"No me gustan los dictadores, no soy un dictador. Soy un hombre con mucho sentido común y una persona inteligente". Con esas palabras, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha rechazado esta semana las acusaciones de los demócratas y cada vez más grupos de la sociedad civil que vienen advirtiendo de que sus últimos movimientos se acercan más a regímenes autoritarios que a los democráticos.

Trump considera que no es un dictador, pero se ha enfrentado y ha insultado y desobedecido a jueces, ha enviado al Ejército a ciudades contra el criterio de quienes tienen la competencia para hacerlo, y ha ordenado detener y expulsar del país a personas por escribir textos en revistas universitarias, participar o promover manifestaciones pacíficas por Gaza.

La mayoría de los estadounidenses, según varias encuestas independientes, cree que Trump es un “peligroso dictador”. Pero fuera de Estados Unidos muchos siguen pensando que la afirmación es exagerada. A continuación, trataremos de analizar algunas de las medidas que el presidente ha tomado recientemente y que conducen a dicho resultado de la citada encuesta.

El presidente ha decidido tomar la capital del país, Washington DC, desplegando a 2.000 agentes de la Guardia Nacional pese a que en teoría solo el Congreso y la Constitución pueden hacerlo. Los ha autorizado a llevar armas, y está amenazando con hacer lo mismo en otras ciudades del país. Asegura que su objetivo es acabar con el crimen y “garantizar la seguridad” ante lo que considera una emergencia, pese a que los crímenes violentos en la ciudad han caído a lo largo de los últimos años. 

La medida no tiene precedentes y ha hecho saltar a los demócratas. 

“Trump está intentando militarizar nuestras ciudades, todo para distraer de los números de sus encuestas, en caída libre”, ha dicho el senador Ed Markey. “Es lo que hacen los dictadores. Nadie debería quedarse callado frente a las medidas autoritarias de esta Administración”, ha advertido. “La militarización de Trump de Los Ángeles parece haber sido solo el comienzo de la toma autoritaria de ciudades estadounidenses”, dijo en el mismo sentido el gobernador de California, Gavin Newsom. 

Trump ya envió a Los Ángeles a la Guardia Nacional al considerar que la policía estatal no estaba haciendo lo suficiente para aplacar la violencia que se generó en medio de las protestas ante las redadas contra inmigrantes, y pese a la oposición del gobernador de California, convirtiéndose así en el primer presidente que había hecho algo parecido en 60 años.

Pero la movilización de los militares sin que nada nuevo haya pasado en Washington no ha sido la única medida del presidente que ha hecho saltar las alarmas a lo largo de los últimos días. La semana pasada, Trump dijo que pronto acabará con el voto por correo y las máquinas electrónicas para votar, aunque no tiene autoridad para hacerlo: son los estados quienes deciden cómo se vota en su territorio, porque así lo establece la Constitución. 

Trump a menudo dice que la Constitución le da “poder absoluto”, cosa que no es cierta. También suele sugerir que le gustaría gobernar un tercer mandato, pese a que la Carta Magna americana establece que un presidente solo puede servir dos mandatos. Él cree que hay maneras de interpretar de forma distinto lo que dice el texto, que literalmente establece: “Ninguna persona podrá ser elegida para el cargo de presidente más de dos veces”.

La “limpieza” de lo público

En la Administración y en el Ejército, el presidente está llevando a cabo una purga como nunca antes había sucedido e instalando a fieles en todos los cargos, y está tratando de conseguir que las estadísticas oficiales también le den la razón: ha despedido a la jefa de Oficina de Estadísticas Laborales por publicar un informe de datos de empleo peor de lo que a él le hubiese gustado.

Pero la limpieza este verano ha llegado mucho más allá: el presidente ha ordenado el despido y la retirada de las credenciales de seguridad de 37 agentes de la CIA que participaron en las investigaciones sobre la injerencia rusa en las elecciones de 2016, ha echado a la directora de los Centros de Detección de Enfermedades por oponerse a los cambios en las políticas de vacunas que ha ordenado el secretario Robert F. Kennedy Jr., y está intentando despedir a la gobernadora de la Reserva Federal Lisa Cook, pese a que no ha sido acusada oficialmente de nada.

En la misma línea, Trump ha pedido en repetidas ocasiones que el Departamento de Justicia investigue a sus adversarios políticos y sus familiares, y que los procese. Al mismo tiempo, está tratando de cambiar el reparto de escaños de manera que sea más fácil que los republicanos lleven ventaja en las próximas elecciones, y amenaza cuando los estados demócratas hacen lo mismo. 

También está intentando que desaparezcan de todos los documentos oficiales conceptos avalados por la ciencia y la historia como el cambio climático, la homosexualidad o la esclavitud. Está tratando de que el esclavismo no se trate en los museos de historia: para él, los públicos ponen demasiado el foco en “lo mala que fue la esclavitud”. En el mismo sentido se encuadran también sus ataques a las universidades privadas más prestigiosas del país, de Harvard a Columbia, entre muchas otras, a las que ha amenazado repetidamente con retirarles los fondos públicos si no cambian lo que enseñan y la manera de escoger a qué alumnos aceptan.

En el terreno de los medios, Trump ha conseguido que la cadena CBS despida al presentador de televisión Stephen Colbert, crítico con el presidente, y que cancele su programa. También ha conseguido que Paramount le pague 16 millones de dólares tras demandarlos por cómo editaron una entrevista con la exvicepresidenta y candidata demócrata a las pasadas elecciones Kamala Harris. Y las redes sociales Meta y X asimismo le han pagado 25 y 10 millones de dólares con tal de no ir a juicio contra él por haberle borrado sus cuentas tras el asalto al Capitolio.

En la última semana, el presidente ha amenazado con retirar las licencias de televisión a las cadenas ABC y NBC, pese a que tampoco tiene poder para hacerlo. "¡Deberían perder sus licencias por su injusta cobertura de los republicanos o de los conservadores, pero como mínimo deberían pagar MUCHO por tener el privilegio de usar las ondas más valiosas de cualquier sitio en cualquier momento!", publicó en su cuenta de Truth Social.

Todas estas decisiones apuntan a que el presidente estadounidense está intentando consolidar su poder, controlar la información que se difunde sobre él y restringir las libertades individuales. Con todo, los expertos apuntan que Trump no es, por el momento, un dictador, dado que fue elegido en unas elecciones libres, y por el momento un buen número de instituciones tienen poder para controlarlo.

Quedan tres años y medio de mandato.