El Independiente

El golpismo separatista repite su historia

Carles Puigdemont, este jueves en Bruselas.

La campaña electoral catalana viene marcada, en las últimas horas, por la masiva manifestación de ayer en Bruselas, protagonizada por las huestes de la Assemblea Nacional Catalana, que disfrazados de color amarillo y embutidos con sus banderas esteladas, han proclamado a los cuatro vientos europeos que no hay más líder que Puigdemont.

Un solo pueblo (eslogan popularizado por Carme Forcadell), un país (la reconstrucción de los llamados Païssos Catalans, el sueño imperial separatista de incorporar a las Islas Baleares y la Comunidad Valenciana) y un líder que debe guiar al pueblo y al país a las más altas cuotas de libertad, que una vez liquidado Pujol y amortizado Artur Mas recae sobre las espaldas del huido Puigdemont. Un pueblo, un país, un líder.

Puigdemont imitó a Lluís Companys en su estrategia golpista y le salió mal. Companys proclamó el 6 de octubre de 1934 a las ocho de la tarde desde el balcón de la plaza de Sant Jaume el “Estado Catalán de la República Federal Española”, y terminó unas horas después cuando los poco más de 300 soldados del General Batet redujeron a los miles de patriotas (los famosos Escamots) que supuestamente habían salido a la calle a defender la República y terminaron huyendo por las cloacas de Barcelona.

El resultado final fueron cuarenta muertos -entre ellos, ocho soldados-, el gobierno golpista encarcelado, la autonomía suspendida y el ridículo internacional que puso las bases de una guerra civil incruenta que explotaría dos años después. Puigdemont ha sido un imitador fanatizado y cobarde del enamoradizo Companys, que al menos se rindió y asumió su detención y encarcelamiento.

Puigdemont, viendo que su carrera política llegaba a su fin, decidió imitar al otro presidente golpista catalán, en este caso a Francesc Macià. Huido a Francia y Bélgica en los años veinte del siglo pasado, reclutó voluntarios para luchar contra la dictadura de Primo de Rivera, y organizó una expedición militar para invadir España a través de Prats de Molló el 2 de noviembre de 1926, con la ayuda de mercenarios italianos.

La insurrección fue un fracaso, pero un éxito propagandístico. Detenido por las autoridades francesas, recluido en París, se le abrió un proceso judicial que tuvo gran eco en la prensa internacional, condenado a dos meses de prisión por tenencia de armas y expulsado de Francia, se refugió en Bruselas. Macià regresó a Cataluña en 1931 gracias a la amnistía decretada, y el 14 de abril, tras el triunfo en las elecciones municipales, Macià proclamó desde la plaza de Sant Jaume la “República Catalana dentro de una Federación de Repúblicas Ibéricas”.

El golpismo separatista repite su historia. Nacionalismo supremacista, propaganda y exilio para internacionalizar el “procés”. Bruselas llama de nuevo a la puerta de nuestra historia. Esto será largo. Muy largo.


Josep Ramon Bosch fue presidente de Societat Civil Catalana.

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