Es la segunda visita de Xi Jinping a la Casa Blanca. La primera vez le recibió Barack Obama. Ahora el anfitrión es un Donald Trump que ha elogiado la "auténtica amistad" que les une, basada en el "respeto mutuo", tras recibirle con alfombra roja al pie del avión. "Nuestra competitividad ha de ser saludable. No una pelea en la que uno gana y otro pierde", ha dicho Xi. "Hemos de coexistir en paz", ha dicho Xi, quien ha aludido a que la Inteligencia Artificial ha de estar bajo control humano. No ha usado el nuevo término trumpiano, Superinteligencia.
"Desde mi primera elección, en 2016, el presidente Xi y yo hemos forjado una amistad verdaderamente extraordinaria, construida sobre el respeto mutuo y los intereses vitales de nuestros pueblos", ha dicho Trump durante la ceremonia de recepción del mandatario chino y de su esposa, Peng Liyuan. Estaban presentes el vicepresidente J.D.Vance, su esposa, Usha; Ivanka Trump y su hija Arabella.
El presidente de Estados Unidos ha sido mucho más genérico en sus declaraciones. Ha aludido a cómo los dos países fueron "aliados" durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos cooperó con las fuerzas chinas frente a la ocupación japonesa."Así como nuestros pueblos trabajaron juntos para ganar aquella guerra, el presidente Xi y yo seguiremos trabajando juntos para forjar un futuro mejor para nuestras dos naciones".
Intereses entrelazados
Sin embargo, Xi ha concretado más. "Los intereses de China y Estados Unidos están entrelazados profundamente", ha señalado. Y ha apuntado que sin la cooperación de los dos difícilmente pueden resolverse muchos de los problemas de la humanidad. Por ello, China y EEUU "deben comprometerse a trabajar hombro con hombro por promover el progreso humano". Y para ello, es fundamental fortalecer la comunicación. "Un diálogo profundo y sustancial puede facilitar la confianza mutua y el entendimiento. Los subtítulos dirían que está diciendo a Trump que por las malas no va a llegar a ningún sitio con China.
El "rejuvenecimiento de la nación china" y «hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande" (MAGA) deberían ir de la mano, ha dicho el líder chino. Ha añadido que la competencia entre los dos países ha de atenerse unas normas determinadas para que no derive en un conflicto.
Trump, ya en la primavera del año pasado, quería poner de rodillas a la economía china. Impuso aranceles prohibitivos a las importaciones procedentes de China. Pero no solo se topó con una respuesta contundente de Pekín, que incluyó la restricción del suministro estratégico de metales de tierras raras, sino que, desde entonces, los chinos han logrado de todos modos un superávit récord de 1,2 billones de dólares.
Trump ya redujo el año pasado el tipo arancelario efectivo del 50% al 20%. Ahora, ambos líderes han acordado prorrogar un año más esta tregua en la guerra comercial. Cada uno, con la firme convicción de que el tiempo juega a favor de su país.
Como señal de amistad, dos pandas, Ping Ping y Fu Shuang, llegan al zoo de Atlanta en los próximos días. China ya regaló dos pandas gigantes con motivo de la visita de Richard Nixon a Pekín, en 1972, como señal del deshielo entre los dos países.
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