La crisis migratoria de Ceuta ha reabierto un debate que llevaba años latente sobre hasta dónde puede llegar Marruecos en su relación con España y qué margen tiene el Gobierno para proteger las ciudades autónomas sin deteriorar todavía más las relaciones con Rabat. Para Tesh Sidi, diputada de Más Madrid, la respuesta pasa por asumir que la política de apaciguamiento no ha funcionado y, al mismo tiempo, evitar respuestas populistas o una escalada con el país vecino.

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Sidi, de origen saharaui, conoce de cerca el temor que puede generar una presión sobre la frontera. Su madre vivió la Marcha Verde y los bombardeos posteriores. "No quiero comparar esto con una invasión ni muchísimo menos", advierte. Pero entiende que los ceutíes y melillenses puedan trasladar aquel imaginario a la situación actual.

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En conversación con El Independiente, reclama al Gobierno un mando único, una comunicación constante y una estrategia europea frente a Marruecos. Y lanza una advertencia sobre el principal temor que, a su juicio, explica la prudencia de los gobiernos españoles con Rabat.

La política de apaciguamiento no funciona

Pregunta.- ¿Cómo está viviendo lo que ha ocurrido en Ceuta durante el último mes y medio?

Respuesta.- Lo que está pasando en Ceuta es catastrófico en lo humanitario, catastrófico en la percepción social y está despertando miedos legítimos, en este caso del pueblo ceutí. Miedos que hemos sufrido los saharauis hace 50 años.

Mi madre me lo dijo, -explica- me dijo que, en su momento, al inicio de la Marcha Verde no se percibía una amenaza. Luego llegaron los bombardeos. No quiero comparar esto con una invasión ni muchísimo menos. La Marcha Verde fue una invasión, una entrada militar financiada por Francia y Estados Unidos y, por supuesto, impulsada por un mensaje del rey Hassan II. Pero sí puedo entender que el ciudadano de Ceuta o Melilla pueda llevarse a ese imaginario o a ese miedo futurible.

Y de eso es de lo que nos tenemos que hacer cargo. No podemos no hacernos cargo de una frontera muy sensible. Sobre todo porque hemos financiado a la otra parte, que en ese caso es Marruecos, con mucho dinero para no hacernos cargo de un derecho muy básico.

P.- ¿Qué cree que debería hacer el Gobierno?

R.- Creo que lo que se ha demostrado es que la política de apaciguamiento no funciona. La contundencia es igual de importante, porque la credibilidad en tu propia ciudadanía lo es incluso aún más.

Pero las soluciones no pueden ser populistas. Ni vamos a disparar a los que llegan, ni son invasores, ni vamos a declararle la guerra a Marruecos. Esto es diplomacia y tenemos herramientas en la Unión Europea, que es donde se aprueban ese tipo de acuerdos, para poder decir: "Oye, que también somos europeos".

No podemos estar apoyando férreamente que no invadan Groenlandia, estar también en solidaridad con las tropas de Ucrania y luego, cuando nos pasa algo a nosotros, decir: "No señalamos a Marruecos, tranquilos, que el fascismo ya señalará a los migrantes que no tienen culpa". Y es lo que está pasando ahí.

El Marruecos de ahora no es el de Aznar

P.- Desde la derecha lleva tiempo circulando la idea de que el PSOE le debe algo a Marruecos. Esta semana también el PNV ha abierto esa puerta. ¿Cree que la docilidad del PSOE hacia Marruecos responde a motivos estratégicos o que hay algo que no se está explicando a los españoles?

R.- No hay mayor motivo que dé más miedo para cualquier Gobierno que una Marcha Verde sobre Ceuta y Melilla. Es un elemento más que suficiente para que cualquier Gobierno que ostente el Ministerio de Exteriores tenga un miedo de sibilinaje. Le hemos dado la mayor herramienta de soberanía, que es la migración, a una dictadura y con eso puede hacer lo que sea.

Yo creo que hay un pánico por parte de todos los gobiernos porque Marruecos no es el Marruecos de Aznar. Y eso también lo quiero dejar claro. El Marruecos de Aznar era un Marruecos menos envalentonado.

El Marruecos con el que nos enfrentamos ahora está financiado por Estados Unidos, tiene el respaldo de Trump con los Acuerdos de Abraham y tiene toda la tecnología y acuerdos tecnológicos con Israel. Por lo tanto, tiene detrás a los que parece que están ganando ahora, que son fuerzas fascistas o postfascistas muy fuertes, y tiene la hegemonía y el apoyo hegemónico de Estados Unidos. Ahora se siente con la capacidad de hacer esto y no pedir ni entonar la culpa por la muerte de 141 personas.

