Sólo va a quedar la Moncloa, como un endeble palafito. Lo demás será destrucción y cañadas, en España y en el propio PSOE, que ha dejado de ser alternativa de gobierno incluso uniendo a todos los indígenas de la izquierda alrededor de la hoguera o del tótem. Pilar Alegría salió temprano a rendir su apellido, su carrera o su vida, con ganas de irse a dormir y quizá de retirarse a algún convento de la ONU o a algún consejo estatal de artes escénicas. Alegría hizo lo que pudo, apenas pasear su nombre como una canción, porque Sánchez es una marca acabada que no le permitía centrarse en lo nacional ni en lo regional  (imposible con los agravios territoriales del sanchismo). La toxicidad de Sánchez, que se pasea entre escenarios de muerte con la cara picuda como un médico de la peste, está dejando al PSOE canino, como él mismo. Pero lo sorprendente es que ése parece ser el plan. Pilar Alegría, nada menos que exportavoz del Gobierno, dama del sanchismo como esas damas del Ejército de Salvación con cofia y fanfarria, fue enviada a Aragón como a morir entre orgullosos estertores. Sánchez no quiere triunfar ahora por las provincias como un circo de provincias con su repertorio de provincias. Sánchez quiere perder ahora como única manera de poder ganar después. Y, de momento, el plan está funcionando.

Todo va según el plan, o sea que el PSOE se hunde con su beatitud de martirologio (Pilar Alegría era como una santa entre palmas y corderos) y con toda su izquierda satelital o parasitaria, y gana o arrasa esa derechona entre cascabelera y trumpista. Gana o arrasa, al menos, considerada así en bloque, como suele considerarla Sánchez, como si Feijóo y Abascal fueran siameses, como si la derecha/ultraderecha fuera una moto con sidecar. También en Aragón se ha consolidado la tendencia en la derecha, o sea que Vox se dispara y el PP se estanca, ha llegado como a ese tope de votantes que están entre el pragmatismo y el cabreo sin ponerse todavía cuernos de bisonte ni Colt al cinto. Vox sube, cree uno, porque ha sido muy bien alimentado por Sánchez y porque aún no ha cumplido el ciclo de los populismos, como sí lo ha hecho Podemos. Ese ciclo empieza aglutinando el cabreo y termina demostrando que no saben gobernar o se aburren gobernando, como le pasó a Pablo Iglesias. O sea, que sólo sirven para dar mítines y cacerolazos y, si acaso, monetizarlo con algún podcast o peña de incendiarios o criptobrós.

El PP no ha sabido despegarse de Vox, ni siquiera cuando ha pretendido imitarlo o copiarlo, pero ya digo que a lo mejor esto tiene que cumplir sus ciclos naturales y no hay nada que Feijóo pueda hacer poniéndose o quitándose las gafas, el sombrero de ala ancha o el espadón crucífero. Igual que el españolito tuvo que darse cuenta de lo que era Sánchez viendo gobernar a Sánchez, y de lo que era Podemos viendo gobernar a Podemos (con Yolanda Díaz no hizo falta, todo el mundo se dio cuenta desde el principio), quizá sólo nos demos cuenta de lo que es Vox viendo gobernar a Vox. El caso es que Vox sí ha gobernado en autonomías, y su talento ha sido más que nada que apenas se le haya notado. Por eso aún mantiene la ventaja de los populismos, o sea prometerlo todo y cabrearse mucho sin quemarse en auténticas responsabilidades de gobierno. Si se fijan, allá donde han gobernado apenas han hecho más que colocar nombres simbólicos a las leyes o los chiringuitos y reinar en consejerías de caza y pesca como infanzones de caza y pesca. Ahora están más por no entrar en los gobiernos, que yo creo que es justo lo que les protege.

La toxicidad de Sánchez, que se pasea entre escenarios de muerte con la cara picuda como un médico de la peste, está dejando al PSOE canino, como él mismo

En Aragón, como en Extremadura, y en lo que venga a partir de ahora, parece que el personal espera poner a prueba la posibilidad de una coalición de PP y Vox, olvidando que ya la hemos probado. PP y Vox ya han gobernado y la cosa tampoco pasó de la plaza de toros o de sacar la cartilla de familia con letra redondilla del funcionario. Yo creo que el PP no tiene problemas con esta coalición, que hasta ahora ha sabido controlar y aprovechar, como digo, dándoles las verbenas y un poco de botijería simbólica. A mí me da que es Vox quien no va a querer gobernar, para protegerse, para seguir en el estado de gracia de los populistas, que lo arreglan todo pero siempre desde el lado del sofá. Así querrán llegar a las generales, a ver hasta dónde puede alcanzar el campanazo o el pendulazo. Aunque, a la larga, a un partido que se muestra inútil, ni el cabreo ni los banderones lo van a salvar.

Los resultados en Aragón lo consolidan todo pero tampoco nos aseguran nada. El PSOE se hunde, la izquierda plumífera se hunde aún más mientras deciden si le dan la pluma o el hacha a otro indio (suena Rufián), y la derecha, así como en sidecar o en mazacote, que es como le interesa a Sánchez, crece, sobre todo por la parte de la tanqueta de Vox. El plan del PP, creo, será cohabitar con Vox hasta que cumpla el ciclo del populismo y todo caiga por su propio peso, como la coleta de antracita de Pablo Iglesias. El plan de Vox, por su parte, yo creo que no lo conoce nadie, salvo esa especie de Palmar de Troya que manda en el partido o secta. Lo que parece sospechoso es que cuando gobiernan apenas se nota y el resto del tiempo intentan no gobernar. Eso lo vuelve todo muy oscuro y no se puede estar tanto tiempo en esa oscuridad, entre la inutilidad y el contubernio, sin que el personal desconfíe y te abandone.

En cuanto a Sánchez, su plan pasa por que la derechona nos asuste mucho (nos asuste mucho más que ahora, cuando lo gana todo, y mucho más que él) y en las próximas generales España lo reclame, de nuevo, como salvador. Pero a Feijóo no lo veo con correaje y suspensorio, Almería nunca será Minnesota y, más bien, lo que creo es que el personal se dará cuenta, como ya ha pasado con otros salvadores, más santones o más guerrilleros, incluido Sánchez, de adónde lleva la farfolla de los populismos. Sánchez hará de las próximas elecciones generales un plebiscito, nos dicen, y no lo dudo. Pero ya van siendo muchos plebiscitos y en todos ha perdido Sánchez, a quien nadie le compra ya aquella flor que tuvo en el ojal. Sólo va a quedar la Moncloa, como una pagoda podrida. Y no creo que dure mucho. Puede que llegue la Guardia Civil, o el propio PSOE, harto de que Sánchez lo desguace para leña, antes que el españolito sucesivamente cabreado, engañado y resabiado.