Alemania confiaba en la energía barata de Rusia y dejó crecer al monstruo hasta unas dimensiones que se han vuelto en su contra. Ahora amenaza su seguridad. Tras la invasión total de Ucrania, en 2022, Berlín se dio cuenta del tiempo que había perdido sin invertir en defensa, y confiando en una Rusia imaginaria. En China vio un mercado inmenso para sus productos, sobre todo sus automóviles. Ahora se ha dado cuenta de que es China quien ha aprovechado su ventaja competitiva gracias a las subvenciones para adentrarse en Europa.

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La Unión Europea, guiada por Alemania y Francia, se está planteando declarar la guerra comercial a China a no ser que acepte las normas de competencia leal. España, bajo el Gobierno de Pedro Sánchez, está en sintonía con Pekín, como prueban las continuas visitas del presidente a la capital china. Sánchez quiere atraer inversión, pero las consecuencias a medio plazo ya las anticipa Alemania.

El gobierno federal acaba de bloquear la adquisición por parte de China de un grupo logístico en su mayor puerto marítimo, Hamburgo, una decisión que pone de relieve la postura más firme de Berlín frente a Pekín bajo el mandato del canciller Friedrich Merz, según el Financial Times. Esta medida se produce mientras Berlín prepara una nueva legislación destinada a endurecer el control de las inversiones. También pone de manifiesto un endurecimiento de la postura de Alemania hacia China, cuyos vehículos eléctricos y productos siderúrgicos baratos han perjudicado a los fabricantes alemanes tanto en el mercado nacional como en sus mercados de exportación tradicionales.

Giro de 180 grados en Berlín

Berlín ha cambiado radicalmente su posición en apenas dos años. Cuando Bruselas quiso introducir aranceles prohibitivos sobre la importación de coches eléctricos (que se fijaron en el 35 %), Alemania se opuso. Temía las represalias de Pekín y la pérdida de un motor fundamental de crecimiento: sus exportaciones a China.

Pero la situación ha dado un giro de 180 grados. Los chinos se están independizando a un ritmo vertiginoso de los productos alemanes, incluidos aquellos que incorporan las últimas tecnologías. La ventaja estratégica de China crece exponencialmente: coches eléctricos (dos tercios de la producción mundial), baterías eléctricas (el 70 %), también medicamentos, semiconductores o energías renovables.

La estrategia es siempre la misma: primero, inversiones masivas en investigación y desarrollo; después, gigantescas subvenciones estatales a la producción; y, por último, el bloqueo del acceso de los competidores extranjeros a materias primas estratégicas, como los metales raros. Así es imposible competir.

Solo en el primer semestre de este año, el déficit comercial de Alemania con China ascendió a 55.000 millones de euros. Las empresas alemanas que han desarrollado su producción en la propia República Popular se enfrentan a problemas cada vez mayores. La mayor de ellas, Volkswagen, vendía allí hace tan solo unos años el 40% de todos sus coches. Ahora ha caído al tercer puesto en la lista de proveedores de automóviles en este enorme mercado. 

El desplome de los ingresos ha llevado a Volkswagen a anunciar el despido de 100.000 trabajadores en lo que supone la mayor reestructuración de la historia. La empresa está barajando el cierre de las plantas de Emden, Zwickau, Hannover y Neckarsulm. Esta catástrofe es uno de los motivos que impulsan en las encuestas a Alternativa para Alemania (AfD), partido de extrema derecha. AfD ya llega al 30% en los sondeos de las legislativas, mientras la CDU se hunde en el 20%.

El presidente de VW, Oliver Blume, declaró ante esta situación: "¡Ya basta!". Y pidió a la UE elevados aranceles a la importación. Durante décadas VW se habían opuesto a restringir el comercio con China.

La carta de Macron y Merz a Von der Leyen

El 5 de octubre, Emmanuel Macron y Friedrich Merz escribieron una carta conjunta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, en la que acusan a China de utilizar el comercio exterior como "arma". Dicen que "viola sistemáticamente las reglas del mercado". Señalan no solo las subvenciones públicas, sino también la manipulación del tipo de cambio del yuan.

Exigen que se doten a la Comisión Europea de herramientas que permitan reducir rápidamente el gigantesco déficit comercial de la UE con China. Dichas herramientas incluirían incluso el cierre del mercado común a los chinos, al menos en determinados sectores.

Merz y Macron proponen también invertir las reglas para la adopción de regulaciones de tal alcance. Quiere que los detractores de las sanciones tengan que reunir en el Consejo una mayoría cualificada (y no, como hasta ahora, una minoría cualificada) para bloquearlas. El grupo de países de la UE que apuestan por la cooperación con China se está reduciendo considerablemente. Entre ellos destaca el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que sigue apostando por las inversiones chinas.

China instó a Francia y Alemania a no empujar a la UE hacia el proteccionismo y a no "politizar" las cuestiones económicas y comerciales. En un comunicado, un portavoz del Ministerio de Comercio de China señaló que el gigante asiático "siempre ha sostenido que la interdependencia no es un riesgo, que la convergencia de intereses no es una amenaza y que la apertura y la cooperación son el camino correcto hacia el desarrollo". Añadía que "el proteccionismo no mejora la competitividad, y el desacoplamiento y la ruptura de las cadenas de suministro solo perjudican a los demás sin beneficiar a uno mismo", según informa Efe.

Un viaje crucial del comisario de Comercio

Maroš Šefčovič, comisario de Comercio, viaja este jueves y viernes a Pekín, donde busca un compromiso serio de respetar las normas de competencia leal. Si Šefčovič no consigue concesiones significativas, los líderes de la Unión ya en la cumbre de Bruselas del 15 de octubre estudiarán las propuestas franco-alemanas.

Sin embargo, las posibilidades de que el comisario llegue a algún tipo de acuerdo en su conversación con el ministro de Comercio chino, Wang Wentao, son escasas. Tras los aranceles prohibitivos impuestos por Donald Trump, la Unión sigue siendo el último gran mercado para los productos chinos.

Cada día, el déficit comercial de la Unión con China aumenta en unos mil millones de euros. El año pasado, esto supuso una diferencia de 360. 000 millones de euros entre las exportaciones europeas (210.000 millones de euros) y las importaciones (570.000 millones de euros). Este año, el problema no hace más que agravarse.