Este domingo Donald Trump y Vladimir Putin aspiran a que su amigo Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, logre su quinto mandato consecutivo. Con los sondeos en contra, pero con un sistema electoral blindado a su favor, Orbán aspira a imponerse al opositor Péter Magyar, líder de Tisza, quien se ha empeñado a fondo en la Hungría rural, bastión del Fidesz, el partido en el poder. En la campaña ha quedado claro cómo el primer ministro húngaro colabora con el Kremlin contra los intereses de la UE. Con aliados así la UE difícilmente puede avanzar.

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Ha sido una campaña excepcional. Orbán ha recurrido al enemigo externo, Ucrania, para justificar la pérdida de nivel de vida en Hungría. El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, aparecía en los carteles junto a Péter Magyar, como si fuera un candidato más. Primero acusó a Kiev de sabotear el oleoducto Druzhba por el que llegaba petróleo ruso a Hungría. Luego de un intento fallido en Serbia, desmentido incluso por la Inteligencia militar serbia.

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Todas estas acusaciones se comprendieron mejor cuando se desveló que el ministro de Exteriores de Hungría, Péter Szijjárto, pasaba información al jefe de la diplomacia rusa, el experimentado Sérguei Lavrov, en las pausas de los consejos de ministros de la UE. También se supo cómo Orbán le había dicho a Putin que estaba "a su servicio". Y todo ello sin la menor sombra de vergüenza.

Al contrario, el Gobierno húngaro respondió con amenazas al periodista Szabolcs Panyi, quien en entrevista con El Independiente suscribía que el vínculo entre Orbán y Putin data de 2009, cuando él aspiraba a volver al poder tras ocho años en la oposición, y el líder ruso buscaba un aliado en la UE para socavar los intereses comunitarios.

Al rescate de Orbán, que por primera vez ha visto enfrente una amenaza seria, han acudido en la campaña desde el vicepresidente de EEUU, J.D. Vance, hasta los principales espadas de los Patriotas europeos, entre ellos Santiago Abascal. Vance compareció junto a Orbán para denunciar la injerencia de Bruselas en las elecciones húngaras. Como si su intervención en un mitin, y su promesa de ayuda, fuera una declaración de amor incondicional, sin relación alguna con las elecciones. Incluso Trump dedicó unas palabras a su amigo en sus redes sociales y le saludó en un mitin.

Suspense hasta el final

Los sondeos no han dado respiro a Orbán en esta ocasión. Desde hace semanas Tisza aventaja por diez puntos al Fidesz. Pero según cómo se reparta esa ventaja puede tener más escaños el partido con menos votos. Orbán ha dibujado los distritos de la forma que más favorece y es posible cambiarse de lugar de votación, de modo que el Fidesz puede desplazar voto allí donde tiene más dificultades.

Las últimas encuestas antes de la jornada electoral del domingo son muy diferentes según quien las haga. Medián, independiente, prevé la victoria de Tisza con una proyección de escaños que le garantizaría la mayoría de dos tercios en el Parlamento que cuenta con 199 escaños. Tendrían entre 138 y 142.

Kutatóközpont también indica que el partido de Magyar tendrá una mayoría de dos tercios. Otras dos encuestadoras le dan la victoria pero por menor margen. Sin embargo, las empresas más alineadas con el gobierno atribuyen al Fidesz una ventaja de cinco a ocho puntos. La batalla se decidirá en ciudades como Debrecen, Szolnok y Györ.

El cambio en marcha

Para Péter Magyar los últimos días de campaña han sido agotadores. Ha programado hasta 29 mítines electorales. Atrae multitudes allá donde va. Intenta dar imagen de político cercano, con ropa casual y dejándose abrazar por los seguidores. Cada voto cuenta. Lo sabe Magyar, quien formó parte de la élite que rodea a Orbán. Estuvo casado con quien fuera ministra de Justicia, Judit Varga. A los que le acusan de traición les responde con su lealtad a principios, más que a personas. Según Magyar, esos principios se habían quebrantado por la corrupción y el nepotismo incluso con quienes cometían delitos como la pederastia.

"La revolución de 1989 fue cosa de las élites. Ahora se ha puesto en marcha un movimiento masivo a favor del cambio. En la historia de la Hungría democrática nunca ha habido nada parecido", explica Robert Laszlo, experto del instituto Political Capital de Budapest.

"No creo que Orbán vaya a amañar las elecciones. En cada una de las aproximadamente 10.000 mesas electorales hay un representante de Tisza. Además, la Comisión Electoral Central, a diferencia de la mayoría de las instituciones estatales subordinadas al régimen, ha conservado su independencia y un alto nivel de calidad. Esto se debe a que, en el llamado 'sistema de autoritarismo competitivo' que ha construido, Orbán necesitaba legitimar su poder. Por supuesto, habrá intentos de comprar votos, de obligar a mostrar en el trabajo las papeletas con la cruz junto a los candidatos de Tisza. Pero el fraude electoral al estilo de Putin no es posible en Hungría", sostiene Robert Laszlo.

La deriva económica

Viktor Orbán ha ganado cuatro elecciones parlamentarias consecutivas. ¿Por qué ahora parece abocado a la derrota? "La razón fundamental es el colapso de la economía. Desde hace cinco años, Hungría no crece y la inflación, la más alta de la Europa unida, ha diezmado los ingresos de la clase media: uno de los pilares del Fidesz. Pero la segunda razón es la extraordinaria personalidad política que ha demostrado tener Péter Magyar. Por primera vez ha surgido una alternativa creíble a Orbán. Bajo el liderazgo de Magyar, la oposición se ha unido. Los húngaros ven en él al futuro primer ministro", afirma Martin Jozsef Peter, director de la sección de Transparency International en Hungría.

En su opinión, si el margen de victoria de la oposición es significativo, el líder de Fidesz reconocerá su derrota, aunque echará la culpa a la supuesta injerencia de Ucrania y de la Unión Europea. Sin embargo, si el resultado fuera mucho más reñido, el primer ministro, según Martin Jozsef Peter, exigiría un recuento de votos.

"¡Rusos fuera!"

En la campaña electoral se ha visto a un Orbán cansado y sin ideas en contraste con un Magyar, centrado en los problemas concretos. A los húngaros les ha sorprendido, según los periodistas locales, lo estrechamente vinculado que está el gobierno de Orbán con el Kremlin. El miércoles pasado, en Sopron, Orbán no pudo comenzar a hablar en el mitin porque la gente coreaba el lema de la revolución de 1956: ¡Rusos fuera (Ruszkik haza)!

Para distanciarse de Orbán, Magyar comenzó a adoptar con cada vez más audacia una postura proeuropea. En caso de victoria, la primera capital que visitará sería Varsovia y después Viena y Bruselas.

Aunque Hungría es un país pequeño, de diez millones de habitantes, situado en la periferia oriental de la Unión, desde Bruselas a Moscú, y también en Washington, se seguirán de cerca las elecciones del domingo. Los Patriotas, entre los que se encuentra Vox, ven a Orbán un referente. Una victoria de Orbán sería el pistoletazo de salida para las elecciones en 2027 en Francia, España, Italia y Polonia. También Donald Trump lo ve como un aliado en la díscola Europa. Y para Putin es fundamental para socavar la Unión.

La derrota de Orbán daría esperanzas a quienes confían en que sea el principio del fin de la era de los hombres fuerte y su deriva autoritaria.