El miércoles se celebró en Madrid una Cumbre Internacional contra el Odio. Habiendo una guerra en Oriente Medio, imaginé que se trataba de una iniciativa para poner fin al conflicto. A fin de cuentas, ¿hay algo donde el odio esté más presente que una guerra? Pero no, aquello no era la reedición de la Conferencia de Paz de Madrid, sino un foro para presentar una "herramienta" para medir la huella del odio que, por cierto, aún no ha entrado en funcionamiento y que, según fuentes del Ministerio de Inclusión, su inventor, "está todavía en fase inicial".
El aparato de agitprop del Gobierno no para en inventarse cosas para estar siempre en candelero. Ahora le ha tocado al odio.
La llamada Cumbre no tuvo mayor interés. El programa comenzó con la actuación de Ismael Serrano (cantautor) y concluyó con las ministras Sira Rego (Juventud e Infancia), y Elma Saiz (Inclusión, Seguridad Social y Migraciones). Pero el protagonista de la jornada (con permiso de Sarah Santaolalla, que participó como "víctima"), fue, cómo no, Pedro Sánchez, que presentó la nueva herramienta: Hodio.
La H debe ser para provocar, como un anuncio de automóviles en el que una voz en off pregunta si automóvil se escribe con h. En fin, un truco publicitario.
Lo importante es que el presidente se presentó como paladín contra el odio. Dijo, entre otras lindezas, "que amar es mucho mejor que odiar", y que "el odio es masculino". No se pueden decir más simplezas en menos tiempo. Pero estos son los tiempos que corren. Hay que ir a mensajes sencillos, que entienda la gente, como "no es no"; "no a la guerra", o lo que necesitas es amor.
La Cumbre contra el odio fue tan sectaria que no hubo ningún participante que no fuera de la cuerda del Gobierno. Es normal que entre ellos no se odien (aunque a veces lo disimulen muy bien). Lo que no es normal es que fuera de ese círculo, al margen de ese muro, como diría el presidente, parezca que sólo hay odio, que no hay amor.
El odio, como saben, es tan viejo como el cariño, o incluso más. Recuerden que, según cuenta el Génesis, Caín mató a su hermano Abel por puritita envidia, lo que le llevó a vivir castigado al este del Edén. ¡Y los dos eran hijos de Adán y Eva!
Pedro Sánchez se presenta como adalid de la verdad y el amor, frente a los 'haters' de la derechona
Lo que lleva a nuestro presidente a presentarse como adalid del amor frente al odio no es que se haya trasmutado en hippie, ni que haya abrazado el hinduismo, sino que quiere convertir en odiador a todo aquel que se encuentre a la derecha suya, y cuanto más a la derecha, peor.
El odiador puede ser desde un político (Abascal, por ejemplo, pero también Feijóo llegado el caso); un periodista (aquí nadie le gana a Vito Quiles), o un medio (la lista sería tan larga que necesitaríamos mucho espacio). En fin, es todo aquello que esté fuera del paraíso de la izquierda, el este del Edén, donde viven los odiadores.
Mucha gente cree que hay que poner coto a los insultos, a la polarización. Estoy de acuerdo. De hecho, yo no odio a nadie (o casi nadie), y me repelen los zascas y las tonterías que se dicen unos a otros en las redes sociales. Pero ya hay una herramienta muy útil para acabar con eso que se llama Código Penal, que delimita con bastante precisión la tipología y las penas de los delitos de odio -por razón de raza, religión, sexo o ideología- desde el artículo 510 al 521.
Pero no. No es eso lo que pretende Sánchez. Lo que él quiere es que su "herramienta" detecté cuáles son las redes (X, Tik Tok, Instagram, Facebook o You Tube) que fomentan el odio con sus maléficos algoritmos. La ministra Saiz hará público cada semestre un ranking del odio. Se imaginan: "Este mes ha ganado X". Oh. ¡Maldito Elon Musk! ¿Cómo actuará el Gobierno contra los tecnoligarcas? No se sabe aún. Pero cada día más ministros se apuntan a las redes de esos mismos tecnoligarcas para lanzar sus proclamas. Sánchez es bastante activo, por cierto.
Todo suena a hueco, a vacío, más allá de ser una burla a la inteligencia de los ciudadanos que no pagamos impuestos para que se gasten en estas tontunas.
Que el Gobierno que ha defendido la creación de un muro "contra la derecha y la ultraderecha" (por cierto a las que votan más de la mitad de los españoles), que tiene como arietes de su estrategia mediática a tipos como Óscar López y Óscar Puente se presente como el defensor del diálogo, la verdad y el amor frente a los haters tiene bemoles.
La Cumbre, desde luego, no pasará a la historia por su aportación a la materia. Ni por nada. Fue otro happening de los que gusta montar la fontanería monclovita. Allí todo es aplauso y besitos, nadie insulta al presidente, todos piensan lo mismo. ¿Hay mejor forma de acabar con el odio que la uniformidad ideológica?
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