Hacia la victoria (Fel Gyözelemre). El lema de la Conferencia de Acción Política Conservadora, celebrada este fin de semana en Hungría, es inapelable. La ultraderecha global, desde los americanos Donald Trump hasta Javier Milei, hasta los europeos Santiago Abascal o Alice Weidel, se han conjurado para acudir al rescate de Viktor Orbán. El primer ministro de Hungría aspira a mantenerse en el poder tras las elecciones del 12 de abril. Sería su quinto mandato consecutivo. Pero también está dispuesto a ayudar el líder ruso, Vladimir Putin. No hay líder más favorable a los intereses del Kremlin: fomenta la división de Europa y es antiucraniano.

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No hay más que ver los carteles electorales que decoran las calles de Budapest, la capital húngara donde vive la tercera parte de la población del país. Al candidato de la oposición, el liberal Péter Magyar, el gubernamental Fidesz le asocia con Volodimir Zelenski, presidente de Ucrania. Un Zelenski sonriente y con gesto diabólico saluda a los húngaros desde las marquesinas de los autobuses. "Ne hagyguk, hagy Zelenskig evessen a végén (no dejemos que Zelenski se salga con la suya). También puede verse a Zelenski junto a Magyar y Von der Leyen: "Ök a kocházat (aquí está el riesgo)". Para muchos húngaros es "pura propaganda", como dice la joven que nos traduce los mensajes. Pero el objetivo está claro: movilizar al votante afín, que desde 2010 lleva dando la victoria a Orbán.

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El enemigo es Zelenski. Atizar el miedo a la guerra y le sirvió a Orbán en 2022 y confía en que esta vez el ciudadano se crea que el alza en los precios se debe a la rotura del oleoducto de Druzhba por el que Hungría seguía recibiendo petróleo ruso, y no ala guerra que han promovido dos aliados de Orbán, Trump y Netanyahu, contra Irán. En otros carteles el rostro de un Orbán serio, con aire de hombre de Estado, ilustra su consigna antibelicista: "Unámonos contra la guerra". Es decir, unámonos contra Magyar, el aliado de Zelenski y Von der Leyen. Como si la agresión contra Ucrania no fuese obra de su admirado Vladimir Putin, a quien ha seguido viendo y elogiando sin rubor en estos cuatro años de guerra.

El plan 'Gamechanger' del Kremlin

Prueba de que a Putin le importa mucho que Orbán siga siendo primer ministro de Hungría es la llamada operación Gamechanger, desvelada por The Washington Post. Una unidad del servicio de inteligencia exterior ruso comenzó a alertar el mes pasado sobre la drástica caída del apoyo público al primer ministro Viktor Orbán. En los sondeos el Fidesz va nueve puntos por debajo de Tisza, según la media de sondeos de Politico. A los rusos les inquietó que la insatisfacción también es mayoritaria en las zonas rurales, tradicional bastión de Orbán.

Dadas estas circunstancias, los servicios de Inteligencia rusos habrían recomendado a Orbán una estrategia para conseguir un cambio de tendencia. Los agentes propusieron "la puesta en escena de un intento de asesinato contra Viktor Orbán". Las preocupaciones por el mal desempeño de la economía se trasladarían entonces al terreno emocional y a la preocupación por la seguridad y la estabilidad. No se han dado ataques contra Orbán, aunque el primer ministro sí ha denunciado amenazas desde Ucrania contra él y su familia.

Los rusos probablemente habrán recordado cómo el ataque sufrido por Trump en julio de 2024, en el que resultó herido leve, menos de cuatro meses antes de las elecciones, le transformó de la noche a la mañana en un héroe. Sus índices de popularidad repuntaron gracias a su imagen de líder resiliente.

Según ha revelado el periodista húngaro Szabolc Panyi, Rusia pretende repetir la operación de sabotaje en Hungría la operación de sabotaje que perpetró en las elecciones parlamentarias en Moldavia el otoño pasado. También aseguró, citando fuentes de varios países occidentales, que Putin ya ha enviado un equipo a Hungría para difundir información falsa, preparar "kompromats" y financiar manifestaciones.

The Guardian ha publicado también que la misión de la OSCE para investigar la integridad de las elecciones húngaras ha estado encabezada por la ex traductora de Putin, Daria Bojarskaja. A su vez The Washington Post ha publicado que el ministro húngaro de Exteriores, Péter Szijjártó, estaba al habla con el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, durante reuniones del Consejo de la UE.

Quintacolumnista en Bruselas

Orbán se ha convertido además en el mejor activo político de Putin en Bruselas. Durante años, se limitó a amenazar con vetar la ayuda a Ucrania, pero en las últimas semanas ha cumplido su promesa. Ha bloqueado un paquete masivo de ayuda de la UE para Kiev (90.000 millones de euros). Si no lo recibiera, el Estado ucraniano podría dejar de funcionar en los próximos meses. El pretexto es la suspensión del oleoducto Druzhba, que, según sostiene Orbán, los ucranianos dañaron deliberadamente.

