Felipe González, que es como el Príncipe Gitano del PSOE, no piensa votar al PSOE de Sánchez y va a votar en blanco en un desprecio como de guante blanco. A Felipe lo ponen de facha los sanchistas tamborileros, con cierto asco incluso de nuevo facha viejo, converso, traidor, acomodado y plateado, como un indiano del socialismo. Pero el expresidente lo que suele decir es que él no se ha movido de sus opiniones ni de sus convicciones, que eso lo ha hecho Sánchez y con la pretensión cínica, además, de que no lo tengamos en cuenta. Felipe González hizo mucho y también se equivocó mucho, pero lo cierto es que no hay nadie que tenga más derecho a hablar de las esencias del PSOE que él, que inventó el PSOE, o sea que lo sacó de la secta rasputinesca del marxismo. Esos que se van a Pablo Iglesias como al fundador de una camisería antigua, con su cara de duelista, lo hacen para almidonarse de tradición ignorando que la mayoría de la historia del PSOE es predemocrática y oscura. El PSOE que conocemos y reconocemos lo empieza a inventar Felipe con su tortilla francesa y sevillana, tortilla que en realidad nunca existió (lo que comieron aquel día de la foto fueron quesos que alguien trajo de Francia, como frutas republicanas). Así que cuando habla Felipe aún habla el padre del PSOE, más viejo o más chocho, pero el padre.
El padre del PSOE, desfondado y lúcido, ya no reconoce al hijo o ya no encuentra al hijo, que se lo han robado unos feriantes o cacharreros. El jefe de los feriantes o cacharreros, o sea Sánchez, además ya ni siquiera gana, ni con la guapura ni con la labia ni con la trampa ni con el hipnotismo. Felipe también ganaba un poco así, pero tenía programa, proyecto, y cambió España o quizá la inventó también (inventó el progre, el pelotazo, la partitocracia y la derechona, que ya con eso está casi toda la España actual inventada). Su PSOE nos metió en la OTAN y en Europa, nos trajo a los superministros y a los superbanqueros, nos quitó caspa y mal de ojo, nos modernizó económica y socialmente, y luego nos decepcionó como nos decepcionan todos, pero no fue nunca el partido vaciado que es ahora con Sánchez. Sánchez ni gana ni gobierna, sólo se mantiene en la Moncloa como colgando en el porche, con estertores de ahorcado. Si Page aún gana es porque es oposición, y si Sánchez conserva el silloncito de fraile de Illa (el poder es otra cosa), no es porque se haya ganado Cataluña sino porque se la ha comprado, como quien se compra un caserío. Igual que se ha comprado la Moncloa, ese rancho.
Felipe votará en blanco porque ya ha repudiado definitivamente a su partido, ese partido que él inventó con un canon de pana nueva
El PSOE no sólo se queda sin poder orgánico y territorial sino sin credibilidad, sin esencia, sin ideología, sin principios. Y el padre, claro, desde la autoridad endeble pero simbólica de su mecedora, se queja y se rebela, levantando el voto en blanco como la cachava. Era una broma recurrente, ya cuando Felipe, eso de que al PSOE se le estaban cayendo las siglas una a una, así como letras de un hotel de carretera. Pero ya no es que se cambie una idea de socialismo o socialdemocracia por otra idea de socialismo o socialdemocracia, es que se cambia por cualquier cosa, la mayoría de las veces incompatible con la cosa anterior, la cosa del año anterior, de la semana anterior o de la mañana anterior. No es que el PSOE ya no sea cierta clase de socialismo más auténtico o más histórico, que se haya apartado de las esencias como le achacaban a Felipe cuando parecía que había inventado el dinero y hasta la gomina. No, es que ya no se sabe lo que es el PSOE.
El PSOE, que fue marxista, revolucionario, radical, durmiente, posibilista, reformista y ya por fin simplemente progre, siempre fue, al menos, algo. Pero ya nadie sabe qué es el PSOE, salvo esa cosa instrumental, tamborilera, palmípeda y kamikaze alrededor de Sánchez, alguien capaz de cualquier cosa (nos lo ha demostrado) para continuar en su ranchito de hortera con sombrero. Cualquier cosa, incluso a costa de llevar a su partido a la ruina y a España al tercermundismo. Sánchez, ya lo hemos dicho, manda ministros a morir a las autonomías (van como con sonrisa macabra de máscara de gas) porque ya no le interesa tanto ganar sino controlar las federaciones, a la espera de que la derechona de Guerra, ahora ultraderecha fascistoide, nos dé más miedo que todo lo que le hemos visto hacer a él. El partido se hunde con Sánchez y España también, que no hablamos de tercermundismo por exagerar sino porque cuando todo se va en propaganda, corrupción, mordidas, estraperlos, gabelas y mafias, mientras los servicios públicos se caen a pedazos, eso ya es tercermundismo. Y Felipe, claro, no nos metió en Europa, que parecía meternos en Manhattan de lo lejos que nos sentíamos, para eso.
Felipe votará en blanco, esa mancha negra, porque ya ha repudiado definitivamente a su partido, ese partido que él inventó con un canon de pana nueva, dinero nuevo y mentalidad nueva (toda España estaba en una revolución mental, lingüística, estética y moral, como electroduendes). Felipe, y Guerra (si Felipe era el padre del PSOE, Guerra era un poco la madre), y otros que no es que sean viejos clásicos ni nuevos fachas sino que inventaron el socialismo de la democracia, diferente al socialismo de las barricadas y diferente al socialismo de las ratoneras y de las linotipias; Felipe y otros, en fin, llevan quejándose mucho tiempo, como de la cadera, por este sanchismo que no es sólo un fracaso sino una estafa. Pero no es un conflicto generacional, no es la tumba de la vejez con envidia y odio de lo nuevo. Sánchez no es otro Felipe, no está adaptando el socialismo a los tiempos, no está haciendo otra tortilla con sus huevazos de oro. Sánchez está vaciando al PSOE como a España y está desguazando a España como al PSOE. Algo tendrán que hacer los socialistas, más antiguos o más recientes, antes de quedarse sin partido y sin herencia. Un voto en blanco, como un ojo en blanco, del viejo padre o patriarca, aún es poca cosa aunque impresione.
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