Antes de que la líder opositora María Corina Machado se dirigiese a miles de personas en la Puerta del Sol este sábado en Madrid, un joven venezolano salió al escenario junto a su madre. Para Domingo Ondiz, un "momento Netflix", que marca toda una vida dedicada a la música. Entre medias, años de sacrificios, pero también de pequeñas victorias.
Criado en la caribeña Maracaibo, desde niño vivió la influencia de elementos afro, indígena y estadounidense en la cultura musical de su ciudad. Creció escuchando a su madre componer, en un ambiente muy bohemio. Ella era fotógrafa; su padre, profesor universitario. "En mi casa se hablaba de ideas de todo tipo", recuerda.
Nunca le faltó de nada en casa: "Mis padres tuvieron el arte de hacerme sentir rico". En este ambiente, en el que su madre hacía de cualquier detalle una canción, aprendió a disfrutar de las cosas pequeñas.
De niño le gustaban la física y la historia. Más tarde, cuando entró a la universidad, se decidió por el periodismo. Sin embargo, nunca pudo terminar la carrera. "Iba a entregar la tesis, empezaban las protestas, cerraban la universidad". Así hasta tres veces. Domingo no era plenamente consciente en aquel momento, pero Venezuela estaba cambiando.
Caída en picado
Las transformaciones que vivió el país en aquellos años no fueron inmediatas, sino que el cambio fue paulatino. Nacido en 1993, Domingo tenía siete años cuando Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela. Con el paso del tiempo, iba viendo "más gente en la calle, más necesidad". Así, la libertad no desapareció de un día para otro.
En su etapa universitaria se interesó por la fotografía y comenzó a captar imágenes de las protestas que se iban sucediendo en las calles de su ciudad. "Todo era estudiantil, no había ningún movimiento militar", asegura. Aun así, su trabajo no gustó al régimen chavista: "Me fueron a buscar a casa, me monitorizaban, me intervinieron el teléfono".
Me fueron a buscar a casa, me monitorizaban, me intervinieron el teléfono
Según se recrudecía la violencia, Domingo se distanció de la oposición. Pero el régimen no olvidó. Tiempo después, un chavista al que en el pasado había desenmascarado cuando se infiltró en los movimientos estudiantiles le llamó. "Yo le contesté, le dije que me iba del país". "Qué bueno", le contestó.
Corría el año 2017 y en frente de su casa "había niños comiendo en la basura". Saturado de la difícil situación que atravesaba el país, hizo las maletas y se fue. Rumbo a España, de donde había huido su abuelo tras la guerra civil.
Vender CBD para no "prostituir" su música
Málaga fue su primer destino. En todo ese tiempo, Domingo no había olvidado su pasión, así que comenzó a grabar música. Un amigo le escuchó y le recomendó que se trasladase a Madrid. Siete meses después de haber llegado, volvió a mudarse, esta vez dentro de nuestro país.
"Me vine a Madrid con 300 euros y sin conocer a nadie más que un amigo que me prestó un colchón inflable", rememora. Guitarra en mano, comenzó a tocar en el Parque del Retiro. Allí conoció a Roy Borland, otro joven músico con el que hizo equipo y con el que acabaría participando en el programa La Voz.
Me vine a Madrid con 300 euros y sin conocer a nadie más que un amigo que me prestó un colchón inflable
Su paso por televisión le valió para crecer mucho musicalmente, y él y Roy tuvieron éxito. Sin embargo, con la llegada del covid cayeron "en picado". Para no "prostituir" su música, buscó trabajo, de cualquier tipo: relaciones públicas, camarero, recepcionista... Ahora trabaja en una tienda que vende productos CBD.
Mientras María Corina pronunciaba su discurso en la Puerta del Sol, él atendía tras el mostrador. "Eso es la vida". Prefiere quedarse con haberse subido al escenario, y no pensar que no ha podido quedarse a disfrutar del resto del acto: "A mí me encantan estos días porque te da tiempo de poder hacer todo".
Mucho más que un "pobre venezolano"
Frente a miles de personas, Domingo y su madre, Mirem, han entonado tonadas compuestas por ella, que parten de la tradición venezolana pero con un toque personal. "Era importante cantarlo allí, porque estamos rescatando el país que queremos, queremos traerlo de de vuelta", explica.
¿Cómo este singular dúo acabó cantando en el acto único de María Corina en Madrid? "Cuando me quedé sin nada en el covid, conecté con una ONG de refugiados venezolanos", detalla. Comenzó a tocarles música, forjando una relación que perdura hasta el día de hoy. Por eso querían que él estuviese en el escenario.
Yo soy una persona que transforma su realidad
La organización también le ayudó a traer a su madre a España. Durante la pandemia, Mirem enfermó de cáncer en Venezuela. Tras conocer la noticia, su hijo decidió hacer todo lo posible para que pudiese tratarse en España: "En diez días estaba acá". Junto a ella vino su padre, Mauricio.
Pese a todo, no le gusta que la gente lo vea como a un "pobre venezolano". Él es un luchador, asegura con orgullo. "Yo soy una persona que transforma su realidad". Por eso, es un firme defensor de usar todo lo que ha vivido como una "fuerza hermosa" con la que seguir adelante.
Aunque no ha podido hablar en persona con María Corina, sólo le pide una cosa: "Que ella cumpla, y yo ya voy a estar tranquilo".
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