¿Defender el derecho internacional o considerar que por sí solo no basta, ya que el mundo ha cambiado desde que Trump ha vuelto al poder? He ahí el dilema al que se enfrentan los líderes de la Unión Europea. Lo ha puesto en evidencia la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula Von der Leyen, con un discurso en el que aboga por el pragmatismo tras la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. El canciller alemán, Friedrich Merz, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, se alinean con Von der Leyen. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, la vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, son las voces discrepantes. El cisma en la UE está servido.

"Europa no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, porque ese mundo se ha ido y no volverá. Sí, siempre defenderemos y promoveremos el sistema basado en normas que nosotros, junto con nuestros aliados, ayudamos a construir. Pero ya no podemos confiar en él como la única manera de defender nuestros intereses o asumir que esta ley nos protegerá de las complejas amenazas que enfrentamos", dijo Ursula von der Leyen en una reunión de embajadores de la UE el lunes. En su opinión, la UE debe reestructurar sus instituciones para que puedan operar eficazmente en un mundo basado en esferas de influencia y fuerza. 

"Debemos decidir si el sistema que hemos construido, con todos sus intentos de forjar compromisos y consensos de buena fe, fortalece nuestra credibilidad como entidad geopolítica o, por el contrario, la debilita", añadió la alemana. Su posición está en la antípodas de lo que defendió el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, al contestar a Donald Trump el pasado 4 de marzo, que resumió en un contundente no a la guerra y una defensa del multilateralismo.

Revuelo en las instituciones europeas

El mensaje de Von der Leyen es contundente porque la UE, que une a países con diferentes historias, culturas y orígenes étnicos, se fundó como una organización basada en el Estado de derecho, reconocido en el artículo 2 de los Tratados. Por lo tanto, no sorprende que la declaración de Von der Leyen se encuentre con una férrea oposición dentro de la UE, empezando por el presidente del Consejo Europeo, António Costa.

"Vivimos en una nueva realidad en la que Rusia viola la paz, China viola el comercio internacional y Estados Unidos socava el orden internacional basado en normas. ¿Cuál debería ser la misión de la Unión Europea en esta situación? En primer lugar, debemos defender el orden internacional basado en normas", declaró el portugués el martes. En su opinión, si criticamos a Putin por violar el derecho internacional al atacar a Ucrania, debemos aplicar los mismos criterios al ataque a Irán o a las amenazas estadounidenses de invadir Groenlandia

La Alta Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la UE, Kaja Kallas, adoptó un enfoque similar. "Las dos mayores crisis del mundo moderno, la de Oriente Medio y la de Ucrania, están directamente relacionadas. Comparten una causa común: la erosión del derecho internacional", declaró la estonia.

Por su cargo Kallas es vicepresidenta de la Comisión Europea. Von der Leyen con su discurso sobre política exterior adoptó un papel que le correspondería a Kallas: es evidente la tensión entre las dos. La disputa ha dividido al órgano ejecutivo de la UE. Esto es especialmente cierto porque la posición de von der" Leyen también fue cuestionada por su segunda vicepresidenta, Teresa Ribera. "La fórmula que utilizó Von der Leyen fue incorrecta. Socavar el derecho internacional es muy peligroso", declaró la española. 

El discurso de Von der Leyen causó revuelo en las instituciones europeas. Javi López, vicepresidente del Parlamento Europeo, del grupo de Socialistas y Demócratas, aseguraba a El Independiente que "si Europa renuncia a defender el orden internacional basado en normas, quedará reducida a espectadora en un mundo moldeado por la ley del más fuerte de Trump y Putin. Europa nació precisamente para domesticar la fuerza mediante el derecho. Pero ese principio pierde credibilidad cuando practicamos un atlantismo servil o guardamos silencio ante violaciones del derecho internacional por parte de nuestros propios aliados. Europa pagará las graves consecuencias de la guerra en Irán. Están en juego nuestra identidad y también nuestros intereses estratégicos".

Realismo geopolítico y coherencia jurídica

Para Miguel Verdeguer Segarra, profesor de Derecho y Economía de la UE en CEU San Pablo, la posición de Von der Leyen "desplaza el centro de gravedad del relato europeo: de una Unión que se legitima porque respeta y universaliza reglas, hacia una Unión que empieza a decir abiertamente que, en un mundo más hostil, el derecho ya no basta y el interés estratégico debe pesar más. Eso no significa necesariamente abandonar el derecho internacional, pero sí relativizar su centralidad como seña de identidad exterior de la UE".

A su juicio, la dificultad estriba en "conjugar el realismo geopolítico con la coherencia jurídica". Verdeguer no cree Von der Leyen deje de lado el derecho internacional sino que reconoce que, desafortunadamente, no es suficiente.

