Viktor Orbán es la pesadilla de cada Consejo Europeo. Y si uno de los asuntos tiene que ver con Ucrania, más aún. El primer ministro de Hungría, en plena campaña electoral, se ha negado a levantar su rechazo al préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania. Orbán, que se juega su reelección en las legislativas del 12 de abril, ha reactivado el enemigo ucraniano, al que culpa de todos los males del país. Frente a sus colegas del Consejo Europeo, la excusa es la rotura de Druzhba, el oleoducto que lleva petróleo ruso a Hungría y Eslovaquia a través de Ucrania. Orbán es el líder de la UE favorito de Trump, de Putin, y de los ultranacionalistas europeos.

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Varios líderes dejaron clara su irritación con Orbán, quien se negó a ratificar el préstamo acordado el año pasado debido a esta disputa sobre el oleoducto. El primer ministro húngaro había acordado en diciembre no oponerse a cambio de no participar en el préstamo. Ahora se retracta. La razón es puramente electoral: ha empapelado las calles de Budapest y otras ciudades húngaras con el rostro de Zelenski para acusarle de todo lo que va mal en el país. El mensaje hace las delicias de Vladimir Putin, con quien Orbán mantiene buena relación.

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Kaja Kallas, la jefa de política exterior del bloque, ya avisó a primera hora del jueves que no veía que se pudiera aprobar el préstamo antes de las elecciones en Hungría del 12 de abril. Con las encuestas en contra por la pujanza del opositor Peter Magyar, Viktor Orbán se enfrenta al desafío más serio de su mandato de 16 años. Orbán no actúa de buena fe, dijo Kallas. Pero a Orbán, muy en línea con Trump, eso de la buena fe le suena a chino.

El incumplimiento del acuerdo por parte de Orbán ha enfurecido a los líderes de la UE, ya que socava el proceso de toma de decisiones de la Unión en un momento en que Ucrania se está quedando sin fondos. Es vital para que Ucrania pueda hacer frente a la maquinaria de guerra de Rusia. Por ello, los responsables de la UE querían que la ayuda empezara a llegar en abril. Con Orbán parece que será imposible.

El primer ministro de Finlandia, Petteri Orpo, afirmó que Orbán estaba utilizando a Ucrania "como arma" en su campaña electoral. Y añadió: "Creo que nos ha traicionado". También Bart De Wever, primer ministro de Bélgica, expresó su descontento ya que Orbán se echaba atrás después de haber aceptado dar luz verde. Ante el propio Orbán, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, dijo que el comportamiento de Hungría era "inaceptable".

El pretexto del oleoducto

Orbán insistió en dar la vuelta a la cuestión con alusiones al oleoducto dañado: "Nos gustaría recuperar el petróleo que es nuestro de los ucranianos y que está… bloqueado por los ucranianos. Nunca apoyaré aquí ningún tipo de decisión que favorezca a Ucrania [mientras] los húngaros no podamos recuperar el petróleo que nos pertenece". Es decir, la Hungría de Orbán sigue comprando petróleo a Rusia y, como si no hubiera una guerra en el territorio ucraniano, pretende que Kiev vigile el paso del oleoducto con crudo para Hungría. Cuando esos ingresos van a parar a financiar a su agresor.

Esta semana, Zelenski ha aceptado ayuda financiera y técnica de la UE para reparar el oleoducto. Pero Orbán sigue sin darse por satisfecho. En realidad, no lo hace porque su campaña contra Ucrania y contra la UE se desmoronaría si cede.

Para tratar de que los húngaros se olviden de cómo la economía está maltrecha arremete contra Zelenski, y describe a su rival como un agente de Bruselas y de Kiev. Incluso le acusa de querer llevar a Hungría a la guerra con Ucrania, por representar una posición similar a la de otros países de la UE.

El recurso al miedo

Tradicionalmente Orbán busca movilizar con el miedo. En 2018, cuando Orbán aspiraba a un tercer mandato consecutivo como primer ministro, trató de avivr los temores sobre la migración. En 2022, mientras los votantes acudían a las urnas cinco semanas después de que Rusia lanzara su invasión a gran escala de Ucrania, Orbán difundió la afirmación infundada de que la oposición enviaría tropas húngaras a luchar en la guerra.

En estas elecciones, ha reforzado ese temor a la guerra en Ucrania. Los enemigos para Orbán están claros: los burócratas de Bruselas contrarios a la idiosincrasia húngara, y los ucranianos, dispuestos a dejar sin energía asequible a los húngaros.

Bienvenido Mr. Vance

La gran esperanza del primer ministro húngaro era contar con el presidente de Estados Unidos en su campaña. La guerra en Irán ha malogrado sus planes, ya que Trump ni siquiera va a dejar Washington en abril para encontrarse con Xi en Pekín, como estaba anunciado. Quien sí viajó a Budapest en febrero fue el secretario de Estado, Marco Rubio. Y en breve va a brindar su respaldo a Orbán será el vicepresidente J.D. Vance.

Orbán representa para J.D. Vance la Europa de valores ultranacionalistas tan de su gusto. El viaje a Budapest brindará a Vance la oportunidad de distanciarse de Washington en un momento en que se notan cada día más los errores de la intervención contra Irán. Vance, puro aislacionista, no es partidario de la guerra contra Irán, pero no puede decirlo. Ha quedado de manifiesto ya que no ha hecho proclamas incendiarias como el secretario de Defensa, Pete Hegseth.

Patriotas europeos con Orbán

En Budapest podrá defender sus principios MAGA aplicados a territorio europeo. Si repitiera su polémico discurso de la Conferencia de Múnich de 2025 sería aclamado. Probablemente viajará el fin de semana. El sábado hay una cumbre de la Conferencia Política de Acción Conservadora en la que participará el primer ministro checo, Andrej Babis, el ex primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, el líder de Vlaams Belang, Tom Van Grieken, y el líder de Chega, André Ventura. De momento no está anunciado Vance en este foro.

A su vez, el lunes se celebra en la capital húngara la primera Gran Asamblea de los Patriotas, organizada por la Fundación para una Hungría Cívica. Asistirán al evento los líderes de la comunidad política Patriotas por Europa. Participarán la líder del grupo parlamentario de Reagrupación Nacional, Marine Le Pen; el viceprimer ministro italiano Matteo Salvini; el líder de Vox, Santiago Abascal; el presidente del Partido de la Libertad de Austria, Herbert Kickl, y el líder del Partido de la Libertad holandés, Geert Wilders. Todos arroparán la candidatura de Viktor Orbán, quien lleva en el poder desde 2010.

Ahora se enfrenta al mayor desafío en más de tres lustros. Peter Magyar, que proviene del Fidesz, lleva tiempo trasladando a los húngaros un mensaje alternativo al de Orbán. Aventaja por más de diez puntos de ventaja en los sondeos, pero la maquinaria electoral al servicio de Orbán puede frenar sus aspiraciones en estas tres semanas largas. Magyar promete acabar con la corrupción y volver a tener peso en Europa, y no actuar como un quintacolumnista. Para muchos es una elección crucial entre la deriva autoritaria al estilo de Putin o Trump, y la democracia, con sus defectos, pero democracia europea.