El presidente Emmanuel Macron anunció que va a volver a partir del verano el servicio militar voluntario a Francia para los jóvenes. Así se busca ganar capacidad d reacción a los retos y amenazas del futuro. No serán movilizados fuera del Hexágono, pero recibirán durante diez meses formación militar. Se intenta paliar así una reivindicación de hace años del Estado Mayor francés, que mostraba su malestar con la necesidad de cerrar cuarteles, o los que seguían abiertos tenían problemas de gestión por cada vez una creciente falta de personal. 

PUBLICIDAD

Ahora en Francia se intentan dos cosas a la vez, por un lado, solucionar el problema de la falta de una preparación para hacer frente a situaciones de emergencia que puedan afectar a la seguridad y la defensa del país. Y, por otro lado, solucionar la falta de personal activo dentro de las Fuerzas Armadas francesas que ya condiciona su correcto funcionamiento, según ha denunciado durante años el Estado Mayor.

Los problemas que sacuden Francia son los mismos que sacuden a España donde faltan una profunda cultura de seguridad y la defensa en la juventud, y por otro la falta de efectivos en las Fuerzas Armadas para consolidar un correcto funcionamiento en situaciones de emergencia y defensa.

Este movimiento de Francia no es casualidad: responde a una realidad que muchos países europeos han preferido ignorar durante años. La desaparición del servicio militar obligatorio y la falta de incentivos para ingresar en las Fuerzas Armadas han creado un vacío preocupante. Hoy, en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, amenazas híbridas y crisis humanitarias, la preparación para la defensa nacional vuelve a ser un tema central. Europa lleva demasiado tiempo confiando en una paz que ya no es estable. 

La guerra en Ucrania, los conflictos en Oriente Medio y la presión migratoria en las fronteras son señales claras de que la seguridad no es un concepto abstracto, sino una necesidad tangible. Francia entiende que, sin una base social preparada, cualquier crisis puede convertirse en un colapso. Por eso apuesta por recuperar una formación militar voluntaria: no para militarizar la juventud, sino para garantizar resiliencia y capacidad de respuesta.

En la prevención está la clave de todo. Las sociedades modernas han confundido estabilidad con inmunidad, creyendo que las crisis son episodios lejanos. Nada más lejos de la realidad: la seguridad nacional no se improvisa, se construye. Francia lo ha entendido al recuperar la formación militar voluntaria, porque sabe que la resiliencia empieza antes de que llegue la amenaza. Además, bajo el marco de que prevenir no es generar alarmismo, sino que es responsabilidad. Significa dotar a la ciudadanía de capacidades básicas para reaccionar ante emergencias, desde catástrofes naturales hasta ataques híbridos. Sin una cultura de seguridad, cualquier crisis se convierte en caos.

España sigue sin abordar dos problemas estructurales: la falta de cultura de seguridad entre los jóvenes y la escasez de efectivos en las Fuerzas Armadas"

No se trata tampoco de una ocurrencia de Francia, si observamos el resto de los países europeos, podemos ver como Alemania aprobó una ley para restablecer el servicio militar voluntario en 2026, con cuestionarios a jóvenes de 18 años, o Lituania, Letonia, Suecia y Croacia que también lo han ido reintroduciendo debido a las crecientes amenazas. Después, y es importante mencionar, hay otros países como Austria, Chipre, Dinamarca, Finlandia, Estonia y Grecia que el servicio militar continúa siendo obligatorio como tal. Esto ayuda a dibujar la Unión Europea actual, como también la situación de los diferentes países vecinos. Polonia ha lanzado un nuevo programa de voluntariado para entrenar civiles en tareas de defensa, y que aprendan nociones básicas de primeros auxilios, supervivencia, ciberseguridad y nociones militares.

Francia recupera el servicio militar voluntario y Polonia apuesta por la formación masiva de civiles. No son gestos simbólicos: son respuestas a un contexto europeo cada vez más inestable, donde la seguridad vuelve a ser prioridad. Ambos países entienden que la defensa no se improvisa y que la prevención es la mejor inversión. España, en cambio, sigue sin abordar dos problemas estructurales, los mismos que Francia, la falta de cultura de seguridad entre los jóvenes y la escasez de efectivos en las fuerzas armadas. Es posible que esta ola de reformas en la defensa y en la prevención llegue más temprano que tarde, sin olvidar que la normalidad desde hace siglos es que aquello que implica o haga Francia termina de llegar o implica a España de alguna manera. 


Guillem Pursals es doctorando en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado. 

PUBLICIDAD