La espera ha terminado. Tras las elecciones celebradas el 27 de octubre, en las que Israel eligió la composición de la Knesset (el Parlamento), el presidente del país, Isaac Herzog, ha encargado este domingo la formación de gobierno a uno de los candidatos. El elegido ha sido Gadi Eisenkot, el general exjefe del Estado Mayor y líder de la oposición. Su partido, Yashar, quedó segundo en los comicios, por detrás del Likud, la formación de Benjamín Netanyahu. Sin embargo, ha sido el candidato con más apoyos.
A partir de este domingo, Eisenkot tiene 28 días para constituir un gabinete. Si no lo lograse, Herzog le podría conceder una prórroga de hasta 14 días. Es decir, el 20 de diciembre es la fecha límite para el candidato a primer ministro. Si antes de ese día consigue formar un gobierno, pondrá fin a casi dos décadas de era Netanyahu.
En el caso de que Eisenkot fracase en la tarea que se le ha encomendado, Herzog le pasará la orden a otro candidato. Lo más lógico sería encargarle la formación de gobierno a Netanyahu. Sin embargo, lo tendría aún más difícil que su contrincante. En las consultas que el presidente israelí ha mantenido estos días con los líderes de los partidos, el primer ministro solo ha obtenido 47 recomendaciones para repetir mandato, mientras que el líder opositor ha logrado 67 apoyos. Así, salvo sorpresas, en este escenario Israel se encaminaría hacia una repetición electoral.
Un gobierno de unidad
Tras conocerse el encargo del presidente israelí a Eisenkot, Netanyahu hizo una declaración en la noche del sábado, en la que abogaba por un "gobierno de unidad". "Un gobierno de unidad nacional que incluya a todos los partidos del bloque nacional y a todos los partidos sionistas que desean proteger nuestro país", es la propuesta del actual primer ministro. En su mensaje, Bibi no especificaba quién debía ser el encargado de liderar un ejecutivo de estas características.
Parece una opción inviable, pero en Israel existen precedentes de este tipo. En 1967 se formó un gobierno de unidad en vísperas de la Guerra de los Seis Días, experimento que se repitió en 1984 ante la situación de estancamiento político, con un acuerdo de rotación para el cargo de primer ministro. Aun así, un acuerdo entre Netanyahu y Eisenkot no sería suficiente, porque entre ambos solo suman 48 diputados, y se necesitan 61 para alcanzar la mayoría absoluta en la Knesset.
Por su parte, el exjefe del Estado Mayor del Ejército ha abogado por "un gobierno nacional de emergencia", aunque no ha explicado qué partidos entran en esa definición. Su partido ha desdeñado la propuesta del Likud, que ve "hipócrita", aunque ha invitado a Netanyahu a romper con "los extremistas" y unirse a un gobierno liderado por Eisenkot.
De cualquier manera, según una encuesta realizada por el Instituto Israelí para la Democracia varios días antes de las elecciones, solo el 28 % de los encuestados judíos y el 9 % de los árabes se mostraron a favor de esta opción. Aunque el estrecho resultado electoral podría haber hecho cambiar el sentir público israelí.
Los partidos árabes
El sábado, cientos de personas tomaron las calles en varios puntos del territorio israelí. Bajo el eslogan "El pueblo ha votado por un cambio", las manifestaciones convocadas este fin de semana en Israel han exigido a los partidos de la oposición que colaboren con las formaciones árabes para sacar a Netanyahu del gobierno.
En las elecciones celebradas hace dos semanas, los partidos árabes –Ra'am y la Lista Conjunta– obtuvieron los mejores resultados de su historia, 19 diputados. Dado que el bloque gubernamental tiene 53 escaños y la alianza anti Netanyahu 48, rápidamente se perfilaron como la llave para llegar al cargo de primer ministro. Sus líderes ya han mostrado estar dispuestos a apoyar a Eisenkot.
Pero el general no lo tiene claro. El líder opositor ha puesto cuatro condiciones para unirse a su gobierno: reconocer a Hamás como una organización terrorista, reconocer a Israel como un Estado judío, apoyar los valores de la Declaración de Independencia y el servicio militar obligatorio para toda la población. La segunda condición es un sapo difícil de tragar para los partidos árabes.
Aun sin entrar en el gobierno, las formaciones árabes podrían aceptar incluso prestar sus apoyos parlamentarios a la coalición de Eisenkot. Pero no sería suficiente con la abstención, ya que el bloque del gobierno tiene más diputados que el de la oposición, y se necesitan más síes que noes para ser nombrado primer ministro. Además, uno de los integrantes de la alianza anti Netanyahu, Avigdor Lieberman –líder de Israel Beitenu–, ha avanzado que no aceptará la posibilidad de un gobierno en minoría con el respaldo árabe.
Incluir a los ultraortodoxos
Precisamente Lieberman podría estar trabajando para construir otra alternativa de gobierno. Según ha desvelado el Canal 12 israelí, el más visto en el país, el líder de Israel Beitenu habría retirado su veto a los partidos ultraortodoxos, abriendo la posibilidad de que se incorporen a un ejecutivo liderado por Eisenkot.
En la ronda de consultas entre Herzog y los partidos, Judaísmo Unido de la Torá, aliado de Netanyahu hasta hace solo unos días, se abstuvo de respaldar la candidatura del primer ministro. Este rechazo ha llevado a varios analistas a preguntarse si el partido ultraortodoxo podría cambiar de bando y englobarse en la nueva coalición. Si los partidos árabes se abstuviesen y Judaísmo Unido de la Torá entrara al gobierno, el bloque anti Netanyahu sumaría 55 escaños, nueve más que el del primer ministro.
Sin embargo, una de las condiciones de Eisenkot choca frontalmente con los intereses de los ultraortodoxos: el servicio militar obligatorio para toda la población. Y es que en Israel son precisamente los ultraortodoxos quienes están exentos del servicio militar. Aun así, la información avanzada por el Canal 12 apunta a que el bloque opositor podría estar dispuesto a tramitar una ley de reclutamiento más indulgente para los ultraortodoxos. Lieberman lo ha negado.
Impugnación de las elecciones
Netanyahu todavía se guarda un as bajo la manga para mantenerse en el poder. Según ha anunciado el abogado del Likud al periódico The Times of Israel, el partido va a presentar una denuncia ante el Tribunal de Distrito de Jerusalén para impugnar el resultado de las elecciones antes del 17 de noviembre. El letrado, Ilan Bombach, no ha confirmado si apelarán el resultado total o solo una parte de los votos.
La denuncia se basa en el presunto uso de medios electrónicos de seguimiento de votantes para aumentar la participación por parte de los partidos árabes, una práctica prohibida por el Tribunal Superior de Justicia. De acuerdo al diario israelí, los observadores de la organización Civilian Election Guard informaron de 374 casos de uso ilegal de estas aplicaciones. El mayor número de incidentes los cometieron activistas del Likud y trabajadores de los colegios electorales, un 32 % del total. Los partidos árabes representan un 3 % de las denuncias.
Desde el mismo día de las elecciones, Netanyahu y algunos de sus socios de gobierno lanzaron una campaña para deslegitimar los resultados, acusando a los partidos árabes de "robar" la votación. Entre las acusaciones, la supuesta injerencia de Catar, que habría enviado dinero a estas formaciones –según su relato–, una tesis que las autoridades de Doha han rechazado. Sin embargo, la Comisión Electoral Central de Israel no encontró prueba alguna del presunto fraude y confirmó los resultados de las elecciones. Aun así, el Likud parece empeñado en anular los resultados de los comicios.
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