A Donald Trump no le gusta que la realidad contradiga sus deseos. Cuando así sucede se ocupa, junto con sus acólitos, de cambiar el relato. Lanzó la operación Furia Épica contra Irán sin contemplar las consecuencias militares, geopolíticas y económicas. Lo hizo a la par que Israel. O bajo la presión de Israel, según el primer miembro de su Administración que dimite por esta guerra, el director de lucha antiterrorista, Joe Kent. Pero cuando ve dificultades llama a que la OTAN le ayude. Al encontrarse con el rechazo de los aliados estalla furioso y cambia el discurso: no los necesita. A la vez intenta cambiar el foco y apunta a Cuba. "Voy a tener el honor de tomar Cuba. Podemos hacer lo que queramos con Cuba", ha dicho. Suena como un maltratador. Dado que la situación de la isla es insostenible, Trump intentará apuntarse allí un triunfo. A ver si así desaparece de los titulares el desastre iraní.

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El senador Lindsay Graham dice que no recuerda haberle visto tan enfadado al ver la reacción de los europeos. "La arrogancia de nuestros aliados al sugerir que Irán con el arma nuclear no es algo preocupante y que la operación militar para detener a los ayatolás en su carrera para obtener la bomba es nuestro problema va más allá de la ofensa (...) La repercusión de su falta de asistencia para garantizar la circulación por el estrecho de Ormuz va a ser profunda para Europa y América", ha escrito Graham, leal a Trump, en su cuenta de X.

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Enfado con la OTAN

Donald Trump, en sus últimas comparecencias, ha tratado de transmitir la sensación de que EEUU no necesita en realidad a la OTAN, pero a la vez ha volcado su ira contra los aliados por dejar claro que la guerra contra Irán "no es su guerra". Trump actuó contra Irán sin consultar a los aliados previamente y mientras había negociaciones con el liderazgo iraní. Tampoco consultó al Congreso de EEUU ni ha informado después sobre el curso de la operación. Trump cree que puede hacer lo que quiere en todo momento.

Y sin tener en cuenta que recientemente quiso invadir un territorio aliado, Groenlandia, ahora vuelca su ira contra los europeos por no secundarle en su aventura en Irán. "No me sorprende su actuación, porque siempre he considerado que la OTAN, donde gastamos cientos de miles de millones de dólares al año protegiendo a esos mismos países, es una calle de sentido único: nosotros los protegeremos, pero ellos no harán nada por nosotros, sobre todo en momentos de necesidad", ha dicho Trump.

El presidente de EEUU se ha inventado que "todos los aliados" estaban a favor de atacar a Irán. "A pesar de que les hemos ayudado tanto, tenemos miles de soldados en diferentes países de todo el mundo, no quieren ayudarnos, lo cual es increíble", ha añadido. Los europeos le recordaron el lunes que el ataque nada tiene que ver con una operación de la OTAN, una organización defensiva. No hubo ataque a un país aliado, sino que EEUU e Israel ejecutaron "un ataque preventivo". En la operación sí está logrando desmantelar a la cúpula del poder en Irán, desde el ayatolá Jameneí hasta el ex negociador Larijaní, sin que ello asegure que el régimen vaya a doblegarse.

En casos así, lo que suele hacer Trump es echarse atrás. Es lo que se conoce como TACO (Trump Always Chickens Out). Pudo hacerlo con Groenlandia o con los aranceles en varias ocasiones. Pero en este caso está metido en un avispero.

Tomar Cuba: ¿cómo hacerlo?

Probablemente por esa razón está buscando otro escenario donde ejecutar su voluntad sin tantos obstáculos. En sus últimas comparecencias ha vuelto a aludir a Cuba. El fin de semana decía que iba a terminar con Irán antes de implicarse en Cuba. Pero el lunes dijo que tendría el honor de tomar Cuba: "Están hablando con nosotros. Es una nación fallida. No tienen dinero, ni petróleo. No tienen nada". Ante el primer ministro irlandés, indicó el martes que Rubio estaba negociando. "Deben cambiar de forma dramática", ha señalado.

El plan de Marco Rubio sería forzar la salida del presidente, Miguel Díaz-Canel, quien el viernes pasado reconocía los contactos con la Administración Trump. Anunció que se abriría pronto la economía. Es el nieto favorito de Raúl Castro, Raulito, quien tiene hilo directo con Marco Rubio, de origen cubano. Rubio ve a Díaz-Canel como un obstáculo para las reformas que pretenden impulsar. Sin embargo, no hay de momento vetos a los Castro. Raúl Castro, ya nonagenario, es quien mueve los hilos del poder desde las bambalinas.

Desde enero, después de la captura de Maduro, Estados Unidos ha impuesto lo que equivale a un bloqueo petrolero sobre Cuba. Ha amenazado a todo país que suministre petróleo a la isla. Como consecuencia, Cuba no ha recibido ningún envío significativo de petróleo o combustible desde el 9 de enero, lo que ha provocado una crisis que se agrava rápidamente en la isla.

La gasolina es escasa en la isla y a precios inalcanzables. Hay apagones día sí y día no. El lunes hubo un apagón en toda la isla. Es el sexto en año y medio. Esta miseria está elevando el tono de las protestas: cada noche desde hace diez días hay caceroladas.

Pérez-Oliva expone las reformas incipientes

El zar económico de Cuba, Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, anunció el lunes una serie de cambios para permitir a los cubanos en el extranjero invertir, realizar operaciones bancarias y hacer negocios en Cuba, un cambio de política potencialmente importante que la diáspora cubana lleva mucho tiempo buscando. "Las puertas de nuestro país están abiertas para los cubanos en el exterior", declaró, sin dejar de repetir en varias ocasiones que no "existe ninguna limitación" para los cubanos que quieran invertir.

Según Pérez-Oliva, "Cuba está abierta a tener una relación comercial fluida con empresas estadounidenses y también con cubanos residentes en EEUU y sus descendientes". El propósito es atraer inversiones, especialmente, para mejorar las infraestructuras.

La idea de Trump sería que Cuba siguiera el curso de Venezuela, donde todo el aparato chavista permanece intacto, con Delcy Rodríguez a la cabeza, pero se está dando una apertura económica que monitoriza Estados Unidos. Recientemente el embajador de EEUU en La Habana, Mike Hammer, decía que ya tenían en mente quién podría ser quien hiciera el papel de Delcy en Cuba. Todo indica que los descendientes de los Castro no están descartados y Pérez-Oliva Fraga tiene la ventaja de que no se aprecia su conexión porque es descendiente directo de la hermana de Fidel y Raúl. Por ello no lleva el apellido Castro. Es además un pragmático que está controlando el paso a paso de las reformas económicas.