Ahora bien, no creo que sea menor el lobby dentro del Partido Socialista por Marruecos. Que no tiene nada que ver con la política exterior o, al menos, si ha tenido algo que ver, ha sido con el cambio de posición sobre el Sáhara. Yo siempre he dicho esta frase: el mejor lobby que ha tenido Marruecos en España fue el Partido Socialista por Felipe González, que tiene relaciones muy estrechas. La propia Corona española, el rey Juan Carlos I, eran el mejor lobista de Marruecos en este país. Zapatero también.

Son elementos que ahora ya no son útiles a Marruecos. Primero porque Zapatero tiene su contencioso actual, entonces ya no es un elemento importante, aunque fue quien impulsó el acuerdo de autonomía, la normalización de grupos separatistas del Frente Polisario y la entrada de Marruecos en la Internacional Socialista. Son legados que le han dejado a Pedro Sánchez y de los que también se tiene que hacer cargo el Partido Socialista y revisarlos.

P.- ¿Y qué opinas de la tesis que barajaron algunos periodistas de que las famosas joyas de Zapatero venían de Marruecos?

R.- Las joyas vienen de algún país árabe. A los árabes nos gusta agasajar con joyas, es el regalo estrella en las bodas y en muchísimas cosas. Los tribunales están muy activos y, como diputada, no quiero reafirmar nada, no vaya a ser que termine yo mañana sentada en algún tribunal.

Ceuta, Marruecos y la desinformación

P.- ¿Cree que Marruecos utilizó la crisis de Ceuta para presionar a España? ¿Qué pretendía conseguir y qué ha conseguido?

R.- Aunque no podemos determinar el origen del orquestador del bulo, efectivamente yo sí creo que venga de que una sentencia del Tribunal Supremo... Sacamos nuestras normas, estamos en un debate interno constante y no vemos el mundo que nos mira desde fuera.

Por lo tanto, emitir una sentencia así y no traducirla al árabe, no invertir en recursos de comunicación en los idiomas que nos rodean, puede hacer que suceda esto.

La mayor amenaza que tienen los Estados hoy en día, que son las redes sociales y la desinformación. Por lo tanto, lo mínimo que había que haber hecho era prepararnos para el escenario con vídeos, con comunicación. Se podría haber traducido y decir: "Calma, que nadie arriesgue su vida, que esto no es así".

P.- ¿Y qué papel cree que tuvo Marruecos?

R.- Marruecos no nos avisó por vía terrestre. Ochenta mil personas no aparecen como un tuit, de la nada. Digo yo que alguien lo vería y habrá pegado un telefonazo: "Oye, que suben por Castillejos 80.000 personas". Y no ha sucedido. Ahí hay elemento más que suficiente para señalar a Marruecos.

Segundo, creo que Marruecos ha establecido un debate que es la antesala al próximo reinado de Hassan III, el príncipe heredero, que es la indudabilidad que existe al otro lado de la frontera. Aquí no dudamos de que Ceuta y Melilla sean españolas, pero al otro lado no dudan de que sean marroquíes, igual que pasa con el Sáhara.

Por lo tanto, yo creo que necesitamos invertir más en conocer a nuestros vecinos, enzarzarnos menos en lo doméstico y pensar más también en la imagen que estamos proyectando hacia el exterior.

El día tiene ojos y la noche tiene oídos

La crisis de Ceuta ha abierto además una disputa política sobre la información que manejaban los distintos organismos del Estado, especialmente después de las polémicas sobre los informes del CENIF y las advertencias del CNI.

P.- ¿Cómo explica que desde el Gobierno se haya cuestionado al CENIF y se haya abierto esa discusión sobre lo que sabía o no sabía el CNI?

R.- Yo esos días (...) no quiero decir si Robles tiene más razón o menos razón. Pero dijo una frase que se dice mucho en mi pueblo: "El día tiene ojos y la noche tiene oídos". Por lo tanto, ese debate que nos hemos abierto tiene un interés. Los de fuera nos están observando.

En política exterior y en seguridad nacional, yo creo que primero de seguridad, se dice este tipo de cosas que hagan un chat and house, que digan cuál es la postura consensuada. Puede ser que nuestros servicios de inteligencia no alcancen todo o puede ser, o sí lo han hecho, pero lo importante es qué mensaje proyectamos al que está escuchando y al que está viendo durante el día y durante la noche.

Y, por lo tanto, ese combate entre dos ministros ha sido, de verdad, lamentable. Yo espero que tengamos profesionales, como en todas las profesiones, muy buenos, que estén dándolo todo y que la protección de la seguridad nacional y de las personas que están ahí era muy difícil. Claro que es muy difícil saber que te van a venir cinco o 180. Pero la frontera de Ceuta no es la frontera de Bayona. También se sabe.

Por lo tanto, es importante haber actuado al menos con mando único, mensaje único, y no estemos enzarzados en el debate de "eres de Robles o eres de Marlaska". No va de ministros, no va de personas.

