso. El Departamento de Estado también anunció un acuerdo para que Hungría compre gas natural licuado a Estados Unidos.
Tras la visita de Rubio, Orbán se jactó de haber firmado 17 nuevos acuerdos económicos con Estados Unidos, incluido uno sobre cooperación nuclear civil. Volvió a ofrecer a Hungría como sede para las conversaciones de paz y a culpar a Ucrania de que no se haya conseguido ya. El primer ministro húngaro ha promovido una campaña anti Ucrania y sigue presumiendo de su cercanía con Putin.
Campaña antiucraniana
Como suele ocurrir antes de las elecciones, Hungría está hoy llena de vallas publicitarias que condenan a la Unión Europea. Esta vez, junto a Ursula von der Leyen (presidenta de la Comisión Europea) y Manfred Weber (presidente del Partido Popular Europeo), también aparece Volodimyr Zelenski. Porque ahora Orbán dice que los fondos que Bruselas no paga a Hungría (por violar las normas del Estado de derecho) irían a parar a Ucrania.
En Hungría se está convirtiendo en un tema clave la posibilidad de que el líder de Tisza desbloquee los 17.000 millones de euros que Bruselas no paga. Los húngaros pueden entender en que sus vidas mejorarán si Bruselas confía en sus gobernantes. Como ocurrió con la coalición liderada por Tusk cuando logró desbancar al PiS.
Sin embargo, según ha revelado el Financial Times, Bruselas se enfrenta al dilema de si transferir antes de las elecciones 2.400 millones de euros del paquete de 16.000 millones de euros en préstamos preferenciales para Hungría destinados a reforzar la defensa Safe. Así lo exigirían las regulaciones europeas, ya que este programa no está vinculado al respeto de las normas del Estado de derecho. Pero, a pocas semanas de las elecciones, los húngaros podrían interpretarlo como una señal de que incluso con Orbán se puede llegar a un acuerdo con Bruselas.
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