"Hasta que el petróleo vuelva a fluir y los ucranianos se disculpen, los consideraremos enemigos", dijo Orbán ante el cónclave conservador en Budapest. Cerró el foro el presidente argentino, Javier Milei, que estuvo precedido del líder de Vox y presidente de los Patriotas Europeos, Santiago Abascal.

Para la ultraderecha de América y Europa, Viktor Orbán es un referente y un precursor. Lleva años defendiendo un discurso ultranacionalista, antimigratorio y euroescéptico. En su intervención en el CPAC, aseguró que con Trump en la Casa Blanca el mundo es un mundo mejor, ya que la ideología woke y la teoría de género están en retroceso, hay un resurgir de la cristiandad, y se ha puesto freno a la "locura verde" (la lucha contra el cambio climático) y a la inmigración masiva. Añadió que el mayor logro de las fuerzas globalistas y progresistas sería que Hungría cayera en sus manos en las próximas elecciones.

A la espera de Vance

A la cita del sábado se esperaba que asistiera el vicepresidente J.D. Vance, a quien esperan en Budapest para dar un impulso a su aliado Viktor Orbán. La aspiración del primer ministro húngaro era dar un mitin junto a Donald Trump, pero la evolución de la guerra en Irán hace difícil que el presidente estadounidense pueda dejar EEUU. De hecho, ha suspendido su viaje a China. Vance, que hasta esta guerra contra Irán era antibelicista, tampoco lo tiene fácil.

En febrero sí se acercó a Budapest el secretario de Estado, Marco Rubio, después de asistir a la Conferencia de Seguridad de Múnich. Entonces, Rubio le dijo a Orbán: "Tu éxito es nuestro éxito. Porque esta relación que tenemos aquí en Europa Central a través de usted es tan esencial y vital para nuestros intereses nacionales en los años venideros".

De hecho, el belicismo de Trump coloca a Orbán en una difícil tesitura. ¿Cómo va a defender su pacifismo delante del presidente que ahora está al mando de la operación contra Irán, junto a Netanyahu? En todo caso, Trump envió un mensaje grabado a Orbán y los ultraconservadores en el que elogiaba a Orbán. "Ha demostrado al mundo entero que lo que es posible conseguir cuando defiendes tus fronteras, tu cultura, tu herencia, tu soberanía y tus valores", dijo Trump.

Sin embargo, los datos apuntan a que Orbán ha llevado a Hungría desde 2020 al declive económico. Sufre una inflación galopante (la mayor de la UE), un florín en caída libre y unas perspectivas de crecimiento muy dudosas. El PIB per cápita con paridad de poder adquisitivo (48.600 dólares) es inferior al de Rumanía (49.200 dólares) o Rusia en guerra (49.300 euros). Istvan, profesor universitario con un sueldo mileurista, confiesa que la cesta de la compra es cada vez más cara. Sin embargo, Hungría encabeza el ránking de países más corruptos de la UE, según Transparencia Internacional.

Los líderes ultraderecha europea no hacen caso de las denuncias de corrupción ni de los datos sobre el coste de la vida, evidentes si este fin de semana han acudido a algún restaurante de Budapest y han pagado de su bolsillo. Para Alice Weidel, la líder de Alternativa para Alemania, Orbán es ejemplar porque pone en su sitio a Bruselas y se planta frente a Kiev, "uno de los regímenes más corruptos". Ahí sí que le duele la corrupción a Weidel.

Un lunes 'patriótico'

Este lunes de nuevo será una jornada en la que Orbán presumirá de apoyos internacionales. El presidente de Polonia, el nacionalista Karol Nawrocki, se desplaza a Budapest a brindarle su apoyo, a pesar de que el vínculo de Orbán con Putin debería mantenerle alejado de su órbita. En su cuenta de X, el primer ministro polaco, el liberal Donald Tusk, ha calificado el viaje como "un error fatal y una confirmación de una peligrosa estrategia para debilitar a la Unión Europa y fortalecer a Putin".

Además, van a congregarse este lunes en el Parque del Millenáris de Budapest los principales dirigentes de los Patriotas para celebrar su primera Gran Asamblea. Están anunciados Marine Le Pen, jefa del grupo parlamentario de Reagrupación Nacional; Matteo Salvini, viceprimer ministro de Italia; Geert Wilders, líder del Partido de la Libertad de Países Bajos; y el líder de Vox y presidente de los Patriotas, Santiago Abascal. De él dijo Orbán: "Es mi jefe. No podríamos tener un jefe mejor que tú".

Para Santiago Abascal, "en Hungría se juega mucho más que la soberanía de Hungría". El líder de Vox advirtió de que si el gobierno de Orbán cayera, "Europa dejaría de ser Europa a pasos agigantados".

Es cierto que es una "elección existencial" para los húngaros, indica Daniel Mikecz, investigado del instituto Republikon: "Decidimos si queremos seguir formando parte de Occidente o, en última instancia, alinearnos con Rusia".