El Independiente

Soy minero

Por todos es de sobra conocido, a pesar de los malabarismos estadísticos que utilizan los gobiernos en ejercicio con independencia de su color político, que la precariedad laboral y la reducción en extensión temporal y salario de los jóvenes españoles ha alcanzado cotas de miseria muy difíciles de superar. Ante un panorama vital paupérrimo para aquellos que salen de escuelas y facultades pertrechados con un número de títulos, másteres y diplomas que para sí hubiese querido Isaac Newton y con todos sus sueños aún por cumplir, caben escasas opciones satisfactorias que les posibiliten una vida mínimamente digna.

Es entonces cuando hay que poner al ingenio a trabajar y escudriñar las posibilidades laborales más insospechadas en base a la revolución industrial que está suponiendo la robotización, la digitalización y el universo de ingenios y novedades X.0 – vayan ustedes a saber en qué guarismo punto cero estamos ahora mismo – que van apareciendo a velocidad incalculable. Las clásicas salidas laborales entre médico, abogado, económicas o empresariales y, ya no hablemos periodismo o filosofía, pueden ser la garantía del paro eterno y la seguridad de un empate con la mediocridad laboral solo aptas para la juventud más obnubilada, conformista o irredentamente vocacional.

La mina de la que hablo no exige un físico poderoso ni unos pulmones de Superman”

Aunque la inteligencia no alcanza para todos, ante este sombrío futuro no cabe desfallecer ni darle oportunidad al ánimo para caer exhausto. Hay soluciones. Algunas francamente curiosas, como la vuelta a la mina. Estoy seguro que si han llegado hasta aquí pensarán lo mala que debe estar la cosa para exhortar a los licenciados españoles al temible futuro que supone penetrar en las entrañas de la tierra para extraer pedruscos y minerales que sustenten su futuro vital. Nada más lejos de mi intención. La mina de la que hablo no exige un físico poderoso ni unos pulmones de Superman ni casco, picos, palas o transitar en condiciones asesinas por galerías en constante peligro de derrumbe.

La mina está en la red y obedece a la búsqueda de las famosas criptomonedas. En este caso el Bitcoin. Para quienes no lo sepan, los bitcoins no son una moneda física sino que se componen de un código o clave que sólo pueden descifrar ordenadores hechos específicamente para procesar algoritmos muy rápido y en gran volumen. En el mundo hay 21 millones de bitcoins, ni uno más ni uno menos. Su saleroso y anónimo creador decidió en su momento crear ese número de monedas y, para que su reparto fuera gradual y equitativo, éstas se fueran encontrando poco a poco. En la actualidad de los 21 millones de bitcoins se han descubierto 16,5 millones.

En la actualidad de los 21 millones de bitcoins se han descubierto 16,5 millones”

Los bitcoins, cuál diamantes africanos, están enterrados bajo toneladas de ganga minera cibernética y para su descubrimiento exigen miles de horas de pico y pala virtual a base de quemar procesadores de ordenadores que funcionan 24 horas al día sin descanso ni ahorro algorítmico posible. La gracia del asunto  -a modo de una lotería digital- es que si descubres uno, después de millones de operaciones y si se trata de un bitcoin de beneficio puro, es todo tuyo a valor de mercado y si no es de pureza total, la propia red te premia con un porcentaje del mismo. Hagan cuentas, cotizando a más de 4.000 euros, con encontrar un par al mes (y no es un porcentaje de éxito extraño) la nómina de un controlador aéreo o un ingeniero aeronaútico pueden devenir una limosna.

Por añadidura estos nuevos mineros, cuando descubren su particular ElDorado, son notarios de la veracidad del descubrimiento y de certificar su transacción, por lo que la red también les remunera por ello. A día de hoy y con un ordenador no excesivamente potente y dedicado exclusivamente a realizar millones de cálculos al día, la bajada a la mina, está al alcance de cualquiera. Además y en una sociedad como la actual, interconectada y colaborativa ya existen pools de mineros y de ordenadores interconectados aunando fuerzas telemáticas a la búsqueda de estas pequeñas porciones del nuevo Grial de internet. Cuando estos nuevos templarios encuentran las modernas reliquias de la red, se reparten los beneficios y a seguir minando.

Aún quedan más de 4 millones de Bitcoins a salir a la luz que son objeto de deseo de legiones de mineros”

Aún quedan más de 4 millones de Bitcoins a salir a la luz que son objeto de deseo de legiones de mineros alrededor del planeta y encontrar un yacimiento puede ser cuestión de horas, semanas o meses. Basta con dejar un ordenador conectado en esa tarea y –este es el inconveniente – afrontar un gasto eléctrico de alto voltaje. Caro pero cómodo, pues los mineros pueden estar tomando cañas mientras sus equipos, por sí mismos, están las 24 horas del día buscando bitcoins de forma automática.

Los cálculos extremos para encontrar estas piedras preciosas no consumen energía física pero si eléctrica. Y la electricidad en España no es precisamente barata. El coste de la electricidad y no el letal e inodoro grisú, es el peor enemigo de los mineros. Pero como siempre hay solución para todo, la asociación de mineros – la conexión en redes de más de cien ordenadores minando a la vez es frecuente – puede alquilar equipos mineros de países con un coste eléctrico menor y con climas polares (Noruega y Finlandia están en el top de destinos mineros ) asegurándose un mayor éxito en la búsqueda.

Encontrar el escondite de un bitcoin u otras criptomoneda ( peercoin, ethereum, etc..) no es sencillo pero es posible en base a una mezcla de perseverancia, suerte y conocimientos informáticos básicos. Minar con una valoración del activo por las nubes es rentable. No les cuento si finalmente la SEC americana da su brazo a torcer y bendice al Bitcoin aprobando el famoso ETF que lideran los gemelos Winklevoss ( sí, esos mismos que acabaron como el rosario de la Aurora con Mark Zuckerberg). En ese caso se escuchan voces que lo valoran por encima de los 40.000 dólares. Una euforia que es posible pero está por concretar.

Los Bitcoins permiten ser negociados, vendidos o transaccionados en un mundo que cada vez está dando más cobertura a las monedas virtuales”

Y es que una vez encontrados los Bitcoins permiten ser negociados, vendidos o transaccionados en un mundo que cada vez está dando y más dará cobertura a las monedas virtuales. En este punto entraríamos en los aspectos económicos cásicos como su estabilidad, su valor como refugio de liquidez o su necesidad de ganar monetización , estabilidad así como irse sacudiendo el sambenito de refugio de blanqueo de capitales o tótem de la especulación furibunda. Aspectos que solo el tiempo resolverá.

En cualquier caso y en ausencia de alternativas laborales más sólidas, no se sorprendan si sus hijos – tengan ustedes o no tradición familiar minera – les anuncian el descubrimiento de su nueva vocación mineral y cuál nuevos Antonio Molina van tarareando aquello de: “Yo no maldigo mi suerte porque minero nací. Quiero repetirle al mundo entero: yo soy minero”.


Carlos de Fuenmayor es director Kessler&Casadevall Barcelona @cdefuenmayor

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