De las diferentes posiciones sí queda claro que, según Verdeguer, "la UE no ha hablado con una sola voz perfectamente alineada, y eso sí permite subrayar una carencia estructural de su marco institucional. Esta representación exterior aparentemente fragmentada es arrastrada del viejo intergubernamentalismo, algo que debemos superar apostando por más Europa".

De Merz a Sánchez, un abismo

La disputa ha llegado también las principales capitales europeas. En realidad, empezó con Friedrich Merz. El canciller llegó a la Casa Blanca tres días después de que estadounidenses e israelíes lanzaran un ataque contra Irán. Para entonces, ya se sabía que tanto británicos como españoles no habían permitido el uso de bases estadounidenses ubicadas en su territorio para atacar Teherán.

Trump, como de costumbre, comenzó a reprender a los líderes de ambos países. "Por supuesto, no se trata de Winston Churchill", se refirió con desprecio al primer ministro Keir Starmer. Atacó al jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, aún con más fuerza, y anunció que "cortaba todas las relaciones comerciales" con su país. Durante todo este período, el alemán guardó silencio. En un momento dado, Merz incluso apoyó a Trump, al recordar que España, al igual que otros países de la OTAN, debe aumentar su gasto en defensa al 5% del PIB, aunque se resiste a hacerlo.

Esta es una línea que Berlín lleva tiempo adoptando. Merz no criticó abiertamente ni el secuestro de Nicolás Maduro ni el anterior bombardeo nuclear de instalaciones iraníes en junio. En este último caso, la relación especial entre Alemania e Israel pesa lo suyo. Sin embargo, el canciller consideró fundamental, sobre todo, "calmar" las relaciones transatlánticas y mantener al menos cierta cooperación estadounidense con Ucrania. 

Esta línea parece ser compartida por Giorgia Meloni, quien ofreció asistencia para defender a las monarquías del Golfo de los ataques iraníes. "Siempre intenta ayudar, es una excelente líder y mi amiga", dijo Trump, quien, sin embargo, no advirtió a la jefa del Gobierno italiano del ataque. 

Pero Pedro Sánchez adoptó una postura completamente diferente. Al día siguiente del ataque, el jefe del Gobierno español declaró en un alocución ex profeso: "La posición de España es clara. Sigue siendo la misma que adoptamos en Ucrania y Gaza. En primer lugar, no fracasará por el fracaso del derecho internacional, que nos protege a todos, y sobre todo a los más indefensos: la población civil. En segundo lugar, no fracasará por asumir que en este mundo los problemas solo se pueden resolver mediante el conflicto, mediante bombas. Y, por último, no fracasará por la repetición de los errores del pasado". Sánchez se erigía así en el líder de la coalición antiTrump. Al discurso de Von der Leyen también ha contestado el Ejecutivo de Sánchez. "Europa debe defender el orden internacional porque la alternativa es el desorden", replicaba el ministro de Exteriores, José Manuel Albares.

A juicio de Miguel Verdeguer, a Sánchez "sí se le puede reprochar haber adoptado un tono más unilateral y menos coordinado con la línea institucional media de la UE, haber formulado una condena jurídica muy tajante sin integrar del todo la dimensión de seguridad regional que otros socios europeos sí subrayan, proyectar dudas sobre la fiabilidad de España ante algunos aliados por la cuestión de Rota y Morón, y, además, ofrecer una posición expuesta a la acusación de cálculo interno, al coincidir su 'no a la guerra' con un marco políticamente rentable para movilizar a la izquierda; a eso se añade una crítica de coherencia, porque ese discurso antibélico ha convivido con decisiones defensivas del propio Gobierno en el plano militar".

Sin embargo, Emmanuel Macron, a diferencia de Merz, se solidarizó con Sánchez. Anunció que toda la UE defendería a España si Trump cumplía sus amenazas. El martes, el presidente francés visitó el portaaviones Charles de Gaulle, que operaba en el Mediterráneo. Se oyó a quienes lo rodeaban decir que Trump no tenía ningún plan para la campaña iraní. El propio presidente aseguró que "en este gran caos, Francia actuará con serenidad y coherencia". París quiere asegurar el paso de petroleros por el Estrecho de Ormuz en las próximas semanas.

Europa también está sufriendo las consecuencias del aumento repentino de los precios de la energía provocado por el ataque a Irán. España, Países Bajos e Italia han prometido ayudar a Francia en esta operación.

La guerra de Trump y Netanyahu contra Irán va a tener efectos transformadores en la Unión Europea. Aún queda por saber si en el próximo Consejo Europeo serán las tesis de Von der Leyen las que primarán o las de Costa y Kallas.