La guerra de EEUU e Israel contra Irán está dejando un reguero de imágenes de bombardeos y una creciente inseguridad acerca de los precios del crudo. Sin embargo, detrás del humo de las explosiones y los gráficos de las bolsas mundiales, se está gestando una crisis humanitaria de enormes proporciones y con riesgo de aumentar significativamente durante las próximas semanas.

Según los últimos datos actualizados por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la escalada de hostilidades ha provocado un desplazamiento interno masivo en la República Islámica de Irán. Las cifras son sobrecogedoras: se estima que los miembros de entre 600.000 y un millón de hogares han abandonado sus casas para buscar un refugio a salvo de las hostilidades.

El último censo del país recoge una media de 3,2 miembros por familia, por lo que estaríamos hablando de un rango de entre 1,9 y 3,2 millones de personas desplazadas. La población huye de Teherán y de otros centros urbanos principales, por ser emplazamientos de alto riesgo, para buscar seguridad en las zonas rurales del norte de Irán. Son datos preocupantes en un país donde la población urbana representa aproximadamente un 75% del total, con una estimación de más de 68 millones de personas viviendo en ciudades en la actualidad.

Los más vulnerables

Dentro de esta marea humana, existe un grupo que afronta un peligro doble. Irán ha sido durante décadas uno de los mayores receptores de refugiados del mundo, principalmente de Afganistán. Ayaki Ito, director de Emergencias de ACNUR, ha subrayado que estas familias, que ya vivían en una situación precaria, se encuentran completamente desprotegidos y se ven forzada a huir de nuevo.

La fragilidad de estos grupos es extrema: el 71% de la población desplazada son mujeres y niños. Las necesidades de estos grupos son esenciales: un 66% necesita refugio, un 54% atención médica y un 34% posee dificultades para alimentarse todos los días. Esta presión sobre los servicios esenciales está llegando a un punto de no retorno, y la falta de financiación internacional no hace sino empeorar esta situación.

Un efecto dominó

La crisis no se reduce al territorio iraní,: el resto de países de Oriente Medio teme que el flujo de refugiados también afecte a sus fronteras. Actualmente, las naciones vecinas de Irán ven a estos flujos migratorios con desconfianza:

En Turquía, más de 11.400 iraníes han cruzado la frontera. Aunque ACNUR califica este número como "estable", los perfiles de quienes llegan (un 50% son hombres adultos, seguidos por un 32% de mujeres) sugieren viajes de carácter preventivo o temporal para evaluar la situación desde el exterior. Siria ya está recibiendo un flujo importante, con 89.300 sirios exiliados que vuelven a su país junto con nacionales libaneses que huyen del conflicto.

El caso de Líbano es también preocupante debido a los pasados ataques por parte de Israel a la capital, Beirut. En estos momentos el país se enfrenta a una realidad mucho más precaria, gestionando a 127.900 personas en 592 refugios colectivos con una financiación que ACNUR califica de limitada.La capacidad de acogida en otros países fronterizos como Pakistán o Irak es limitada porque ya albergan a millones de personas desplazadas por crisis anteriores. Algunos datos reveladores los dan plataformas como Spotahome, la líder en alquiler de media y larga estancia, que ha registrado un aumento de usuarios del 1000% en mercados como el de Irak.

La situación regional pende de un hilo. Si se suman millones de personas más a este contexto, ACNUR advierte de que podrían desestabilizar por completo la economía y la seguridad de la zona.