Las universidades iraníes encadenan su quinto día consecutivo de movilizaciones en un pulso que combina memoria, desafío político y tensión geopolítica. Las protestas estudiantiles, reanudadas el sábado con el inicio del nuevo semestre, han continuado este miércoles en al menos seis campus del país, con menor intensidad que en jornadas previas pero con consignas cada vez más explícitas contra la República Islámica.
En Teherán, las concentraciones se registraron en las universidades de Teherán, Jarázmi, Pars y la Universidad de Arte, según asociaciones estudiantiles que difundieron imágenes y mensajes en redes sociales. En la Universidad de Arte, los alumnos rindieron homenaje a los fallecidos en las protestas de enero, coreando sus nombres y el lema: “Luchamos, morimos, recuperaremos Irán”.
En la Universidad Pars se escucharon consignas abiertamente promonárquicas como “Yavid sah” (“Viva el sha”) y “Esta es la última batalla, Pahlaví volverá”, en referencia a la dinastía derrocada en 1979. En Jarázmi, donde los estudiantes se sumaron este miércoles a las movilizaciones, un grupo realizó una sentada contra la decisión de suspender las clases presenciales hasta el final del año iraní, el 20 de marzo. “Si se vuelven virtuales, las consignas serán más radicales”, gritaron.
En Mashad, en el noreste del país, estudiantes de la Universidad de Ferdosi y de la Universidad de Ciencias Médicas corearon lemas contra el sistema, entre ellos: “No dimos muertos para reconciliarnos ni para elogiar a un líder asesino”, según el boletín estudiantil Amirkabir.
El diario reformista Shargh informó de que al menos 180 estudiantes han sido vetados del acceso a campus en Teherán y citados por comités disciplinarios por su participación en actos “contrarios a las normas educativas”. El ministro de Ciencia, Investigación y Tecnología, Hosein Simai Sarraf, advirtió que las clases presenciales podrían suspenderse en caso de “insultos, agresiones verbales o violencia física”. Las autoridades académicas justifican el paso a modalidad virtual por la proximidad del Ramadán y los costes de desplazamiento, pero el trasfondo apunta a un intento de enfriar las concentraciones.
Herencia de la represión y cifras en disputa
Las movilizaciones remiten directamente a la ola de protestas de enero, sofocadas con una represión cuyo balance sigue siendo objeto de disputa. Las autoridades iraníes sitúan los muertos en torno a 3.100. Organizaciones opositoras como HRANA elevan la cifra a unos 7.000 y aseguran estar verificando miles de casos adicionales, además de estimar decenas de miles de arrestos.
El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó en su discurso del Estado de la Unión que los fallecidos ascienden a 32.000, una cifra muy superior a las reconocidas por Teherán y también por ONG independientes. Sus declaraciones fueron calificadas de “grandes mentiras” por el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, quien rechazó igualmente las acusaciones sobre el programa nuclear y el desarrollo de misiles balísticos.
Bagaei comparó las afirmaciones procedentes de Estados Unidos e Israel con la máxima atribuida al ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels de que una mentira repetida suficientes veces acaba convirtiéndose en verdad. Teherán insiste desde hace décadas en que su programa nuclear tiene fines exclusivamente pacíficos.
El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, reiteró que “Irán no desarrollará bajo ninguna circunstancia armas nucleares” y defendió el derecho del país a beneficiarse de la tecnología nuclear con fines civiles. También aseguró que acudirá a la próxima ronda de negociaciones “con la determinación de alcanzar un acuerdo justo y equitativo en el menor tiempo posible”.
Tercera ronda nuclear en Ginebra bajo amenaza militar
Irán y Estados Unidos celebrarán mañana jueves en Ginebra una tercera ronda de negociaciones nucleares indirectas en medio de ultimátum de intervención militar por parte de Washington y sin que, aparentemente, hayan logrado acercar sus líneas rojas.
El encuentro enfrentará de nuevo a Araqchí con el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y con Jared Kushner, yerno de Trump, tras dos reuniones previas en Omán y en la propia Ginebra en las que el ministro de Exteriores omaní, Badr bin Hamad al Busaidi, ejerció de intermediario.
Tras esos contactos, ambas partes hablaron de “avances”, aunque sin detallar concesiones concretas. Washington insiste en la suspensión total del enriquecimiento de uranio iraní y en la limitación del alcance de sus misiles para que no puedan golpear Israel. Teherán, por su parte, sostiene que solo aceptará restricciones adicionales a cambio de un levantamiento efectivo de las sanciones económicas.
Medios estadounidenses describen la reunión como una última oportunidad antes de que Trump ejecute sus amenazas militares. Estados Unidos ha realizado el mayor despliegue en la región desde la invasión de Irak, con dos portaaviones, varios destructores y decenas de cazas en las proximidades de Irán para presionar en la negociación.
La República Islámica ha advertido de que no cederá bajo amenazas y que, en caso de ataque, responderá con dureza y el conflicto se extenderá por la región. En este cruce entre presión externa y contestación interna, las universidades vuelven a actuar como termómetro del malestar social. Aunque la intensidad de las concentraciones ha disminuido, la radicalidad de algunas consignas y la extensión geográfica del movimiento sugieren que el descontento sigue latente en un momento especialmente delicado para el régimen iraní.
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