El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha aprovechado su discurso sobre el estado de la Unión para reivindicar los logros económicos de su Administración y, al mismo tiempo, redoblar su pulso institucional en materia comercial. La intervención, de 107 minutos –la más larga registrada ante una sesión conjunta del Congreso–, ha estado atravesada por la defensa de su política arancelaria tras el reciente revés judicial.

Después de que el Tribunal Supremo invalidara parte de sus denominados “aranceles recíprocos”, Trump ha firmado una orden ejecutiva que activa nuevos gravámenes globales del 10 %. En el hemiciclo, ha asegurado que no será necesaria la aprobación del Congreso para aplicarlos, pese a que la sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 establece un límite de 150 días sin respaldo legislativo. Sus palabras apuntan a que no buscará el aval de las cámaras, donde los republicanos mantienen mayorías muy ajustadas.

El mandatario ha ido un paso más allá al sostener que los aranceles, “pagados por países extranjeros”, podrían llegar a sustituir el sistema moderno de impuestos sobre la renta, aliviando –según su tesis– la carga fiscal de las familias estadounidenses. La afirmación se produce después de que el Supremo recordara que los aranceles constituyen una forma de tributación y que la potestad fiscal corresponde al Congreso.

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Un momento del discurso.
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El congresista de Texas Al Green sostiene ante Trump una pancarta con el lema 'Los negros no son monos'.
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El líder de la mayoría republicana en el Congreso, Steve Scalise, rompe la pancarta de Al Green.
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El secretario de Justicia John G. Roberts Jr. y los jueces del Supremo Elena Kagan, Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett.
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Trump firma la corbata MAGA del congresista Troy Nehls de Texas.
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El vicepresidente JD Vance y el speaker Mike Johnson escuchan a Trump.
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Congresistas demócratas antes del discurso.
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El secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent.
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La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.
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El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr.
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La jueza del Supremo Amy Coney Barrett.
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Las congresistas Ilhan Omar, de Minnesota, y Rashida Tlaib, de Michigan, reaccionan al discurso de Trump.
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La demócrata Rashida Tlaib protesta durante el discurso de Trump.
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Ilhan Omar, congresista demócrata de Minnesota, responde a Trump desde su escaño.
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Randy Weber, republicano de Texas, celebra el discurso del prsidente.
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El militar Eric Slover recibe una medalla de honor durante el discurso de Trump.
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Homenaje al capitán de la marina retirado E. Royce Williams ante la mirada de Melania y Barron Trump.
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Reconocimiento al sargento de la Guardia Nacional de Virginia Andrew Wolfe.
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Enrique Marquez, preso venezolano excarcelado, recibe el aplauso del Congreso.
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Ivanka Trump, Barron Trump, Usha Vance y Melania Trump, en la tribuna.
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El presidente tuvo unas palabras para su yerno Jared Kushner.
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Jack y Quinn Hughes, miembros del equipo norteamericano de hockey ganador del oro olímpico en Cortina, presentes en el discurso.
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En el terreno económico, Trump ha defendido que su Gobierno ha moderado la inflación y ha anunciado nuevas exigencias para las empresas que invierten en infraestructuras de inteligencia artificial, a las que obligará a instalar sus propias centrales eléctricas para evitar tensiones en los precios de la energía. También ha reivindicado la reducción del precio de los medicamentos mediante la aplicación del principio de “nación más favorecida” y ha pedido hacer permanente la prohibición de que determinados fondos financieros adquieran viviendas unifamiliares.

El presidente ha iniciado su intervención con reproches a su antecesor, Joe Biden, al que ha responsabilizado de haberle dejado “una nación en crisis”, con inflación elevada y una frontera descontrolada.

Durante la intervención también se han producido protestas en el hemiciclo. Varios legisladores demócratas han mostrado carteles y han interrumpido en distintos momentos el discurso, en señal de rechazo a la política comercial y fiscal del presidente. A la llegada de Trump, el congresista demócrata Al Green mostró una pancarta con el lema "Los negros no somos simios", en referencia a la imagen que hace unos días compartió el presidente, en la que Barack y Michelle Obama aparecían caracterizados como monos. Las escenas de desaprobación han subrayado el clima de polarización que rodea esta legislatura y han evidenciado la tensión con la que se ha seguido una alocución clave a pocos meses de las elecciones de medio mandato.

El discurso se ha seguido con especial atención en un año preelectoral, con las legislativas de medio mandato en el horizonte y con la popularidad del presidente en torno al 40%, según los sondeos.