En el año 680 d.C., la batalla de Karbala partió en dos la comunidad musulmana a propósito de la sucesión del profeta Mahoma. Desde entonces, suníes y chiíes se han disputado la autoridad religiosa y la hegemonía política en el islam. A lo largo de los siglos, esa fractura se ha proyectado sobre la geopolítica de Oriente Próximo.
Las guerras de las últimas décadas —desde la invasión estadounidense de Irak hasta la guerra civil siria o el conflicto de Yemen— han reproducido ese esquema: el eje suní liderado por Arabia Saudí -con otros actores importantes como Turquía o Egipto- frente al eje chií encabezado por Irán. En ese tablero de rivalidades regionales, Teherán ha tejido una red de aliados armados que proyectan su influencia más allá de sus fronteras.
La ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán desde el 28 de febrero ha vuelto a situar en el centro de la escena a ese entramado de actores no estatales que durante años ha articulado la estrategia regional de la República Islámica.
Tras la caída del régimen sirio de Bashar al Asad —que durante más de una década actuó como puente logístico entre Irán y sus aliados— el llamado “Eje de la resistencia” se sostiene ahora en cuatro pilares principales: Hamás en Gaza, Hizbulá en Líbano, los hutíes en Yemen y una constelación de milicias chiíes en Irak.
Hamás
A Hamás e Irán les une sobre todo un enemigo común: Israel. Aunque el movimiento islamista palestino es suní, Teherán lo ha respaldado durante años con financiación, entrenamiento y transferencia de tecnología militar.
Desde el inicio de los bombardeos estadounidenses e israelíes contra Irán a finales de febrero, Hamás ha emitido varios comunicados en los que denuncia una “agresión directa contra la nación islámica” y expresa su solidaridad con Teherán. En uno de ellos, difundido por su oficina política, el movimiento aseguró que los ataques buscan “romper el eje de la resistencia que defiende Palestina”.
El margen de actuación militar del grupo, sin embargo, es hoy limitado. Tras meses de ofensiva israelí en Gaza, gran parte de su infraestructura militar ha sido destruida y su liderazgo se encuentra disperso o en la clandestinidad. En el actual pulso regional, su papel es sobre todo político: mantener el discurso de un frente común contra Israel.
Yemen
En Yemen, los hutíes se han convertido en uno de los aliados regionales más activos de Irán. El movimiento —formalmente Ansar Allah— ha evolucionado desde una insurgencia local en el norte del país hasta un actor militar capaz de amenazar rutas marítimas estratégicas.
Desde el 28 de febrero, los hutíes han publicado varios comunicados denunciando los ataques contra Irán y prometiendo ampliar sus operaciones contra intereses israelíes y occidentales en la región. El grupo ha reivindicado lanzamientos de drones y misiles hacia el mar Rojo y ha advertido de que “la agresión contra Irán no quedará sin respuesta”.
En los últimos años la milicia ha desarrollado un arsenal que incluye misiles balísticos, drones de largo alcance y armas antibuque. Esa capacidad la convierte en una herramienta estratégica para presionar el tráfico marítimo que conecta Asia con Europa a través del canal de Suez.
Líbano
La influencia iraní más consolidada en la región se encuentra en Líbano, donde Hizbulá se ha convertido en el principal aliado estratégico de Teherán.
Fundado en 1982 con apoyo de la Guardia Revolucionaria iraní, el grupo ha pasado de ser una milicia insurgente durante la guerra civil libanesa a una organización político-militar con enorme peso dentro del Estado libanés.
Tras los ataques contra Irán, Hizbulá ha condenado lo que denomina “una agresión estadounidense-sionista contra el eje de la resistencia”. Sus dirigentes han advertido de que la región podría entrar en una “guerra abierta” si continúa la campaña militar contra Teherán.
Hasta ahora, sin embargo, la implicación militar del grupo ha sido limitada. Los enfrentamientos en la frontera entre Israel y el sur del Líbano han continuado a baja intensidad, en una estrategia que parece buscar presión sobre Israel sin desencadenar una guerra total que arrastraría al Líbano a un nuevo conflicto devastador. Hizbulá, severamente golpeada por Israel en los últinos años, ha perdido también capacidad logística y se enfrenta a la presión política interna para deponer y entregar las armas, un movimiento al que se cúpula se resiste.
Irak
Irán también proyecta su influencia en Irak a través de las Fuerzas de Movilización Popular, una constelación de milicias chiíes que surgieron en 2014 para combatir al autodenominado Estado Islámico.
Aunque formalmente forman parte de las fuerzas de seguridad iraquíes, varias de esas milicias mantienen estrechos vínculos con Teherán y con la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria.
Desde finales de febrero, grupos como Kataib Hizbulá y Asaib Ahl al Haq han advertido de que responderán a los ataques contra Irán atacando bases estadounidenses en Irak y Siria.
En los últimos días, varias instalaciones utilizadas por tropas estadounidenses han sido objetivo de drones y cohetes, entre ellas, la que se ubica junto al aeropuerto internacional de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí. Washington ha respondido con bombardeos selectivos contra posiciones de milicias proiraníes, elevando el riesgo de que Irak vuelva a convertirse en uno de los principales escenarios de confrontación indirecta entre Estados Unidos e Irán.
Un eje debilitado
Durante años, el régimen de Bashar al Asad fue el eslabón central de la red regional iraní. Siria funcionaba como corredor estratégico para el traslado de armas y combatientes entre Irán y Líbano.
La caída del régimen ha alterado profundamente ese equilibrio. Con Damasco fuera de la órbita iraní -en manos de Ahmed al Sharaa, un ex líder de la sucursal local de Al Qaeda, con Turquí o Arabia Saudí como principales valedores-, Teherán ha perdido uno de sus principales nodos logísticos en el Levante.
El llamado “Eje de la resistencia” sigue existiendo, pero ahora depende más que nunca de actores dispersos —milicias, movimientos insurgentes y aliados no estatales— repartidos por toda la región. Su capacidad de actuar de forma coordinada será uno de los factores decisivos si la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel continúa escalando en un Oriente Próximo ya en llamas.
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