No estamos preparados para asumir un enfrentamiento con Marruecos

P.- ¿Cree que el Gobierno actual, o incluso el que llegue después, está dispuesto a asumir que proteger Ceuta puede exigir un enfrentamiento con Marruecos?

R.- No estamos preparados aún para eso. No se está diseñando. Yo creo que se ha demostrado que la política de apaciguamiento no funciona. ¿Quiere decir esto que tenemos que promover malas relaciones con el vecino? No. Simplemente diseñar las líneas rojas y, cuando se pasen esas líneas rojas, diseñar cuál es la respuesta.

P.- El Partido Popular y Vox han planteado medidas relacionadas con el acuerdo de asociación entre la UE y Marruecos. ¿Cómo lo ve?

R.- Yo estoy a favor de una medida como la suspensión del acuerdo de asociación si viniera de dentro de todo el seno de la Unión Europea. Creo que lo que nos urge es solucionar. Toda medida que pueda suponer agravar más la crisis, la podemos dejar para luego.

Lo que está haciendo el Partido Popular es muy desleal a España, no al Gobierno ni a Pedro Sánchez, sino con España. Arreglemos primero esta cuestión y luego pensemos en el seno de la Unión Europea en la suspensión de los acuerdos de asociación si esto vuelve a pasar. Como hemos hecho con Israel. Pero ahora estamos en lo que estamos.

La ley de nacionalidad para los saharauis

La conversación vuelve después a una de las principales batallas políticas de Sidi: la ley de nacionalidad para los saharauis. La diputada defiende que la norma supone una reparación para personas que fueron españolas y rechaza que pueda diluir la identidad saharaui.

P.- Hay voces saharauis que han expresado preocupación porque esta ley pueda terminar favoreciendo los intereses de Marruecos y diluyendo la identidad del pueblo saharaui. ¿Qué les respondería?

R.- Desconfiar es legítimo, pero no estamos dando la nacionalidad española a los saharauis, sino devolviéndosela a quienes fueron españoles en su momento. Y se pueden acoger o no a la norma.

Sobre la cuestión migratoria. Cualquier migrante de origen saharaui en el Estado español juega en desventaja con el resto de migrantes. Por lo tanto, equiparar sus derechos es algo a lo que nadie puede negarse.

Creo que mi propio caso personal demuestra la utilidad de poder combatir el colonialismo desde dentro y poder hacer reparación desde dentro. Un saharaui con derechos en España puede hacer mucho aquí y en cualquier otro país europeo. Y la gran mayoría, gran parte de los saharauis, tienen nacionalidad española y no han abandonado los campos de refugiados. Mi padre tiene la nacionalidad española y vive en los campos de refugiados saharauis.

La norma no quita ni diluye la resistencia del pueblo saharaui mientras sus propios individuos comprendan que es una prioridad.

Nos veo batallando por esta ley en los tribunales

P.- ¿Qué queda por hacer después de conseguir la ley de nacionalidad?

R.- Para mí es clave la cuestión de recursos naturales. Una de las cuestiones que también reclamo a nuestro propio Ministerio de Consumo es la cuestión del etiquetado de productos que proceden del Sáhara Occidental. Sobre esto ya hay jurisprudencia del Tribunal Europeo de Justicia: tenemos que empezar a etiquetar los productos agrícolas que vienen del Sáhara Occidental.

Primero, porque es un derecho del ciudadano español saber de dónde viene lo que come. Y segundo, porque estamos incentivando a través de ese consumo la ocupación del Sáhara Occidental. Además, esto favorece a los agricultores españoles que sufren la competencia desleal por parte de la marroquinización de los productos saharauis.

Y luego habremos y tendremos que dar otra batalla en las instituciones españolas para que esta ley sea aplicable, sea aplicada. Nos veo en los tribunales batallando en el Supremo por esta ley para que se aplique de verdad.

P.- ¿Teme que pueda ocurrir con esta norma algo parecido a lo ocurrido con la ley de nietos, con trabas administrativas para su aplicación?

R.- No vamos a tener esa suerte los saharauis, seguro que la orden ministerial no va a ser tan favorable. Más bien va a poner más impedimentos, por lo que estamos trabajando en que las administraciones estén bastante preparadas.

Pero la norma tiene muchos documentos muy garantistas, es indudable. Pedimos el censo de Naciones Unidas, pedimos el DNI español y el Estado español y el Registro Central guarda todos esos carnés de los saharauis de origen español. Por lo tanto, la comprobación es muy fácil. El censo de Naciones Unidas es indudable.

P.- ¿Has recibido presiones, advertencias o intentos de condicionarte por tu actividad política relacionada con el Sáhara?

R.- Tengo automatizado este tipo de cosas en redes sociales. A veces son amenazas de muerte, otro tipo de cosas... Pero yo abogué siempre por la extrema transparencia. Para mí es la mejor medida para no vivir con miedo, y yo he decidido que no podemos seguir con el miedo.