Irán y Estados Unidos inician este jueves en Ginebra una tercera ronda de negociaciones indirectas para tratar de encauzar un nuevo acuerdo nuclear, en un contexto de creciente tensión y bajo la amenaza explícita de una intervención armada por parte del presidente estadounidense, Donald Trump.

Las conversaciones se celebran en Ginebra con posiciones aún distantes. Washington insiste en la suspensión del enriquecimiento de uranio por parte de Teherán y en limitar el alcance de su programa de misiles, mientras que la República Islámica sostiene que solo está dispuesta a reducir su actividad nuclear si se levantan las sanciones económicas que pesan sobre el país.

El encuentro reúne de forma indirecta al ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, con el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y el yerno de Trump, Jared Kushner.

El ministro de Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al Busaidi, ejerce de mediador e intercambia mensajes entre ambas delegaciones, ya que Teherán se niega a sentarse directamente con los representantes estadounidenses. Araqchí se reunió anoche, a su llegada a Ginebra, con su homólogo omaní para trasladarle la posición iraní.

Cruce de acusaciones

Hace dos días, el jefe de la diplomacia iraní aseguró que ambos países tienen “la oportunidad histórica para alcanzar un acuerdo sin precedentes” que satisfaga los intereses de las dos partes. Ese optimismo contrasta con el cruce de acusaciones de las últimas horas. Teherán ha calificado de “grandes mentiras” las afirmaciones de Trump de que la República Islámica no renuncia a desarrollar un arma atómica y trabaja en misiles capaces de alcanzar territorio estadounidense.

El secretario de Estado, Marco Rubio, ha insistido en esa tesis y ha asegurado que Irán intenta desarrollar misiles balísticos intercontinentales, lo que, según Washington, supondría una amenaza directa para Estados Unidos.

En los últimos años, Irán ha reforzado su programa de misiles balísticos. Según la información disponible, sus proyectiles alcanzan hasta 2.000 kilómetros, distancia suficiente para impactar en Israel, pero no en suelo estadounidense.

Las negociaciones se producen en paralelo al mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Medio desde la invasión de Irak, con dos portaaviones, varios destructores y decenas de cazas desplegados en las proximidades de Irán. Washington sostiene que esa presión busca forzar a Teherán a aceptar sus condiciones, mientras la República Islámica ha advertido de que responderá con dureza ante cualquier ataque y que un conflicto se extendería por la región.