La historia arranca en el Casablanca de los años cincuenta y desemboca hoy en una doble batalla judicial, que se desarrolla paralelamente en Bélgica y Estados Unidos, y que amenaza con agujerear uno de los muros más infranqueables del régimen marroquí: la intimidad médica y la inmunidad simbólica de la monarquía alauí. Jane Benzaquen, una jubilada de 72 años residente en Bélgica, sostiene que es hija biológica del difunto rey Hassan II y, por tanto, hermanastra del actual monarca, Mohamed VI. Su ofensiva judicial, lejos de apagarse con el paso del tiempo, se ha intensificado en los últimos meses, impulsado ahora también por

Mientras Rabat activa lo que sus abogados califican de “interés soberano” para bloquear el acceso a los historiales médicos del difunto monarca, Benzaquen libra —en sus propias palabras— una batalla “por mis hijos y mis nietos”, por el derecho a saber de dónde vienen. Fuentes cercanas a la demandante explican a El Independiente que “el procedimiento de paternidad pendiente en Bélgica se interpuso contra miembros de la familia real”.

“La familia real nunca ha respondido a este procedimiento. En cambio, como parte de una estrategia destinada a retrasar y complicar el procedimiento, el Reino de Marruecos presentó una moción para intervenir, a pesar de que no es parte en el procedimiento y no tiene ningún interés sustantivo en él”. La corte belga aún no se ha pronunciado sobre la oposición de Benzaquen a esta intervención, alegando que el régimen “carece de legitimación en un procedimiento relativo a su solicitud de conocer quién era su padre biológico”.

Mohamed VI junto a su hijo Moulay Hasan, en una imagen de archivo.

Una demanda de filiación que inquieta a Rabat

El tribunal belga ha fijado, en una decisión de 1 de septiembre de 2025, un calendario procesal que estira la causa hasta la primavera de 2027: Marruecos debe presentar alegaciones en abril de 2026; la familia real, en agosto; Benzaquen, en diciembre; y la réplica final está prevista para abril de 2027. La vista oral quedó señalada para el 6 de abril de 2027.

El calendario responde a las reglas procesales belgas cuando los demandados residen fuera del país. Pero para la defensa de Benzaquen constituye, en la práctica, una prolongación de un ya de por sí largo contencioso.  En paralelo, Marruecos ha desplegado objeciones procesales y hasta una denuncia penal alegando fraude en la residencia belga de la demandante. La fiscalía archivó la vía penal por falta de base. Cuando un juez rechazó ampliar la investigación, el reino recurrió.

Para el abogado de Benzaquen, Marc Uyttendaele, se trata de “guerra procesal destinada a intimidar a la demandante y fabricar motivos de inadmisión sin entrar en el fondo”.

Hasan II y Jane Benzaquen en un montaje fotográfica cedido por la familia.

El frente estadounidense: ADN, alias y diplomacia

La segunda línea de combate se libra en Estados Unidos. Benzaquen ha solicitado acceso a posibles muestras biológicas y registros médicos de Hasán II almacenadas en tres instituciones: el New York Presbyterian Hospital, el Mount Sinai Hospital —ambos en Nueva York— y la Mayo Clinic en Minnesota.

El primer hospital ha reconocido que el monarca fue tratado allí y que existen historiales, aunque no se han localizado muestras biológicas. El centro insiste en mantener la confidencialidad sobre el nombre bajo el cual fue ingresado, ya que fue admitido con alias. Los otros hospitales no han hallado registros bajo el nombre oficial del rey, y el equipo jurídico trabaja para identificar el alias utilizado.

Marruecos también ha intentado intervenir en el procedimiento estadounidense. Según la documentación aportada por el entorno de la demandante, Rabat alegó —y luego retiró— que el proceso belga estaba “suspendido durante más de un año”, y sostuvo que los historiales médicos del monarca “pertenecen al Reino de Marruecos” y que su divulgación podría perjudicar su posición diplomática y relaciones exteriores.

