"Una nueva amenaza turca está emergiendo. Lo advierto: Turquía es el nuevo Irán. Erdoğan es un adversario sofisticado y peligroso que quiere cercar a Israel." Son palabras del exprimer ministro israelí Naftali Bennett. Durante los últimos meses, se ha producido una escalada retórica por parte de importantes figuras políticas y militares de Israel contra el Gobierno de Recep Tayyip Erdoğan. Fue también el caso del ministro de Cultura israelí, Miki Zohar, que no ha tenido reparos en invitar al Gobierno turco a atacar Israel. Según él, obtendrán el mismo resultado que ha sufrido el régimen de Irán. Así, ha comenzado a echar raíces en ciertos sectores israelíes la idea de considerar a Turquía como la nueva potencia rival de la región. Ya no como un vecino incómodo, sino como el próximo gran enemigo a batir, preparando el terreno para un posible choque militar a gran escala.
Sin embargo, Oriente Medio posee un panorama geopolítico mucho más complejo. Reducir la situación a la de dos polos enfrentados no refleja la verdadera dinámica de las relaciones entre los países de Oriente Medio.
¿Por qué Turquía?
Para comprender esta hostilidad actual, debemos mirar al pasado. El doctor en Relaciones Internacionales y profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona, Eduard Soler i Lecha, señala que "las tensiones no son nuevas", y sitúa el origen de la ruptura Turquía-Israel el 27 de diciembre de 2008. Durante la operación militar Plomo Fundido, Israel atacó la franja de Gaza sin comunicárselo a Erdoğan, quien mediaba para lograr un acuerdo de paz entre Israel y Siria. "Cuando Erdoğan se entera por la prensa, pocos días después de haber estado dando la cara por las intenciones israelíes, se rompe completamente la confianza entre ambos", explica.
Para el profesor Soler, establecer un paralelismo tan fuerte entre dos regímenes tan distintos como Turquía e Irán es un ejercicio peligroso. "Esa idea se crea para prepararnos para el choque", opina.
El relato israelí
Mientras el discurso político israelí insiste en esta amenaza existencial (una retórica liderada por figuras como el ex primer ministro Bennett), los principales think tanks y centros de estudios estratégicos ofrecen perspectivas que contrastan y matizan esta visión.
En un informe, el INSS israelí reconoce que la idea de comparar al país otomano con el régimen irání se ha popularizado en el país. No obstante, sus analistas advierten que Ankara no es Teherán. Turquía es miembro de la OTAN y mantiene fuertes lazos económicos con Occidente. Su amenaza, señalan, radica más en su poder militar, su presencia en Siria y su dura campaña diplomática contra el gobierno de Tel Aviv. Además, expertos de Brookings Institution sugieren que enfrentarse a un Estado con la fortaleza económica y las alianzas internacionales de Turquía resulta, a largo plazo, mucho más complejo para Israel que confrontar a un Irán prácticamente aislado internacionalmente.
Un Oriente Medio multipolar
En este complejo tablero, cada actor desempeña un rol fundamental con sus propios intereses estratégicos. Como recuerda Eduard Soler, todavía estamos en un Oriente Medio "muy multipolar". Por ejemplo: destaca que Turquía concibe la región desde una "paridad estructural", donde ningún país debe dominar por completo al resto.
Países como Arabia Saudí han protagonizado un claro acercamiento diplomático con Turquía tras años de ruptura, mientras Emiratos Árabes Unidos juega una carta mucho más autónoma, consolidando una notoria cercanía estratégica con Israel y alejándose de las directrices de Riad.
En el caso de Irán, a pesar de los daños sufridos recientemente por el ataque conjunto de EEUU e Israel, el país mantiene una gran capacidad de resistencia. Dar al régimen iraní por "terminado" supondría un error estratégico muy grave, y es precisamente ese factor el que enfría la posibilidad remota de un choque directo turco-israelí.
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