"Verdaderos héroes", ha reconocido el primer ministro polaco, Donald Tusk. Jakub Kulik y Artur Morański son los nombres de los policías gravemente heridos en el tiroteo del sábado en el centro de Cracovia, en el sur de Polonia. Arriesgaron su vida para evitar una tragedia mayor. Con armas cortas se enfrentaron al agresor, pertrechado con un AR-15, un fusil semiautomática con balas de 45 mm. La imagen del agente Kulik, arrodillado ante el agresor tras haberle reducido haciéndose un torniquete, va a quedarse en la memoria de los polacos para siempre. Del pánico a la admiración y el orgullo.

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Para calibrar la proeza de los dos agentes hay que recordar paso a paso lo que ocurrió el sábado en Cracovia, una ciudad medieval que atrae 15 millones de turistas al año. A las 15h un Subaru negro se quedó parado frente a la sede principal del museo de Cracovia, en una esquina de la Plaza del Mercado (Rynek Główny). El conductor, que el ministro del Interior ha calificado como "muy radicalizado y fascinado con ideología de extrema derecha", empezó a disparar contra los transeúntes de forma indiscriminada. Caían desplomados al ser alcanzados.

Hubo seis muertos, entre ellos un británico y tres mujeres polacas. Al menos 15 personas resultaron heridas, cinco de ellas extranjeras. Son de Reino Unido, Austria, Alemania, Portugal y Rusia. A ellos hay que sumar los padres y la hermana del agresor, que fueron encontrados muertos en el domicilio familiar en Ostrowiec Świętokrzysk, a 200 km de Cracovia, con heridas de bala.

Al escuchar las detonaciones, muchos creyeron que eran petardos. Pero al ver a gente en el suelo salieron corriendo a refugiarse en los locales cercanos, tiendas, restaurantes... Aterrados esperaron hasta que les informaron de que el peligro había pasado.

Una persecución de película

Tras su caza al viandante, el agresor, identificado como Michał O., de 24 años, arrancó el automóvil y salió por la calle Grodzka, pasó al lado del Instituo Cervantes, y se dirigió hacia Stradomska. Ya iba perseguido por un coche de la policía en el que estaban los dos agentes. Van a tiros. Finalmente, choca con un auto aparcado en la esquina con la calle Dietla.

El terrorista, con casco, chaleco antibalas y armado con un AR-15, sale del Subaru, y también lo hacen los dos agentes, Kulik y Moranski. Se enfrentaron cara a cara a tiros. Pero los policías portaban armas de 9 mm. Aún así, no se achantaron. Cayeron los dos al suelo, pero siguieron defendiéndose. Uno de ellos, el que quedó más lejos del agresor, se incorporó y le respondió con su pistola. El terrorista se desplomó al suelo. Gravemente herido, el agresor está recibiendo atención en el hospital.

El agente se aseguró que el terrorista estaba desarmado e inmovilizado. Finalmente, se arrodilló, herido de gravedad, y se empezó a hacer un torniquete. Apenas habían pasado tres minutos desde que empezara la pesadilla en la Plaza del Mercado. Ni el mejor guion de una película de acción podría igualarlo.

Dos eminencias médicas les socorrieron

Acudieron a socorrerlos dos eminencias médicas, que casualmente estaban almorzando en un local de los alrededores. Uno de los doctores, el profesor Michał Pędziwiatr, también intervino en la operación de uno de los agentes.

Jakub Kulik y Artur Morański no son miembros de una unidad antiterrorista. Son policías que no se achantaron ni dudaron a la hora de perseguir a quien ya había provocado numerosas víctimas. La portavoz de la policía de Małopolska, la subinspectora Katarzyna Cisło, ha dicho que los dos tienen alrededor de 30 años y llevan años en el cuerpo de policía.

Uno de ellos, Jakub Kulik, fue soldado de la 6.ª Brigada Aerotransportada. Es quien está más grave. Las heridas le han afectado uno de los pulmones. El ministro de Defensa, Władysław Kosiniak-Kamysz, ha hecho un llamamiento para que los ciudadanos donen sangre de su grupo sanguíneo, AB Rh+. "Toda la Familia Militar está orgullosa de Jakub. Le brindaremos nuestro apoyo a él y a sus seres queridos", ha señado el ministro.

En internet el periodista polaco Krzysztof Stanowski ha abierto una campaña de recaudación de fondos para ayudar a los agentes heridos y a sus familias. En las primeras horas ya han sobrepasado los 2,5 millones de eslotis, más de medio millón de euros. Cuando se recuperen, les esperan las mayores condecoraciones del Estado polaco.