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La ecologista Sheinbaum defiende el fracking: "Hay que estar abiertos a nuevas tecnologías"

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, durante su conferencia de prensa matutina en el Palacio Nacional de la Ciudad de México.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, durante su conferencia de prensa matutina en el Palacio Nacional de la Ciudad de México | Isaac Esquivel / EFE

En una sorprendente declaración desde el Palacio Nacional, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha defendido la apertura de México hacia tecnologías de extracción de gas no convencional mediante la fracturación hidráulica (fracking), una postura que choca con sus promesas de campaña. Sheinbaum ha argumentado que el uso de nuevas técnicas permite una extracción de los recursos de gas con un "bajo impacto ambiental", lo cual las diferenciaría del fracking tradicional, el cual en teoría seguiría descartando por generar graves daños ecológicos. 

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Sheinbaum explicó que este movimiento ayudaría a fortalecer la soberanía nacional y justifica este viraje —contrario a la política del sexenio anterior, bajo la presidencia de su mentor político Andrés Manuel Lopez Obrador— señalando que la tecnología actual, utilizada en países como Canadá y Estados Unidos, emplea sustancias biodegradables y menos químicos nocivos ecológicamente, lo que facilitaría la extracción de gas natural y ayudaría a reducir la dependencia a las importaciones estadounidenses. "Hay que estar abiertos a estas nuevas tecnologías para fortalecer la soberanía nacional", afirmó.

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La realidad material denunciada por Greenpeace

Pese a la narrativa del "bajo impacto" esgrimida por Sheinbaum acerca del fracking de nueva generación, organizaciones como Greenpeace México califican el primer año de la administración como "agridulce" y denuncian una falta de cambio de ruta en la política ambiental. El análisis del presupuesto federal de México para 2026 revela que la protección del medio ambiente no es una prioridad financiera: el Anexo 16, destinado a la mitigación del cambio climático, se concentra mayoritariamente en megaproyectos y militarización del país en lugar de la conservación de espacios naturales.

Un ejemplo de ello son las obras que se realizarán en la Selva Maya. Mientras la terminal de carga de Cancún del Tren Maya —que deforestará 261 hectáreas— tiene un costo proyectado de 7,760 millones de pesos mexicanos (casi 400 millones de euros), el presupuesto federal para la restauración de ecosistemas y especies prioritarias es 60 veces menor que ese solo componente de infraestructura.

Además, la conservación de estos espacios verdes apenas recibe el 3.7% del total del Anexo 16. En términos prácticos, el presupuesto para las Áreas Naturales Protegidas equivale a menos de 1 peso anual por hectárea para su vigilancia y cuidado.

Por tanto, la postura de Greenpeace entra en confrontación con las declaraciones de la presidenta Sheinbaun. Desde la organización advierten que ningún compromiso climático será suficiente mientras se invierta en técnicas como el fracking, el cual es propuesto como un pilar del plan de recuperación de PEMEX, contradiciendo la promesa de una transición energética justa.

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