Prometió que la guerra duraría unas semanas, pero el conflicto ya ha entrado en su séptimo mes. Donald Trump no sabe qué hacer con Irán. Repite constantemente sus promesas de "aniquilación" de la República Islámica, pero los analistas coinciden en que la guerra se ha estancado. Mientras el tránsito en el estrecho de Ormuz permanece prácticamente congelado, los misiles iraníes alcanzan las bases estadounidenses en la región, poniendo en duda el hasta ahora incuestionable poderío militar de Washington.

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A pocas semanas de unas decisivas elecciones de medio mandato (midterms), Trump está atrapado en el callejón sin salida que representa Irán. Los ayatolás han demostrado su capacidad de resistencia a los embates de la Casa Blanca. Teherán continúa plantándoles cara y la opinión pública estadounidense está harta de un conflicto a miles de kilómetros.

El presidente estadounidense es consciente del hartazgo de la población; las encuestas otorgan la ventaja a los demócratas en las elecciones del próximo mes. Desde que los hutíes de Yemen han intensificado sus ataques contra Arabia Saudí, las autoridades del país han pedido a sus socios norteamericanos que se sumen a su ofensiva contra los rebeldes, pero Trump lo ha descartado. Es probable que los cálculos electorales estén detrás de su decisión, pero también los estratégicos.

Washington ha logrado infligir graves daños contra Teherán. Al comienzo de la ofensiva, acabó con su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y buena parte de la cúpula militar iraní. También ha asestado importantes golpes contra la infraestructura energética del país. Pero la República Islámica responde a estos ataques, y EEUU se vanagloria de tener el Ejército más poderoso del mundo.

La erosión de la supremacía tecnológica en el Golfo

"El equipo de ingeniería inversa está realmente agradecido con el Comando Central por regalarles artículos tan valiosos y promete una versión iraní lo antes posible". Así anunciaba a la maquinaria de la propaganda iraní la captura de un dron submarino estadounidense en el estrecho de Ormuz. Cada pequeña gesta cuenta en el empeño de Teherán por hacer alarde de su capacidad para hacer frente a EEUU.

No hay nada que le guste más a la República Islámica que ridiculizar a Washington en su guerra. La reciente aprehensión de un Kingfish Mk 18 Mod 2, un vehículo submarino no tripulado, el segundo que capturan en menos de un mes, se suma a la larga lista de provocaciones de los ayatolás a la Casa Blanca. Aunque el Pentágono ha intentado desmentir el suceso, la difusión difundidas desde Teherán no dan lugar a dudas.

El submarino dron estadounidense interceptado por Irán | IRGC

Para Ignacio Gutiérrez de Terán, del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), el incidente de los sumergibles es solo la punta del iceberg de un problema operativo de mayor calado. "No deja de ser un hecho secundario si tenemos en cuenta que los iraníes además han destruido las capacidades operativas de la mayor parte de las bases estadounidenses", explica a El Independiente el profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid.

A este panorama se suma un desgaste sustancial en el aire, dado que existen "indicios" de que el Ejército iraní habría logrado derribar o inutilizar "al menos dos docenas de cazas", asegura el experto. También de "decenas de drones", algunos de gran eficacia, como los supuestamente indetectables a los radares.

Bajo su punto de vista, estos acontecimientos confirman que Teherán ha logrado desarrollar tácticas efectivas para contrarrestar la supremacía tecnológica de los estadounidenses. "No es ni mucho menos capaz de neutralizar toda la amenaza militar que pueda constituir Estados Unidos, pero sí para asestar golpes sobre todo mediáticos, porque esto tiene una gran repercusión en el ámbito internacional", señala.

El frente en Yemen se suma a la propaganda por el relato

La Guardia Revolucionaria ha sacado partido de estos episodios para poner en duda el control del estrecho de Ormuz por parte de la Casa Blanca. Gutiérrez de Terán deja claro que los constantes mensajes de la propaganda iraní forman parte de una estrategia de "burla", que arrancó el mismo 28 de febrero, al comienzo de la guerra. A través de las redes, se comparten contenidos que buscan "dejar en mal lugar" las capacidades estadounidenses.

A esta ofensiva por el relato se suma ahora el frente abierto por los rebeldes hutíes en Yemen, quienes han mostrado imágenes de material militar estadounidense capturado en su ofensiva actual. Sin embargo, el experto del CEARC matiza que estos equipos fueron arrebatados a las tropas saudíes, que habían recibido esos equipos de EEUU. Para él, la captura habla de la "ineficacia" de Riad y sus aliados en Yemen, no tanto de la de Washington.

No obstante, cree que la estrategia alinea a los insurgentes con el discurso iraní, transmitiendo a los países del Golfo que su alianza con Washington no les garantiza protección absoluta.

Y es que la credibilidad de la Administración estadounidense no pasa por su mejor momento. Como señala Gutiérrez de Terán, "ambos bandos mienten de una forma descarada" pero, en esta ocasión, EEUU lo está haciendo con mayor frecuencia, sobre todo a través de su presidente. Este patrón ya se observó cuando la versión oficial de la Casa Blanca negó durante meses daños en sus instalaciones en Oriente Medio, hasta que investigaciones periodísticas sacaron a la luz imágenes de los destrozos sufridos en las bases militares de la región.

El dilema de la Casa Blanca

Mientras lanzan estos mensajes, la realidad del conflicto es la de una guerra estancada donde ambos contendientes juegan al agotamiento del rival. Por un lado, EEUU ha redoblado las sanciones sobre Irán, donde la población trata de sobrevivir a una inflación desbocada y la escasez de productos básicos. Pero la Guardia Revolucionaria mantiene el control de franjas clave del estrecho de Ormuz, con la consiguiente asfixia al tránsito de crudo.

Y, con la cita electoral de las midterms fijada para dentro de un mes, el presidente norteamericano se encuentra atrapado en una complicada disyuntiva doméstica. El creciente desencanto frente a la guerra expresado por los estadounidenses crece día a día, a la par que aumentan los precios de los carburantes y los alimentos. Por eso Washington se muestra reticente a ceder ante las presiones de sus aliados en la región para intensificar los combates.

La población en las calles de Teherán | EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Las opciones de Trump son limitadas. Si se decide por mantener el statu quo, alargando esta guerra de desgaste, se arriesga a un mayor deterioro económico interno. Además, tal y como subraya Gutiérrez de Terán, existe el peligro de que las fuerzas iraníes continuasen derribando naves o, incluso, provocasen "bajas de personal", que resultaría fatal durante una campaña electoral.

También está la opción de firmar la paz. Sin embargo, Irán no accederá a un acuerdo sin que Washington acceda a importantes concesiones, por lo que los demócratas aprovecharían la oportunidad para atacar a Trump por su "fracaso estratégico".

Por último, siempre queda la posibilidad de lanzar una operación militar a gran escala, con la que Trump amenaza recurrentemente a Teherán. Para el experto del CEARC, esta opción entraña "muchos más peligros que posibilidades".

    En este contexto de desgaste mutuo, la incertidumbre se mantiene en la región. Mientras ambos bandos contemplan la necesidad de un acuerdo que alivie el impacto económico y mitigue el deterioro de la imagen internacional de Washington, la ausencia de victorias militares claras deja el desenlace de la crisis en un frágil y peligroso equilibrio.