"Siempre hemos defendido las conversaciones de paz y el alto el fuego". Discreción máxima en el Ministerio chino de Exteriores sobre su implicación en la tregua alcanzada in extremis entre EEUU e Irán. Faltaban menos de dos horas para que se cumliera el ultimátum lanzado por Donald Trump en el que instaba a Irán a permitir el paso por el estrecho de Ormuz si quería evitar ser arrasada. Ha sido la mediación de Pakistán la que se ha conocido públicamente, pero China dio su toque al final para que Irán se mostrara flexible. Para Irán, China es más que un socio comercial que adquiere petróleo. Es la potencia que ha apostado por que sus rutas hacia el oeste pasaran por su territorio y la que le ha ayudado a salvar las sanciones occidentales.

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Pekín ha utilizado su influencia sobre Teherán para que aceptara un alto el fuego con Washington. Contra pronóstico y después de amenazas insólitas de Trump, Irán aceptó una tregua de dos semanas que sirva de base para negociar un acuerdo de paz. Aún es muy frágil este intento debido a que Israel pretende seguir atacando el Líbano.

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El eje China-Pakistán-Irán

Pakistán ha llevado la voz cantante, pero a instancias de China. Las relaciones de Pakistán con China son también excelentes: los préstamos chinos permiten sobrevivir a la maltrecha economía de Pakistán.

A China no le interesaba que la guerra se prolongara. No le beneficiaría una recesión global, pero tampoco quería que sus aliados del Golfo Pérsico se vieran expuestos a la ira del régimen de los ayatolás en represalia por acoger bases de EEUU. El acuerdo contempla que Irán permita el paso por el estrecho de Ormuz, aunque pretende obtener rédito por ello. Aún queda mucho por hacer para llegar a una paz que pueda sostenerse en el tiempo pero se ha evitado un momento apocalíptico. El primer gran escollo se debe a que Israel pretende seguir atacando el Líbano.

"China se posicionó en contra de la agresión de EEUU e Israel cuando supimos del ataque y en momentos clave como en el Consejo de Seguridad. La inestabilidad no la beneficia en absoluto. Irán es un socio estratégico de relevancia y un proveedor energético, aunque sus reservas son las mayores del mundo, equivalentes a cinco veces su consumo anual. Tenía muchos motivos para evitar que la guerra continúe y para mediar", afirma Xulio Ríos, fundador y asesor emérito del Observatorio de Política China

Desde el principio China movió fichas para que se avanzara hacia una solución negociada. A finales de marzo Pekín invitó al ministro de Exteriores de Pakistán a establecer contactos y formular una primera hoja de ruta. La semana pasada, el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, se reunió en Pekín con funcionarios paquistaníes.

Previamente, habían hablado en Islamabad con representantes de Turquía, Arabia Saudí y Egipto para discutir una posible solución al conflicto. Mientras Trump aludía a los esfuerzos de sus mediadores, Steve Witkoff y Jared Kushner, en realidad era Wang Yi quien tejía lazos. Ha demostrado que tiene acceso a todas las partes y capacidad para resolver una crisis mayúscula.

Presión y apoyo: estrategia combinada

Por un lado, China ha mostrado su respaldo a Irán en la ONU al votar contra una resolución del Consejo de Seguridad que podría haber allanado el camino para una acción militar que abriera el estrecho de Ormuz. Pero a la vez presionaba al régimen de los ayatolás para evitar la escalada.

Al lograr el de Irán a este primer paso hacia la paz, China ha logrado consolidarse como un actor global de peso. "De cara a los países de la región queda claro que Estados Unidos e Israel fueron los que crearon el problema y es China quien pone los medios para arreglarlo.  En términos estratégicos eso le va a beneficiar. A nivel global la imagen de Trump y EEUU está por los suelos, mientras que la imagen de China sigue mejorando asociada a desescalada, paz, estabilidad…", añade Xulio Ríos.

También llegamos a pensar que China estaba disfrutando al ver cómo la potencia rival, Estados Unidos, estaba empantanada en una guerra que iba a causarle graves daños. La última portada de The Economist reflejaba a un Xi Jinping esbozando una sonrisa y un Trump desaforado. El mensaje era muy claro: "No interrumpas a tu enemigo cuando se está equivocando". El aforismo de Napoleón para explicar cómo China iba a salir vencedora de la guerra que había ideado Netanyahu, quien convenció a Trump de que ahora era el momento de mayor debilidad de los ayatolás, una ocasión que no podían desaprovechar para acabar con las aspiraciones nucleares de Irán y propiciar un cambio de régimen.

Efecto en Taiwán

Sin embargo, Xulio Ríos cree que es realmente de la paz de lo que pude sacar más rentabilidad China. "China juega en clave regional, global y bilateral. Su participación a la hora de conseguir un alto el fuego puede servirle muy bien con vistas a la cumbre de mayo, cuando se vean Trump y Xi en Pekín. Xi quiere buscar una acomodación razonable en la relación con Trump. Jugar un papel destacado en la estabilización ahora le otorga un plus de importancia. Eleva la estatura política de Xi y el papel de China. Para Trump es un alivio importante", señala el investigador.

Y recalca su efecto sobre la cuestión que obsesiona a China: Taiwán. "Con este favor a Trump será más complicado que rechace hacer algo pronunciamiento sobre Taiwán. China busca que Trump rechace la independencia de Taiwán", apunta Xulio Ríos. De este modo, la mariposa mueve sus alas en Teherán y provoca un tsunami en Taipei. Como apunta Ríos, la próxima portada de The Economist debería ser un Xi al rescate del soldado Trump.