La operación militar combinada de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha tenido como consecuencia la muerte del líder supremo Alí Jameneí, como también de gran parte de la estructura militar de la república islámica, ha provocado una respuesta sin precedentes. Irán ha lanzado ataques contra Kuwait, Baréin, Qatar, Omán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Azerbaiyán, e incluso Chipre. Algunos de ellos pueden ser considerados objetivos colaterales, como Baréin, Kuwait y Arabia Saudita, por ser aliados de Estados Unidos. Pero otros, como Omán o Azerbaiyán, no tiene sentido alguno que sean golpeados por drones iraníes. A consecuencia de ello, la esfera de influencia iraní disminuye.

Después de la operación militar israelí contra Hizbulá, la caída del presidente Bashar Al Assad en Siria y la negativa del gobierno iraquí a activar las milicias para operar en el exterior del país solamente ha faltado que se descabezara políticamente y militarmente a Irán para que su estancamiento diplomático fuera un hecho. Parece ser que la voluntad actual de Israel y Estados Unidos ha pasado de querer revertir el régimen a que el león pierda los dientes y las zarpas. Es decir, cortar cualquier influencia política en la zona, y también que militarmente no suponga ninguna amenaza para sus vecinos. Esos vecinos se habían posicionado a favor de la república islámica, pero que después de los erráticos ataques que han afectado infraestructuras civiles, han dado un giro.

El debilitamiento extremo de Irán favorece a los intereses turcos en Irak a la par que Turquía se establecería como el aliado de la OTAN imprescindible en la región"

En este contexto el presidente Recep Tayyip Erdogan ha jugado sus cartas. Por un lado, el debilitamiento extremo de Irán favorece a los intereses turcos en Irak, como puede ser el corredor económico que desean construir entre el puerto de Basora y Silopi, en la frontera turco-iraquí. Este corredor económico aislaría a Irán del resto de Estados islámicos, y al mismo tiempo consolidaría a Turquía como un actor puente entre la India y la Unión Europea a través de territorio iraquí.

Y segundo, se establecería como un aliado de la OTAN imprescindible en la región. Turquía fue uno de los primeros Estados en entrar en la alianza atlántica, junto con Grecia, por la amenaza que representaba la Unión Soviética en el sur de los Balcanes y en el Cáucaso. Ahora, de nuevo se establece como un actor imprescindible, ya que Turquía e Irán hacen frontera.

Por otro lado, el debilitamiento de Irán también beneficia económicamente la estrategia del Mar Caspio, impulsada por todos los Estados túrquicos a través de establecer corredores económicos desde China al Bósforo, a través del Caspio. El obstáculo que podría suponer una presión diplomática para que no se hiciera determinada infraestructura en Asia Central desaparece de repente con un gobierno iraní bajo mínimos. Además, Erdogan siempre ha vendido diplomáticamente la estabilidad turca como un punto a su favor para consolidarse como un actor clave. El ofrecimiento de garantías de estabilidad, como también de surgir como un aliado que protege y ayuda a proteger frente a los ataques iraníes, consolida más la posición de Ankara en la región.

En este ámbito, debemos seguir con atención el posicionamiento y comentarios que surjan desde el ministerio de Exteriores de Azerbaiyán. El rol que juega Bakú es de especial interés por su triple papel en la región. Por un lado, es la capital de Azerbaiyán, y, por tanto, un centro de poder de la comunidad azerí. Un apunte: el 16% de los iraníes son azeríes. Además, Bakú tiene un aliado próximo en la región, Turquía. Bajo la presidencia de Erdogan se ha consolidado el eje Ankara-Bakú bajo el lema de "dos países, una nación" emulando el marco chino de "un país, dos sistemas". Y, por último, Azerbaiyán es el principal aliado de Israel en la región como consecuencia de décadas de apoyo iraní a Armenia. De este modo, las declaraciones por parte de la administración azerí se deben tomar en consideración. El ataque de un dron esta semana a Najichevan tensa las relaciones entre ambos países, que pasan episodios de cooperación y de tensión constantemente.

En conclusión, debemos prestar atención no solamente al foco mediático de los diferentes bombardeos sobre infraestructuras políticas, militares y económicas iraníes. O a la estratégica errática iraní de responder con misiles a los ataques afectando a aliados regionales y socios comerciales. La ofensiva paquistaní contra los talibanes en Afganistán en curso está centrando la atención de los diferentes países árabes también, y Pakistán es uno de los mejores aliados de Turquía. Si finalmente los paquistaníes se imponen a los afganos, no sería de extrañar ver empresas turcas gestionando la reconstrucción de la zona gris entre ambos países. Mientras todos se pelean, Erdogan espera pacientemente su turno. 


Guillem Pursals es doctorando en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.