Fuentes cercanas a Benzaquen aseguran que “Marruecos también planteó una serie de argumentos inusuales alegando, entre otras cosas, que los historiales médicos del rey Hassan II almacenados en los hospitales de Estados Unidos pertenecen al Reino de Marruecos y que su divulgación podría perjudicar la posición diplomática y las relaciones exteriores de Marruecos”. “Además, se hicieron afirmaciones totalmente incorrectas sobre la situación jurídica del procedimiento en Bélgica. Al igual que en Bélgica, el Reino de Marruecos pretende obstruir y retrasar el procedimiento. Benzaquen respondió a estos argumentos y explicó, uno por uno, lo infundados que son”, agregan.

La corte estadounidense aún no ha resuelto sobre la intervención marroquí ni sobre la solicitud de acceso a los historiales. Antes debe determinar cómo notificar correctamente a la familia real, dado que el propio reino sostiene que no la representa formalmente en el litigio.

Para los abogados de Benzaquen, si la familia real estuviera convencida de que no existe vínculo biológico, la prueba genética “reforzaría su posición”. Para la representación legal del reino, en cambio, cualquier procedimiento que cuestione “la dignidad, integridad y honor” de la familia real puede afectar a la autoridad del Estado.

Anita Benzaquen, madre de Jane.

Un origen en la Casablanca del protectorado

El relato se remonta a principios de los años cincuenta, cuando el entonces príncipe heredero Hasán habría conocido en Casablanca a Anita Benzaquen, una joven judía de 17 años. Según el testimonio familiar recogido en distintos procedimientos, mantuvieron una relación que desembocó en embarazo. En septiembre de 1954, con apenas diez meses, la niña habría sido trasladada a Bélgica, supuestamente en una cesta de mimbre, y entregada a una familia de acogida. La madre se trasladó también a Bruselas, donde trabajó como actriz hasta su muerte en 1996.

Décadas después, tal y como ha relatado este diario en los últimos años, tres pruebas de ADN descartarían ascendencia europea en Benzaquen y situarían sus raíces genéticas en el norte de África y Oriente Medio. En 2021, un tribunal belga declaró que el hombre que figuraba como su padre legal no era su progenitor biológico, lo que abrió la puerta a la actual demanda de filiación.

Hace dos semanas este diario desveló el estudio comparativo de rasgos faciales entre la demandante y el fallecido monarca encargado por Marruecos para tratar de obstaculizar el proceso en EEUU y dificultar la entrega del ADN, la única prueba que podría arrojar luz sobre el hipotético parentesco.

Felipe González con Hasán II. | Archivo Felipe González

La variable política y religiosa

Si la filiación quedara probada, Benzaquen sería hermanastra de Mohamed VI y miembro biológico de una dinastía que fundamenta su legitimidad en la línea jerifiana y la condición de “comendador de los creyentes”. El componente religioso añade una capa de sensibilidad: la demandante es de ascendencia judía, un hecho que tensiona simbólicamente la narrativa oficial.

El reino invoca la inmunidad soberana de la familia real y su interés en la custodia de registros relativos a un jefe de Estado. La defensa de Benzaquen replica que “tener sangre azul no debe suponer un trato diferente ante la justicia”.

Portada del informe encargado por Marruecos.

El cáncer y la urgencia

El caso ha adquirido un cariz más dramático tras el diagnóstico reciente de cáncer de la demandante. En estas circunstancias, subrayan sus allegados, conocer el historial médico familiar —incluido el de su presunto padre biológico— es “crítico” para orientar el tratamiento. “Mientras Marruecos hace todo lo posible por obstaculizar el avance de los procedimientos en Bélgica y Estados Unidos, Benzaquen ha sido diagnosticada recientemente de cáncer. En estas circunstancias, la necesidad de proporcionar a sus médicos el historial médico de su familia lo antes posible, incluido el de su padre biológico, se ha convertido en algo fundamental para ella”, subrayan.

Entretanto, Rabat mantiene una estrategia de contención jurídica en dos jurisdicciones. La vista prevista en Bruselas para abril de 2027 podría ser el primer escenario en el que la cuestión se aborde públicamente con mayor profundidad. La oportunidad para que Benzaquen y su familia puedan ir desenredando la madeja que durante siete décadas le ha privado de saber la verdad de su origen.