El expresidente búlgaro Rumen Radev ha ganado este domingo las elecciones legislativas en Bulgaria con una amplia ventaja, aunque sin mayoría suficiente para gobernar en solitario, según los primeros sondeos a pie de urna.

Las estimaciones de las principales encuestadoras sitúan a Bulgaria Progresista –la formación creada por Radev tras dimitir como jefe de Estado en enero– entre el 37,5% y el 39,2% de los votos. Esta cifra le otorgaría hasta 111 escaños en un Parlamento de 240 diputados, lejos de la mayoría absoluta.

A gran distancia se sitúa el partido que ha dominado el Gobierno búlgaro en la última década, el conservador Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), del ex primer ministro Boiko Borisov, con alrededor del 16% de los apoyos. Por detrás quedan la coalición liberal europeísta Continuemos el Cambio-Bulgaria Democrática (PP-DB), con hasta el 14,3%, y la formación DPS-Nuevo Comienzo, con cerca del 8,4%.

También lograrían representación parlamentaria la formación ultranacionalista y prorrusa Resurrección, que cae hasta el entorno del 5% desde el 13% obtenido en octubre de 2024, y el Partido Socialista (BSP), heredero del antiguo partido comunista, con alrededor del 4,2 %.

Octavas elecciones desde 2021

Radev ha reconocido tras conocerse los sondeos que la victoria era esperada, pero ha subrayado la responsabilidad que implica el resultado. “Estamos preparados para distintas opciones que garanticen un Gobierno estable y regular en Bulgaria. Haremos todo lo posible para evitar unas nuevas elecciones”, ha afirmado.

Los analistas apuntan a que el exmandatario podría intentar formar un Ejecutivo en minoría con apoyos puntuales del BSP, con el que comparte posiciones críticas con la política hacia Ucrania y una visión más cercana a Rusia, así como propuestas en materia de lucha contra la corrupción y reducción de la pobreza.

Bulgaria ha celebrado estos comicios anticipados, los octavos desde 2021, en un contexto de fuerte desgaste político e inestabilidad institucional, con siete primeros ministros en los últimos cinco años. Este clima de hartazgo ha favorecido a Radev, que ha centrado su campaña en la regeneración del Estado, la lucha contra la corrupción y el impacto de la inflación en el nivel de vida.

Nacionalista y euroescéptico

Antiguo general y comandante de las Fuerzas Aéreas, Radev llegó a la Presidencia en 2016 como candidato independiente con el respaldo de los socialistas y revalidó el cargo en 2021. Durante su mandato mantuvo una relación tensa con Borisov y respaldó protestas ciudadanas contra la corrupción y el encarecimiento de la vida.

Su decisión de dimitir antes de concluir su segundo mandato para concurrir a estas elecciones respondió, según explicó, a la necesidad de “escuchar a los ciudadanos” en plena crisis política.

En el plano ideológico, combina un discurso nacionalista y euroescéptico con la defensa de la pertenencia a la Unión Europea y la OTAN, aunque aboga por reabrir el diálogo con Rusia, cuestiona las sanciones contra Moscú y se opone al envío de ayuda militar a Ucrania. También ha defendido priorizar la economía “por encima de ideologías” y revisar políticas europeas como el Pacto Verde.

Radev no ha ocultado durante la campaña su admiración por el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, derrotado la pasada semana en Hungría, y a quien considera un referente político. No obstante, se le atribuye un perfil más pragmático.