El presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, visitará España en octubre de 2026 en una visita de Estado invitado por el rey Felipe VI y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El viaje, confirmado por fuentes diplomáticas a principios de septiembre, cerrará un ciclo de normalización bilateral tras años de tensión y pondrá sobre la mesa energía, migraciones y seguridad.
Del enfriamiento al relanzamiento
Las relaciones entre Madrid y Argel vivieron su punto más bajo en 2022, cuando Argelia suspendió el Tratado de Amistad de 2002 y congeló el comercio con España después del giro español sobre el Sáhara Occidental. Desde entonces, ambos Gobiernos han trabajado en un deshielo progresivo que culminó con la visita de Sánchez a Argel el 20 de julio de 2026, la primera de un jefe de Gobierno español desde el inicio de la crisis.
En aquel encuentro, Sánchez y Tebboune acordaron reforzar el diálogo político y la cooperación en migración y lucha contra el terrorismo, además de anunciar la celebración en octubre de una Reunión de Alto Nivel, la primera desde 2018. La visita de Estado de Tebboune a Madrid se enmarca en ese calendario y servirá de contrapartida institucional al viaje de Sánchez a Argel.
Energía, migraciones y seguridad
La visita de octubre tendrá un fuerte componente económico y energético. Argelia es el principal suministrador de gas a España y, tras el encuentro de julio, se pactó aumentar alrededor de un 10% las exportaciones por el gasoducto Medgaz y duplicar el gas natural licuado transportado en buques metaneros. En un contexto europeo de diversificación de suministros, Berlín también ha mostrado interés en acuerdos con Argel, lo que añade relevancia estratégica a la relación bilateral.
Otro eje central será la migración. Frontex ha alertado de que la “vía argelina” es una ruta “muy atractiva” para las mafias, con llegadas irregulares a España que han crecido un 24%. Ambos países han incluido la gestión de flujos migratorios entre las prioridades de cooperación, aunque la detención en España del opositor argelino Ayoub Aissiou, encarcelado días después del viaje de Sánchez, ha añadido tensión al dossier.
La seguridad y la lucha antiterrorista completan la agenda. El comunicado tras la reunión de julio destacaba la voluntad de reforzar el diálogo en este ámbito, en una región donde la estabilidad del Magreb condiciona directamente la seguridad europea.
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— Algeria Project (@Algeria3New) September 4, 2026
President #Tebboune will visit Spain in October at the invitation of King Felipe VI & the Spanish Prime Minister. pic.twitter.com/YjBPlMZvq6
El factor Ceuta y la geometría variable del Magreb
La visita de Tebboune llega en un momento delicado para la política exterior española en el norte de África. A finales de julio, una entrada masiva de migrantes en Ceuta abrió una nueva crisis con Marruecos, mientras el Gobierno insistía en que no hay “evidencias sólidas” de que Rabat planificara el episodio. Algunos analistas vinculan esa presión fronteriza con el acercamiento a Argelia, tradicional rival de Marruecos.
En ese tablero, la visita de Estado argelina puede leerse también como un mensaje de equilibrio: España busca mantener una relación funcional con Rabat, sin depender en exceso de un solo socio, y al mismo tiempo consolidar a Argelia como socio estratégico en energía y seguridad. La próxima visita del rey Felipe VI a Ceuta y Melilla, anunciada por el Gobierno, reforzará el mensaje de soberanía mientras Madrid gestiona esta geometría variable.
Qué se espera de la visita de Tebboune
Más allá de los gestos protocolarios, la visita de octubre persigue resultados concretos. Se espera que ambas partes avancen en mecanismos de cooperación migratoria, incluya readmisiones, controles en origen y lucha contra las redes de tráfico. En el capítulo energético, el objetivo es blindar suministros a medio plazo y explorar nuevas fórmulas de colaboración, incluso con proyección europea.
En el plano político, la presencia de Tebboune junto a Felipe VI y Sánchez simbolizará el fin de la etapa de enfriamiento y el inicio de una nueva etapa en las relaciones bilaterales. Sin embargo, la sombra de la crisis de Ceuta y el caso del opositor encarcelado recuerdan que la normalización no estará exenta de fricciones.
Con esta visita de Estado, España intenta consolidar un equilibrio inestable pero necesario en el Magreb: mantener puertas abiertas con Marruecos, sin hipotecar la relación con un proveedor clave de gas y un actor central en la seguridad regional.
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