Si tuviéramos que definir en solo una frase qué ha significado el año 2018 para los mercados financieros, no tenemos dudas: “Brusco regreso a la normalidad”. Así lo demuestran la normalización progresiva de la política monetaria y la reducción del balance del banco central estadounidense, el retorno de la vulnerabilidad de los activos financieros ante el riesgo político y comercial a nivel mundial y el aumento de la volatilidad, sobre todo en febrero y durante el cuarto trimestre del año que acabamos de dejar atrás.

A grandes rasgos, en 2018 la dinámica de crecimiento se ha mantenido estable en todo el mundo, pero han surgido notables divergencias regionales que es preciso destacar. La economía estadounidense, sobrealimentada por los estímulos presupuestarios del gobierno, ha generado pleno empleo, un crecimiento próximo al 3 por ciento y una inflación controlada. Por su parte, la Zona Euro ha sufrido una ralentización más pronunciada de la que se esperaba, al verse duramente golpeada por la desaceleración de la economía china y las nuevas normas anticontaminación, que han lastrado sobre todo a sus sectores industrial y automovilístico.

En un contexto marcado por la reducción de la liquidez en los mercados y por el ascenso de los tipos de interés en Estados Unidos, la mayor parte de las clases de activos ha registrado rentabilidades negativas, especialmente las acciones, los bonos (exceptuando la deuda pública) y las materias primas, incluido el oro. Las mejores evoluciones las han protagonizado los sectores defensivos y los valores de crecimiento.

La economía estadounidense está acercándose al final de su ciclo y muchos inversores pronostican una recesión en 2020. Creemos que puede ser una aseveración excesivamente alarmista. A más corto plazo, y de cara a 2019, en Mirabaud sí prevemos una ralentización del crecimiento estadounidense hasta el 2,4 por ciento (especialmente acusada durante el segundo semestre del año), y una estabilización de la inflación, acompañadas de tres subidas de los tipos de referencia por parte de la Reserva Federal.

En Europa no se puede perder de vista que las sombras pueden multiplicarse a lo largo de 2019

Donde la sacudida ha sido brutal ha sido en la Zona Euro. Tras un 2017 de fuerte crecimiento interno la ralentización en 2018 ha superado todo lo previsto; y continuará en 2019, hasta situarse en un entorno del 1,7 por ciento. El crecimiento mundial sigue siendo determinante para el crecimiento europeo, que debería situarse ligeramente por encima de su nivel de equilibrio.

En general, vemos que, aunque se ha alejado el riesgo de deflación, la subida de la inflación subyacente sigue siendo escasa, lo que debería llevar al BCE a mantener la prudencia. No perdamos tampoco de vista que en 2019 podrían multiplicarse las sombras: elecciones europeas en mayo; aumento del déficit y del endeudamiento de Italia; fin del mandato de Mario Draghi como presidente del BCE en octubre; y creciente riesgo populista… La presión sobre el euro y los mercados financieros no cesará.

En el actual contexto económico y sociopolítico, desde Mirabaud recomendamos especial prudencia en el mercado de deuda corporativa y en las acciones cíclicas. El mercado de deuda corporativa presenta unos riesgos especialmente elevados durante la última fase de normalización de las políticas monetarias. Nuestra asignación a renta fija reflejará estos riesgos mediante un aumento de la exposición a la deuda pública y a los bonos de empresas con los balances más sólidos y una reducción de la exposición a la deuda corporativa de peor calidad.

Desde el punto de vista de la renta variable, las subidas en 2019 deberían ser más contenidas que en los últimos años, dado que el crecimiento previsto de los beneficios será más moderado (7 por ciento en Estados Unidos y Europa frente al 24 por ciento y el 8 por ciento, respectivamente, en 2018) y las valoraciones se estabilizarán. Así, las rentabilidades serán más bajas y la volatilidad más alta. Aunque seguimos siendo optimistas sobre el sector tecnológico, tenemos previsto poner en marcha una asignación sectorial más defensiva en 2019, sobre todo a través de acciones de alta rentabilidad por dividendo.


Elena Villalva es directora general de Mirabaud Asset Management para España, Portugal y Latinoamérica