La educación cambiará más en los próximos cinco años que en los últimos cincuenta. La inteligencia artificial está llamada a transformar radicalmente nuestra relación con el conocimiento y con el mundo. Las revoluciones educativas anteriores —de la alfabetización masiva a la expansión de internet— remodelaron las sociedades de forma lenta y desigual. La IA, en cambio, avanza a un ritmo que obliga a gobiernos, padres y docentes a reaccionar en tiempo real. La educación ya no es solo una cuestión de política social, sino una cuestión estratégica. Ese ritmo quizá se modere algún día, pero los cambios que ha provocado han llegado para quedarse.
Estudios preocupantes sugieren que los algoritmos de las redes sociales ya pueden influir en el comportamiento humano al alterar los patrones de consumo, la capacidad de atención e incluso las actitudes políticas. Si a eso se suma la inteligencia artificial, los riesgos se multiplican. Sin embargo, el potencial de la IA es mucho mayor cuando se emplea de forma deliberada: las mismas herramientas que manipulan la atención pueden personalizar el aprendizaje, reforzar el pensamiento crítico y ofrecer a los estudiantes un apoyo que el aula tradicional rara vez logra proporcionar.
La educación ya no es solo una cuestión de política social, sino una cuestión estratégica
En los países mediterráneos, Turquía intenta posicionarse como actor clave en el futuro de la IA —no compitiendo directamente con Silicon Valley o Shenzhen, sino apostando por el capital humano—. Mientras China y Estados Unidos disputan la supremacía de los chips y el hardware en la economía de la inteligencia artificial, Ankara ha optado por otro enfoque. Parece asumir que la potencia de cálculo importa, pero que la educación determina quién la controla en última instancia. El Ministerio de Educación turco considera que el futuro lo moldearán tanto los niños como los algoritmos o los semiconductores, y que la alfabetización temprana en IA es una cuestión de competitividad nacional.
Turquía actúa además como evangelizadora de este modelo. En junio organizará la cumbre Turkish Education Technology Summit (TETZ), que reunirá a ministros de educación de más de veinte países. El Ministerio español también ha sido invitado, y ambos países ya han cooperado en iniciativas educativas en el marco de la Alianza de Civilizaciones de Naciones Unidas (UNAOC), impulsada en 2005 por Recep Tayyip Erdoğan y José Luis Rodríguez Zapatero, así como en la Unión por el Mediterráneo. Ambas plataformas han perdido impulso en los últimos años; iniciativas “blandas” como la tecnología educativa podrían reactivarlas.
Las escuelas de todo el mundo han sido lentas en adoptar la IA. Si acaso, los titulares se han centrado en alumnos que la utilizan para redactar trabajos brillantes, provocando prohibiciones y pánicos morales. Esta postura defensiva corre el riesgo de dejar a los estudiantes sin preparación para un mundo donde la IA será omnipresente, no opcional.
Los educadores turcos, por el contrario, han optado por integrarla. El ministerio publicó el documento Artificial Intelligence in Education Policy Document and Action Plan (2025–2029). El título es largo, pero los objetivos son claros: integrar la IA en los planes de estudio, formar a los docentes para trabajar junto a sistemas inteligentes y asegurar que los alumnos comprendan tanto su poder como sus límites. Solo una minoría de países ha aprobado estrategias nacionales de IA educativa, lo que convierte a Turquía en pionera y no en seguidora cauta.
Parte del plan consiste en transformar la relación entre deberes e inteligencia artificial. En lugar de facilitar trampas, un asistente de IA puede funcionar como herramienta de repaso: ofrecer retroalimentación individualizada, práctica y refuerzo en casa que los profesores, sobrecargados en aulas masificadas, no siempre pueden proporcionar. Para las familias fuera de las grandes ciudades, podría reducir brechas educativas históricas. Naturalmente, la formación de los padres también es clave, y Turquía ha preparado vídeos pedagógicos que enseñan, de forma sutil, cómo ejercer mejor la paternidad en la era digital.
La alfabetización en inteligencia artificial puede resultar igual de decisiva para la vitalidad de una sociedad
Estos cambios tendrán un fuerte impacto en las actividades extraescolares y en la llamada “educación en la sombra”. No es buen momento para dirigir un centro de refuerzo tradicional si la IA puede ofrecer instrucción personalizada a una fracción del coste. Para las clases medias supondrá menos gasto; para Estados como Turquía, una vía para democratizar el acceso a la educación de calidad. En una época obsesionada con las máquinas, Ankara apuesta por formar ciudadanos capaces de trabajar inteligentemente junto a ellas.
En siglos pasados, la alfabetización determinaba quién podía leer las Escrituras. San Agustín, en el siglo IV, quedó asombrado al ver a Ambrosio de Milán leer en silencio, una habilidad casi inaudita entonces. Más tarde, las pruebas de alfabetización se usaron para impedir votar a determinados grupos en algunos países. En este siglo, la alfabetización en inteligencia artificial puede resultar igual de decisiva para la vitalidad de una sociedad.
Los países que traten la IA como un problema de software debatirán regulaciones; los que la consideren un problema educativo moldearán la fuerza laboral del siglo XXI. Los primeros quizá se adapten al futuro. Los segundos probablemente lo escribirán.
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