La administración de Donald Trump ha anunciado este jueves su intención de levantar parcialmente las sanciones al petróleo iraní, en un giro inédito de su política de “máxima presión”, con el objetivo de contener la escalada de los precios del crudo provocada por la guerra con Irán, un día después del ataque israelí contra el yacimiento de gas South Pars, el mayor del mundo, en Irán.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha explicado que la medida permitiría liberar unos 140 millones de barriles iraníes actualmente en el mar, en un intento de aumentar la oferta global y aliviar la presión sobre los consumidores estadounidenses. “En esencia, utilizaremos los barriles iraníes contra los propios iraníes para mantener los precios bajos durante los próximos 10 o 14 días”, ha afirmado en una entrevista, según detalla The New York Times.

La decisión refleja la paradoja económica del conflicto: pese a las sanciones, Teherán ha seguido exportando petróleo —principalmente a China— y se está beneficiando del alza de precios derivada de la guerra, con ingresos estimados superiores a 100 millones de dólares diarios.

Desde la Casa Blanca, Trump defendió la estrategia al asegurar que hará “lo que sea necesario” para contener los precios energéticos, aun reconociendo el impacto económico del conflicto. “Sabía que atacar a Irán podría hacer subir el petróleo y afectar a la economía, pero pensé que sería peor no hacerlo”, declaró.

El plan contempla también permitir el tránsito de petroleros iraníes por el estrecho de Ormuz y no descarta nuevas liberaciones de crudo de la reserva estratégica estadounidense. Sin embargo, varios analistas advierten de que la medida podría tener un impacto limitado, ya que no aumenta la producción y podría incluso reforzar financieramente a Teherán.

Expertos como Alex Zerden o Edward Fishman cuestionan la eficacia del plan y alertan de que Irán podría seguir incentivado a tensionar los mercados energéticos. “Para los iraníes, elevar los precios del petróleo mediante ataques o interrupciones sigue siendo su mejor jugada estratégica”, señalan.

El movimiento llega tras decisiones similares respecto al petróleo ruso y venezolano, evidenciando que Washington está recurriendo a todas las palancas disponibles para evitar que el encarecimiento del crudo derive en una desaceleración económica global.